Artículo Dónde concentrarse durante las asanas

Dónde concentrarse durante las asanas
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En tanto que es posible obtener provecho de la gimnasia occidental sin tomar en cuenta la actitud mental o de concentración, ésta, unida a la relajación, es indisociable de la práctica yóguica, incluyendo los asanas. ¿Pero dónde y cómo concentrarse? Para cada asana indicamos siempre, en este libro, dónde concentrarse; pero Ud. debe conocer las reglas generales en este dominio. Los antiguos tratados mencionan también el lugar de la concentración, pero se dirigen a adeptos muy avanzados, porque la concentración sobre estos puntos no es posible — ni siquiera aconsejable— sino cuando la técnica de los asanas ha sido perfectamente dominada. El principiante debe concentrarse en otros puntos que el veterano: esto es olvidado o ignorado demasiado a menudo.

A) DURANTE LA FASE DINÁMICA

El centro de atención difiere según que se trate de la fase dinámica o de la fase estática, y varía también según el grado de evolución del adepto.

1.° Concentración en la técnica correcta

El neófito dirigirá primero su atención a la adquisición de la técnica correcta del asana en todos sus detalles hasta el momento en que la haya asimilado perfectamente y pueda realizar el movimiento sin tener que prestarle atención, así como al conducir su coche, Ud. hace todos los gestos con precisión sin pensar en ellos.

2° Concentración en la relajación

Basta con algunos días, a lo más algunas semanas, para franquear esta primera etapa, después de la cual la concentración se dirigirá a la ejecución económica del asana, vale decir, utilizando el menor número posible de músculos y contactándolos al mínimo, al tiempo que mantiene relajados los otros grupos musculares. Esta segunda etapa, a menudo más larga que la primera, es indispensable y no se la puede saltar. No omitir el relajar el rostro, especialmente la boca, sin olvidar la lengua. En esta fase, la imagen mental ayudará mucho al aprendiz yogui. Si se imagina, al ejecutar el Arado, por ejemplo, que sus pies son muy livianos y, después de haberse relajado, trata de levantarlos, no contrayendo sino el abdomen, se asombrará de la facilidad con que suben sus piernas.

3.° Concentración en la respiración

Cuando el adepto es capaz de ejecutar el movimiento de modo reflejo y relajado, enfoca su atención en el hálito, a fin de respirar de modo normal y continuo (salvo indicaciones particulares) durante todo el movimiento. Sólo los adeptos muy avanzados pueden derogar esta regla siguiendo las instrucciones de su gurú. Hay que continuar respirando normalmente, porque si se detiene la respiración, se bloquea el diafragma y uno se congestiona. Cuando un neófito levanta las piernas tendido de espaldas, tiene tendencia a retener su aliento, lo que se observa inmediatamente en su rostro que se pone rojo.

4.° Concentración en la marcha constante y uniforme

Este es el estadio final. Para ejecutar el asana en forma verdaderamente yóguica, cuando el adepto levanta las piernas (siempre según el ejemplo del Arado), los pies recorren su trayectoria a una velocidad — o mejor a una lentitud— constante, hasta que los dedos tocan el suelo; igual a la vuelta. El yogui no tolera ni tirones, ni aceleración ni disminución de velocidad. Esta progresión continua y uniforme distingue al yogui del principiante. La ejecución de los asanas se convierte en un placer y proporciona al eventual espectador una impresión de tranquilo poderío semejante al de un río de llanura que fluye con inexorable lentitud hacia el mar. Practicando así los asanas, la concentración se realiza automáticamente, porque, dado que se trata de grupos diferentes de músculos que se relacionan sucesivamente, el sincronismo necesario para mantener el movimiento a una lentitud rigurosamente uniforme acapara toda la atención.

B) DURANTE LA FASE ESTÁTICA

1.° Concentración en la inmovilidad relajada

El principiante se concentrará en mantener una inmovilidad absoluta que, unida a la soltura, es el elemento capital de la fase estática (salvo instrucciones particulares de algún asana). La respiración prosigue normalmente, o incluso se amplifica en el curso de la fase estática. El adepto vigila siempre la descontracción muscular. Para tomar nuevamente el ejemplo del Arado, relajará, además del rostro y los brazos (¡manos!), los pies, las pantorrillas, los muslos y sobre todo, los músculos sometidos al estiramiento, es decir, los dorsales. Este estiramiento los vacía de su sangre, como si uno estirara una esponja, y cuando vuelven a su estado normal al final de la postura, aspiran ávidamente sangre fresca. Este estiramiento es el secreto de la flexibilidad en el hatha yoga y devuelve a los músculos su longitud normal: ¡cuántos occidentales son incapaces de sentarse en el suelo con las piernas extendidas! Músculos con su longitud normal permiten adoptar, en cualquier circunstancia, una actitud confortable. Si los músculos de la columna vertebral están acortados por la inacción (como sucede al 9 9 % de los civilizados), la columna está rígida y cualquier movimiento un poco brusco, aunque no sea violento, puede ocasionar un desplazamiento ocasional de las vértebras que haga preciso la intervención de un vértebro- terapeuta o de un quiropráctico. Si los músculos están relajados y en su longitud normal, puede realizarse cualquier movimiento, porque las vértebras se articulan libremente y vuelven por sí mismas a su lugar; pero si la columna vertebral está rígida, la menor caída, el más benigno accidente de coche, pueden tener consecuencias trágicas, en tanto que, mantenida por una musculatura relajada y fuerte, resiste a choques que ciertamente romperían una columna «ordinaria». Conocemos por lo menos una adepta del yoga que debe, sin duda, la vida a esta flexibilidad. Su coche chocó con un poderoso coche americano; con el impacto se abrió la puerta y salió proyectada a la calzada a 10 metros, cual muñeco desarticulado. Con gran sorpresa de los médicos no tuvo más que una ligera conmoción cerebral y los ligamentos cervicales un poco dañados.

2.° Concentración en el punto estratégico del asana

Cuando el adepto puede permanecer inmóvil y relajado, respirando normalmente, puede concentrarse en la zona estratégica de acción del asana. ESTE ES EL PUNTO QUE SE MENCIONA EN LOS ANTIGUOS TRATADOS; ya vemos qué preparación hace falta antes de llegar a ella. Cada asana — y es una de las distinciones esenciales entre el yoga y todos los otros métodos de educación física— produce efectos bien determinados sobre una parte del cuerpo, por ejemplo, la región de la tiroides durante la postura de Sarvangasana, la región del plexo solar durante el Arco, etc. Ahí es donde el adepto concentrará su atención. Desde este instante, el asana responde a la definición de Alain Daniélou, la mejor que hayamos encontrado: un asana es cualquier posición que uno puede mantener inmóvil, largo tiempo y sin esfuerzo.

Estas reglas le permitirán determinar, cualquiera sea su grado de adelanto en el yoga, dónde y cómo concentrarse. Anotemos que un mismo adepto puede comportarse diferentemente según los diversos asanas, es decir, como neófito para un asana que está aprendiendo, aún cuando está en el estadio más avanzado para otros asanas que conoce a fondo.

Namaste!

 

Edición: Romina Medina – Profesora de Hatha Yoga Dinámico

Fuente: Libro «Aprendo Yoga» de André Van Lysebeth.

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