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Artículo La Matriz Divina – 7ma. Parte

CAPITULO OCHO

REPROGRAMAR EL CÓDIGO DE LA REALIDAD:

20 CLAVES PARA LA CREACIÓN CONSCIENTE

«Ahora has encontrado las condiciones en las cuales el deseo de tu corazón puede convertirse en la realidad de tu ser. Permanece ahí hasta que adquieras tal fuerza interior que nada pueda destruirla».

Palabras dirigidas al místico Gurdjieff por su maestro en:

Encuentros con hombres notables. Del todo y de todo.

La letra de una popular balada de los años setenta por el grupo Ten Years After hace eco del mismo deseo profundo y desesperado que he escuchado de parte de muchas personas, de marcar una diferencia en el mundo, pero se sienten impotentes. «Me encantaría cambiar el mundo», comienza el coro, «pero no sé qué hacer / entonces te lo dejo a ti». 2 Espero que en las siguientes páginas, integremos todo lo necesario para que estas instrucciones nos empoderen con el conocimiento para crear un mundo mejor.

En el primer capítulo de este libro, comparto la historia de mi amigo indio americano y cómo su pueblo cree que comenzamos misteriosamente a olvidar nuestro poder para cambiar el universo hace mucho tiempo. Él sugirió que la compleja tecnología usada hoy en día es nuestro intento de recordar esta habilidad, imitando en nuestro mundo lo que en verdad podemos hacer en nuestros cuerpos. Con esto en mente, no es sorprendente que las computadoras se hayan convertido en una parte integral de nuestras vidas, de hecho, parecen parodiar la forma en que almacenamos nuestros recuerdos y nos comunicamos mutuamente.

Sin embargo, la comparación de la versión interior versus la tecnología externa va más allá de lo que mi amigo sospechaba (o por lo menos de lo que quiso compartir conmigo ese día). En muchas formas, nuestros cerebros, e incluso la conciencia misma, han sido comparados con la manera en que funcionan las computadoras modernas. En su revolucionaria obra, La conciencia explicada, Daniel Dennett, director del Centro para Estudios Cognitivos de la Universidad Tufts, dice que en realidad podemos imaginarnos nuestro cerebro como «una especie de computadora», y que al hacerlo, nos brinda una poderosa metáfora para comprender cómo usamos la información. 3 De muchas maneras, las ideas de la ciencia informática nos proporcionan lo necesario para encontrar nuestro camino en lo que él llama la «tierra incógnita», el territorio desconocido entre lo que la ciencia nos dice respecto al cerebro y lo que nosotros experimentamos a través de él. Evidentemente, el éxito de las computadoras, como una herramienta de memoria y comunicación, nos brinda una poderosa analogía para comprender el misterio de la conciencia.

A continuación encontramos una breve descripción del funcionamiento de una computadora moderna. Aunque tremendamente simplificada, la información es correcta. Este sencillo modelo nos permitirá comparar nuestro mundo externo del hardware y el software, con el funcionamiento interno de la conciencia misma. Los paralelos son fascinantes, y la similitud es inconfundible.

Para comenzar, todas las computadoras necesitan solamente tres cosas para que sean útiles. Independientemente de su tamaño o de lo complicadas que sean, siempre necesitan para funcionar de un hardware, un sistema operativo y un software. Hasta ahora, suena bastante simple…, pero para arrojar nueva luz sobre la conciencia, es importante comprender qué es lo que de verdad hacen estas tres partes de la computadora.

El sistema operativo es lo que hace posible que nos comuniquemos con los microchips y los circuitos de nuestra computadora, y que podamos hacer que algo ocurra en la impresora, en la pantalla y demás. Ya sea el caso de los conocidos sistemas operativos de Macintosh o Windows, o incluso en el caso de otros más exóticos desarrollados para labores especiales, cuando escribimos un comando en el teclado, el sistema operativo es el responsable de que la computadora lo comprenda. Traduce nuestras instrucciones en algo que la máquina reconoce.

El hardware es la estructura física de la computadora misma. Incluye dispositivos tales como la pantalla y el teclado, así como los circuitos, microchips y procesadores, los equipos a través de los cuales funciona el sistema operativo.

El software incluye programas familiares tales como: Word, PowerPoint y Excel que usamos cada día en nuestras oficinas y escuelas para realizar nuestras labores. Es cuando la computadora recibe nuestros comandos a través de nuestra interacción con estos programas ¡lo que hace que la máquina sea de utilidad!

Esta es la clave de la analogía: para todos los fines, el sistema operativo de una computadora es fijo y no cambia. En otras palabras, «es» lo que es. Cuando deseamos que nuestra computadora haga algo distinto, no cambiamos el sistema operativo, cambiamos los comandos que introducimos. La razón por la cual esto es importante es porque parece que la conciencia funciona exactamente de la misma manera.

Si pensamos en todo el universo como una computadora de conciencia masiva, entonces la conciencia misma es el sistema operativo y la realidad es el resultado. Al igual que el sistema operativo de una computadora es fijo y los cambios deben provenir de los programas que hablan con él, para cambiar nuestro mundo debemos alterar los programas que la realidad comprende: sentimientos, emociones, oraciones y creencias.

Función Computadora Electrónica Computadora de la Conciencia
Hardware (Tangible) Procesador, Monitor, Teclado, Mouse Realidad (La Matriz Divina)
Sistema Operativo Windows, MacOS, Android Conciencia
Software (No tangible / Programas) Word, Excel, Skype, Google Chrome Sentimientos, emociones, oraciones y creencias

Figura 13: Comparación de una computadora de la conciencia y una computadora electrónica común. En ambos casos, la manera de cambiar el resultado es a través del lenguaje que el sistema reconoce.

Clave 20: Debemos convertirnos en nuestras vidas, en las mismas cosas que optamos por experimentar en nuestro mundo.

Todo lo que jamás hemos podido imaginar, y probablemente las cosas que nunca hemos considerado, son posibles en este modo de vernos a nosotros mismos. Así como los programas Word y Works modifican el resultado de nuestra computadora…, los sentimientos, las creencias y las oraciones son los programas que cambian el resultado de la conciencia y de la Matriz Divina. La belleza de esta analogía es que ya poseemos estos poderosos programas para crear la realidad y los estamos usando todos los días.

En todo momento estamos enviando a la conciencia nuestros mensajes de emociones, sentimientos, oraciones y creencias, lo cual se traduce en el código de lo que estamos enviando a la realidad diaria de nuestros cuerpos, relaciones, vidas y mundo. La pregunta ahora no es si este lenguaje existe o no, sino con qué intención lo estamos usando en nuestras vidas.

Para comprender precisamente por qué nuestras creencias son tan poderosas y cómo podemos marcar la diferencia en un mundo de seis mil millones de personas, llevaremos a un paso más adelante nuestra comprensión del holograma.

PATRONES DEL TODO

Ahora debería ser obvio que somos seres holográficos. También debe ser igualmente aparente que somos cuerpos holográficos viviendo en la conciencia holográfica de un universo holográfico. Somos seres poderosos, expresándonos a través de los cuerpos que extendemos más allá del borde de nuestras células para convertirnos en el universo mismo. Simplemente, «siendo» quienes somos abarcamos toda la creación, reflejando todo, desde el fenómeno más grande hasta el más ínfimo suceso, desde el mayor resplandor de la luz hasta lo más oscuro de la oscuridad. Sus amigos son parte de esa totalidad, al igual que sus parejas, padres e hijos. Nuestros cuerpos reflejan los patrones del universo integrados dentro de más patrones, integrados en el interior de más patrones y así sucesivamente. Sin embargo, nuestra existencia holográfica no es un secreto, y ha sido el tema de algunas de las prosas y poesías más profundas en la historia de nuestro mundo.

Por ejemplo, en la obra gnóstica El trueno: La mente perfecta, una mujer del siglo III declara que ella no es nada más ni nada menos que la integración de todas las posibilidades que ya existen en el interior de cada persona. «Soy la primera y la última», afirma. «Soy la prostituta y la mujer sagrada. Soy la esposa y la virgen… Soy la madre de mi padre y la hermana de mi esposo… En mi debilidad, no me desampares, y no temas mi poder… ¿Por qué me has odiado en tus exhortaciones?» 4

Por muy precisas que sean estas palabras al describir nuestra existencia holográfica, fueron escritas durante los primeros años de la iglesia cristiana y se adelantaron muchísimo a su época. Con esto en mente, cuando le pidieron al patriarca del concejo de la iglesia que escogiera los documentos que deberían ser omitidos de los textos religiosos «oficiales», es fácil comprender por qué El trueno: La mente perfecta, quedó perdido hasta el descubrimiento de la biblioteca anterior a la aparición de la iglesia, la Nag Hammadi, casi 1,700 años más tarde.

Lo importante aquí es que cada uno de nosotros es total y está completo por sí mismo. Y en este estado, encontramos la clave para descubrir los patrones todavía mayores de curación que existen en el interior de una totalidad todavía mayor. Es este poderoso principio el que se manifiesta en nuestras vidas, activando experiencias y emociones que pueden, de hecho, tener poco que ver con lo que creemos que son.

Por ejemplo, es muy probable que la tristeza que sentimos durante una película que describa una tragedia, tenga poco que ver con la escena real que está siendo representada en la película. La avasalladora escena de los soldados disparándole al lobo amaestrado por John Dunbar (interpretado por Kevin Costner), en la película de 1990 Danza con lobos, es una ilustración perfecta de cómo actúa este principio en nuestras vidas. Vimos a través de los ojos de Dunbar cómo los mismos soldados que lo habían tomado prisionero atacaron al lobo que había llegado a confiar en él como un amigo.

He visto esta película en muchas ocasiones, y cada vez la emoción que esta escena provoca en la audiencia es poderosa, genuina, y para algunas personas, misteriosa. ¿Por qué sentimos tanta tristeza cuando vemos que cazan y asesinan al lobo Two Socks?, preguntan. La respuesta podría sorprenderlos. La razón es: porque hay muchas probabilidades de que la tristeza que sienten tenga muy poco que ver con lo ocurrido en la pantalla. Hay muchas probabilidades de que, en el espacio de unos cuantos minutos, la película haya activado sentimientos que ellos han bloqueado cada vez que han perdido o se les ha privado de algo precioso.

A fin de cuentas, no es sorprendente descubrir que los sentimientos evocados mientras observa una película, tienen más que ver con nosotros, con lo que hemos perdido en nuestro interior, para poder sobrevivir nuestras experiencias de la vida, que con el drama que viven personas en la pantalla. Sin embargo, sin saber que hemos entregado tanto de nosotros mismos, podemos reaccionar ante libros, películas o situaciones con los cuales nos identificamos. Es nuestra manera de recordarnos que todavía reconocemos las cosas que hemos perdido con el fin de sobrevivir los momentos dolorosos de la vida.

Parece que nuestras vidas funcionan de esta manera: cada uno de nosotros le refleja a los demás partes distintas de la totalidad. Recordamos esto en el antiguo principio hermético de: «tal como es arriba, es abajo; igual por dentro que por fuera». Como sugiere el físico John Wheeler: quizá somos circuitos cósmicos de retroalimentación en el universo repitiendo los mismos patrones una y otra vez, en diferentes niveles de la escala. Si llevamos un paso más adelante esta idea, las tradiciones antiguas sugieren que el circuito de la «experiencia» de la vida sigue durante todo el tiempo que nos tome encontrar nuestra sanación final. Luego somos liberados del ciclo, o como creen los hindúes: se termina nuestro karma.

ALGUIEN TIENE QUE HACERLO PRIMERO

En el holograma viviente de la computadora de nuestra conciencia, cada una de las piezas del holograma, sin importar su tamaño, vive en el interior del dominio de su propio espacio. Como tal, está al servicio de una totalidad mayor. Por ejemplo, las partículas subatómicas constituyen los átomos y lo que determina cómo estos funcionan; los átomos, a su vez, constituyen las moléculas y dictan cómo éstas funcionan; las moléculas comprenden las células de nuestros cuerpos y constituyen cómo funcionamos nosotros; y nuestros cuerpos son un reflejo del cosmos… y así.

Precisamente, debido a la naturaleza del holograma, como vimos en la Segunda Parte, un cambio en cualquier nivel se refleja a lo largo del todo. Por consiguiente, no hacen falta muchas personas para anclar una nueva forma de pensar o de creer en el contexto del patrón general de la conciencia. Desde los indios americanos del siglo XV que aprendieron a «ver» los patrones anómalos de las naves extranjeras después que el curandero de su tribu descubrió cómo alterar su visión, hasta los pueblos de Israel y Líbano, en los ochenta, que experimentaron la paz después que unos individuos entrenados de cierta manera para sentir paz lo hicieron en los momentos establecidos, relativamente, pocas personas creando un nuevo programa en la conciencia, pueden realizar un cambio radical en el resultado de nuestra realidad colectiva. La clave es que alguien lo haga primero.

Una persona puede escoger una nueva forma de ser y vivir esa diferencia en la presencia de los demás para que pueda ser presenciado y sellado en el patrón. Al hacerlo, actualizamos nuestros programas de creencias y enviamos conciencia al patrón de una nueva realidad. Hemos visto cómo funciona este principio muchas veces en nuestro pasado: desde Buda, Jesús y Mahoma, hasta Gandhi, la Madre Teresa y Martin Luther King, numerosos individuos han vivido de una manera distinta en presencia de los demás. Y lo hicieron en el marco de la misma conciencia que habían escogido cambiar.

Puede ser que hayamos escuchado hablar de dichos ejemplos de cambio poderosos durante tanto tiempo, que hoy en día los consideramos lo más natural del mundo.

Una mirada más cercana a como lo hicieron estos maestros, nos mostraría que lo que hicieron fue sembrar nuevas ideas en un paradigma existente, sin embargo, esto sigue siendo asombroso. Si quisiéramos hacer algo así en la analogía de la computadora, sería equivalente a hacer que el software del procesador de palabras se reprogramara de repente para hacer trabajos de astronáutica…; si así ocurriera, sería ¡el epítome de la inteligencia artificial! Y así de milagroso es para nosotros crear un gran cambio en presencia de las mismas creencias que nos han limitado en el pasado.

Por eso es tan poderoso encontrar la manera de confiar en un universo que nos da buenas razones para temer, encontrar el perdón en un planeta que ha sido entrenado para la venganza, o encontrar compasión en un mundo que ha aprendido a asesinar lo que teme o lo que no comprende. Esto es precisamente lo que nuestros maestros han logrado. Viviendo según su sabiduría, compasión, confianza y amor, visionarios de nuestro pasado cambiaron el «software» de la creencia que le hablaba al «sistema operativo» de la conciencia. Como semillas de nuevas posibilidades, ellos «actualizaron» nuestra realidad.

Hoy tenemos las mismas oportunidades. No tenemos que ser santos para marcar la diferencia. Hay una distinción interesante que hace que nuestras opciones actuales sean diferentes a las de nuestro pasado. Los estudios científicos demuestran que cuantas más personas adopten una nueva creencia, más fácil es anclar esa creencia como una realidad. (Como lo mencionamos en la Segunda Parte, la ecuación «raíz cuadrada de uno por ciento» sencillamente demuestra cuantas personas son necesarias para comenzar el cambio). Aunque Buda, Jesús y otros maestros hayan sido los primeros en lograr lo que lograron, sus ejemplos prueban haber sido los catalizadores que abrieron la puerta para que otros hicieran lo mismo. Incluso Jesús mismo sugirió que generaciones futuras harían lo que para ellos era un milagro en esa época.

Han pasado muchos años y muchas personas han seguido la guía de dichos visionarios y el impulso que ellos ofrecieron. Es la ventaja que tenemos sobre los visionarios de nuestro pasado. Hoy sabemos que podemos sanar nuestro cuerpo y vivir hasta una edad avanzada. Sabemos que el amor, el aprecio y la gratitud son cualidades que afirman la vida y le infunden a nuestros cuerpos vitalidad y paz a nuestro mundo. Y sabemos que con el conocimiento para actualizar lo que le enviamos a la Matriz Divina, relativamente pocas personas pueden marcar una gran diferencia.

¿Qué hacemos entonces con dicho conocimiento? ¿Qué pasa si una persona opta por una nueva respuesta a un viejo patrón de sufrimiento? ¿Qué ocurre si alguien escoge responder a la «traición» o a la «confianza violada,» por ejemplo, con algo distinto a dolor e ira? ¿Qué cree que ocurre en una familia cuando uno de sus miembros comienza a ver las noticias de las seis, sin sentir la necesidad de vengarse o de ajustar cuentas con aquellos que le hicieron daño y violaron los derechos ajenos? Lo que ocurre es esto: ese individuo se convierte en un puente viviente, en el pionero y la partera, para que cada uno de los demás tenga el coraje de optar por el mismo sendero. Cada vez que alguien toma la misma decisión, es un poquito más fácil porque ya alguien lo hizo primero.

Como descubrimos antes, la clave de su éxito es que para lograrlo deben trascender las cosas que les hacen daño sin perderse en la experiencia. En otras palabras, Martin Luther King no logró detener el odio, odiando. Nelson Mandela no hubiera podido sobrevivir más de dos décadas en una prisión sudafricana si hubiera despreciado a aquellos que lo encarcelaron. De igual manera, es imposible terminar una guerra creando más guerras. Hemos visto un ejemplo poderoso de precisamente este principio en nuestra incapacidad de encontrar la paz en el siglo XX. En conclusión: en un universo que refleja nuestras creencias, está claro que la gente llena de ira no puede crear un mundo pacífico. Lo hemos intentado; y la inestabilidad del mundo de hoy es la evidencia de dónde nos han llevado nuestros esfuerzos.

En nuestros ejemplos de las personas que han cambiado los ciclos de opresión desde la opresión misma, emergen dos patrones poderosos:

1. La decisión de ver más allá del odio se origina en el contexto del mismo sistema que lo engendró, en vez de imponerlo en el sistema desde una fuente externa.

2. Las personas que tomaron dicha decisión se convirtieron en puentes vivos para aquellos que más amaban. Encuentran su verdadero poder viviendo su verdad en un sistema que no apoya sus creencias en ese momento.

¡Qué modelo tan poderoso! La conciencia holográfica provee un cambio realizado en cualquier parte del sistema, para convertirse en un cambio en todas partes del sistema. Aunque seamos más de seis mil millones de personas en el mundo, todos nos beneficiamos en algún grado de las condiciones de paz y sanación asumidas por unos cuantos. Puedo decir esto con certeza porque hemos sido testigos de cómo funciona este principio. A través de nuestro conocimiento de la Matriz Divina, tenemos todo lo necesario para adoptar nuestro poder para crear y aplicar lo que sabemos a los grandes desafíos de nuestra época.

Ya sea que optemos por la paz en nuestro mundo o en nuestras familias, sanar a nuestros seres amados o a nosotros mismos, los principios son precisamente los mismos. En nuestra analogía del universo como una computadora consciente con sentimientos, emociones, creencias y oraciones programando la realidad, tiene perfecto sentido que tengamos un manual de instrucciones que destaque los pasos para construir nuestra realidad. Y lo tenemos: a través de los tiempos, los maestros más iluminados lo han compartido con nosotros en toda clase de formas. Las claves en la siguiente sección, extraídas de sus enseñanzas, están designadas para guiarnos paso a paso a través de la secuencia lógica de las acciones que han sido comprobadas como capaces de crear cambios.

Aunque ciertamente hay más claves, esta secuencia comprobada a través del tiempo ha sido efectiva durante la historia, así como en mi propia experiencia. Por esta razón, se ofrece aquí como un manual abreviado de instrucciones para actualizar nuestros programas de realidad y cambiar al mundo.

20 CLAVES PARA CREAR LA REALIDAD

Aquí vemos las claves que encapsulan las partes más destacadas de este libro. Individualmente, son interesantes. Colectivamente, nos cuentan una historia —nuestra historia— nos recuerdan nuestro poder para crear. Las claves pueden ser consideradas como el software que la computadora de nuestra conciencia usa para crear la realidad…, nuestro código para el cambio. Y con cualquier código, las claves están en una secuencia por una razón. En palabras sencillas, así como debemos tener todos los ingredientes antes de comenzar a hornear un pastel, nuestras claves para crear la realidad funcionan solamente si cada paso del proceso es comprendido y está disponible para todos nosotros cuando lo necesitemos. Cuando pienso en comprender estas claves, recuerdo una poderosa secuencia de sabiduría descrita en el misterioso tercer libro de la Kabbalah, el Sepher Yetzirah. En esta instrucción, que describe paso a paso cómo fue creado el universo, el autor anónimo del libro invita al lector a considerar cada paso de la creación a la vez. Al hacerlo, el lector le ofrece a cada uno la consideración desde su propio lugar de poder. «Examínalas, / y compruébalas», dice el texto respecto a las instrucciones antiguas. «Haz que cada una de ellas destaque su esencia». 5

De igual forma, lo invito a considerar la siguiente secuencia de claves de forma individual. Permita que cada una sea digna de ser un agente poderoso de cambio. Trabaje con cada una hasta que tenga sentido para usted. Juntos, estos pasos pueden convertirse en su código para cambiar al mundo y a usted.

20 CLAVES PARA LA CREACIÓN CONSCIENTE

Clave 1: La Matriz Divina es el contenedor que sostiene el universo, el puente entre todas las cosas y el espejo que nos muestra lo que hemos creado.

Clave 2: En nuestro mundo, todo está conectado con todo lo demás.

Clave 3: Para tener acceso a la fuerza del universo mismo, debemos vernos como parte del mundo en vez de separados de él.

Clave 4: Una vez que algo se ha unido queda conectado para siempre, ya sea que permanezca o no unido físicamente.

Clave 5: El acto de enfocar nuestra conciencia es un acto de creación. ¡La conciencia crea!

Clave 6: ¡Tenemos todo el poder necesario para crear todos los cambios que deseemos!

Clave 7: El enfoque de nuestra conciencia se convierte en la realidad de nuestro mundo.

Clave 8: ¡No es suficiente simplemente decir que escogemos una nueva realidad!

Clave 9: El sentimiento es el lenguaje que le «habla» a la Matriz Divina. Sentir que su meta ya ha sido lograda y que su oración ya ha sido respondida.

Clave 10: No se trata de cualquier sentimiento. Para que podamos crear, los sentimientos deben ser carentes de ego y juicio.

Clave 11: Debemos convertimos en nuestras vidas, en las cosas que optamos por experimentar como nuestro mundo.

Clave 12: No estamos sujetos a las leyes de la física como la conocemos hoy en día.

Clave 13: En un «objeto» holográfico, cualquier pieza del objeto refleja el todo.

Clave 14: El holograma de la conciencia conectado universalmente nos promete que en el instante en que creamos nuestros buenos deseos y oraciones, ya han sido recibidos en su destino.

Clave 15: A través del holograma de la conciencia, un pequeño cambio en nuestras vidas se refleja en todas partes en nuestro mundo.

Clave 16: El mínimo número de personas requerido para «poner en marcha» un cambio en la conciencia es la Raíz Cuadrada del 1% de una población.

Clave 17: La Matriz Divina sirve en nuestro mundo como reflejo de las relaciones que creamos con nuestras creencias.

Clave 18: La raíz de nuestras experiencias «negativas» puede reducirse a uno de los tres miedos universales (o a una combinación de ellos): abandono, baja autoestima o falta de confianza.

Clave 19: Nuestras verdaderas creencias se reflejan en nuestras relaciones más íntimas.

Clave 20: Debemos convertirnos en nuestras vidas en las mismas cosas que optamos por experimentar en nuestro mundo.

Casi de forma universal, compartimos el sentimiento de que hay algo más allá de lo que pueden ver nuestros ojos. En algún lugar muy profundo de la niebla de nuestra memoria antigua, sabemos que tenemos poderes mágicos y milagrosos en nuestro interior. Desde la infancia, fantaseamos con nuestra habilidad de hacer cosas que están más allá del dominio de la razón y la lógica. Y, ¿por qué no? Mientras somos niños, no hemos «aprendido» aún las reglas que dicen que los milagros no pueden ocurrir en nuestras vidas.

Todo a nuestro alrededor nos recuerda nuestro milagroso potencial. En la Primera Parte, sugerí que las «anomalías» de las partículas cuánticas podrían ser algo más que una conducta «extraña» y «espeluznante». Preguntaba si la libertad que tienen estas partículas de moverse en el espacio y el tiempo realmente están mostrándonos una libertad que puede ser posible en nuestras vidas. Intencionalmente, he esperado hasta ahora para responder a esa pregunta. Siguiendo todos los experimentos y las investigaciones, así como por medio de la demostración de aquellos que han trascendido los límites de sus propias creencias, creo que la respuesta es afirmativa.

Si las partículas que nos constituyen pueden estar en comunicación instantánea mutua, existir en dos lugares a la vez, vivir en el pasado así como en el futuro, e incluso cambiar la historia a través de decisiones tomadas en el presente, también nosotros podemos. La única diferencia entre esas partículas aisladas y nosotros, es que nosotros estamos compuestos de muchas de ellas unidas por el poder de la conciencia misma.

Los antiguos místicos nos han recordado en nuestros corazones, y los experimentos modernos lo han comprobado en nuestras mentes, que la fuerza más poderosa en el universo reside en el interior de nosotros mismos. Y ese es el gran secreto de la creación misma: el poder de crear en el mundo lo que imaginamos con nuestras creencias. Aunque puede sonar demasiado simple para ser cierto, creo que el universo funciona precisamente de esta manera.

Cuando el poeta sufí Rumi observó que tememos nuestra propia inmortalidad, quizá lo que quiso decir fue que en verdad lo que tememos es el poder de escoger nuestra propia inmortalidad.

Al igual que los iniciados de Christopher Logue, en la Introducción, descubrieron que lo único que necesitaban era un empujón para que volaran, quizá todos requerimos de un pequeño giro para ver que somos los arquitectos de nuestro mundo y de nuestro destino, artistas cósmicos expresando nuestras creencias internas en el lienzo del universo. Si podemos recordar que somos la obra de arte así como el artista, entonces quizá también recordaremos que somos la semilla del milagro y somos el milagro mismo. Si podemos hacer ese pequeño giro, entonces ya hemos sido sanados en la Matriz Divina.

Sigue caminando, aunque no haya lugar donde llegar. No intentes ver a través de la

distancia. Eso no es para los seres humanos. Muévete en tu Interior,

pero no te muevas de la forma en que el miedo te hace mover.

Rumi

 

Tomado del libro La Matriz Divina.

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