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Artículo SÓLO EL MIEDO MUERE

En el camino espiritual, en más de una ocasión podemos enfrentarnos con ciertos aspectos densos del campo emocional. Las emociones son energías que se expresan de una manera bien visible en el campo áurico de las personas. Las emociones son como velos que pueden enceguecer la meta, ya que se instalan y empiezan a dominar todos los ámbitos, internos y externos del ser.

El miedo es la primera emoción con la que hay que realizar un profundo trabajo ya que, cuando aparece, resulta bien difícil de manejar. Ahora, ¿cómo se la puede transformar?

El primer paso es darse cuenta que el miedo nos está invadiendo, que se ha presentado y está empezando a abarcarnos. Observar el miedo, desidentificarse de él, es la primera parte de la estrategia para que éste no siga creciendo cada vez más. Al poder reconocer que este aspecto emocional se ha instalado, empezamos a volver lentamente a nuestro eje, nuestro centro, nuestro nivel de conciencia sutil. Sería como desactivar su mecanismo, desestructurar su fino engranaje, y volverlo inocuo. Al lograrlo, estaremos en mejores condiciones que al principio.

De todas maneras, el trabajo debe seguir, ya que esta sutil observación no basta en momentos donde es necesario pasar a la acción. Por ejemplo, si una situación cotidiana nos genera miedo, con solamente observarla no modificaremos la situación; simplemente habremos dado el primer paso. Luego, es necesario acudir a recursos que nos conecten inmediatamente con nuestra esencia, con nuestro Yo Superior.

Para algunos, las imágenes de seres más evolucionados pueden ser de gran ayuda. Acudir a estos grandes maestros o santos, puede remover la densidad y purificarla a tal grado, que el efecto del miedo queda desintegrado, y la persona recupera un estado de conciencia que le permite estar consciente del aquí y el ahora, del momento presente, y encontrar en lo más elevado de su alma la explicación de la situación por la cual se siente el miedo y también la enseñanza que éste nos está dando. Ya que internamente y externamente se ha presentado esta emoción, puede ser una oportunidad de transformarla en una instancia evolutiva. (Para los que no tienen conexiones con las imágenes de seres evolucionados, recurrir al concepto, símbolo, sensación o sonido, tendrá el mismo efecto positivo.)

El miedo nos muestra una secuencia repetitiva. O sea, en un pasado ya hemos atravesado por él, y este pasado no solamente se refiere a esta encarnación actual sino también a las anteriores. La prueba es si estamos disponibles a fortalecernos cada vez que aparezca o, por el contrario, seguiremos alimentándolo.

Cuando se es consciente del miedo, cuando podemos registrarlo, expresarlo con claridad, tenemos que entender cual es el sentido de su aparición y qué está queriendo decirnos. De esta manera entramos en un ejercicio, en una meditación dinámica: aparece el miedo – aparece la estrategia transmutadora. Cuando no hay estrategia, cuando no aparecen los recursos, uno está prisionero y el tiempo de la condena no estará en nuestras manos.

La culpa

En diferentes enfoques espirituales, la culpa aparece ligada siempre a una situación de castigo. Palabras como “el pecado” son símbolos precisos que dominan, no solamente la mente de los seres humanos, sino también instituciones, corrientes, grupos religiosos, políticos, sociales, etc. Cuando aparece la culpa, es necesario una vez más, que nuestra mente superior la procese delicadamente.

Hay diferentes niveles en que la culpa se manifiesta. Podemos sentirnos culpables cuando nos damos cuenta que nos hemos equivocados, que hemos realizado una acción determinada desconectados de Lo Superior, que podríamos habernos manejado de maneras mucho mas luminosas y no lo hicimos. Esta observación, en un comienzo puede sernos útil, porque nos puede ofrecer la manera de ver opciones más armoniosas y la manera de lograr una reparación. Cuando la observación se convierte en recriminación, ahí se detiene el aprendizaje, ya que la culpa invade la visión de cómo se podría llegar a re encuadrar la acción realizada con un aspecto de sanación, de reparación

Para transformar la culpa es necesario ser humilde, reconocerse imperfecto, y darse cuenta como dentro del campo emocional y mental, habitan los más concretos exponentes de nuestra parte imperfecta, incompleta.

Indagar de qué manera se puede reparar un hecho, y llevarlo a cabo. A veces esto es posible concretamente. Otras veces será a niveles más internos, más sutiles. Si la próxima vez que se nos da una situación determinada, nos movemos manifestando nuestro aspecto mas evolucionado, la experiencia anterior habrá sido sanada. Lo que se hizo, hecho está. La opción es: seguir haciéndolo o transformarlo definitivamente.

Sentir que seremos castigados por tal acción, es perder la visión, es quedarnos ciegos. Desde los planos superiores, la noción de castigo no puede existir; esto es un concepto involucionado de la mente humana. Por lo tanto, pensar que desde esferas más evolucionadas pueden castigarnos, es codificar lo sutil de manera sumamente errónea, ya que estamos proyectando a lo Superior nuestra visión limitada. Es lamentable que se hayan construido diferentes religiones con este concepto.

Lo que los planos superiores mostrarán, una y otra vez, es el camino de regreso, y utilizarán distintas maneras para que no nos olvidemos de nuestra esencia.

Que el miedo y la culpa, entonces, se transformen en lecciones para estar cada día más conscientes de la Totalidad.

PROLOGO

A la gente de la Tierra.

No hay problemas sobre la Tierra.

La Tierra es hermosa, alegre, cósmica, eterna.

El mundo es la infeliz super estructura que el hombre ha impuesto sobre la Tierra.

El mundo consiste en los problemas del hombre.

Tanto la tierra como el mundo están adentro tuyo. Lo que ves afuera y el modo en que esto te afecta son solamente el efecto de lo que está adentro tuyo. Si ves y sientes belleza en tu vida, lo que estás percibiendo es la Tierra, la vida dentro tuyo. Si ves problemas y sientes infelicidad en tu vida, estás mirando el mundo.

Para alcanzar la inmortalidad en la vida en la Tierra dentro tuyo, tienes que disolver tus apegos al mundo. Ese apego es diabólicamente sutil. Cualquier dolor mental o emocional que sientas en cualquier momento es ese apego.

Debes ver esto y no tratar de diluirlo haciendo excepciones y poniendo excusas tal como hará el mundo dentro tuyo. Debes enfrentar el dolor dentro de ti sin escapar en justificaciones. No hay justificaciones para la infelicidad, de ninguna manera.

Para no dejar en ti lugar alguno para dudas e interpretaciones, repetiré la verdad fundamental: cualquier dolor mental o emocional que sientas en cualquier momento de tu vida, independientemente de la causa, se debe al mundo dentro de ti. Has dejado a la Tierra y te has concentrado en el mundo.

Debes ver a través de ti mismo reconociendo que tu dolor y confusión es tu amor por el mundo. Debes ver a través del mundo reconociéndolo como lo que es, lo que te ha hecho y lo que te está haciendo. En cualquier momento el mundo es para ti un problema solo tan apremiante como el amor que sientas por él.

Por medio de la quietud y con coraje debes bajar hasta el fondo del mundo dentro de ti. Y después atravesar el fondo del mundo dentro de ti. Eso es el infierno, por un rato. Pero es tu infierno, el de nadie mas; es el infierno que te has complacido en hacerte sobre la Tierra, creyendo en el mundo y apegándote a sus valores, sus modos y las cosas y personas que hay en él, todo lo cual siempre te va a dejar o eludir de todos modos. Cualquier cosa que ames en el mundo te causará dolor. Ese dolor es el infierno que debes atravesar, sea ahora o en el proceso de tu muerte física.

Atraviesa el infierno equivocadamente y seguirás moviéndote en círculos, creando más problemas, más mundo sin fin, más infierno para ti mismo. Atraviesa el infierno correctamente y te reunificarás con la inmutable belleza y alegría de la Tierra en ti como ti mismo. Y a pesar de tus miedos y terrores mundanos, no pierdes nada. Porque solo el miedo muere.

*****

El dolor, los conflictos y la confusión diarios del mundo, son la interacción inconsciente de los gustos y disgustos.

El dolor, los conflictos y la confusión diarios del camino espiritual son el morir conscientemente a ellos.

Debes morir conscientemente a tus gustos y disgustos, a tu apego a ellos.

Esta es la muerte más dura de todas.

Sólo cuando el apego a tus gustos y disgustos se disuelve para siempre, sólo entonces puedes ser, ser lo que eres. Este es el fin de la existencia como una carga.

El proceso espiritual de desapegarte de tus gustos y disgustos requiere que oigas y comprendas la enormidad de aquello con lo que estás tratando, en todos los niveles de ti mismo y tu existencia. Y requiere que apliques esa comprensión a la realidad de tu vida diaria, momento a momento, adentro y afuera, como tu autoconocimiento.

Leer este libro, que es todo acerca de ti, es ese proceso.

*****

Los gustos y disgustos son los sentimientos fluctuantes que se asientan por encima de la conciencia del sentimiento natural de la vida, es decir, la inmutable alegría o dicha de estar vivo, o simplemente ser.

Las personas cometen el error de pensar que están en ese estado al ser como son normalmente. Pasan por alto las intermitentes depresiones, humores y problemas, o sea la infelicidad, que voluntariamente llevan consigo como parte de su ser personal o vida normal.

El estado de ser se distingue por estar todo el tiempo en la alegría de la vida, interna, sin infelicidad. Y esto se refleja externamente en la ausencia de problemas en el mundo. Como es adentro es afuera.

Ser es pura sensación y estar en pura sensación es un sentimiento puramente dichoso, autoabastecido. Los sabios originales que hablaban en sánscrito en India lo llamaban “ananda”. No cambia ni termina. Es el puro sentimiento de la vida como sensación o percepción de ti mismo libre de la dependencia del mundo o del apego a él.

Cuando sientes cualquier otra cosa que no sea sosiego en tu sensación, está sintiendo la perturbación en el siguiente estrato o nivel de tu ser. Aquí la sensación no es más un sentimiento puro sino que contiene muchos sentimientos distintos y cambiantes. Este nivel emocional, este sustrato, consiste en un sedimento emocional endurecido, un lecho de piedra hecho de todas las heridas, decepciones y frustraciones que has tenido desde la infancia y no has enfrentado.

Este infeliz centro tuyo actúa como un gong. Reverbera con el ínter juego emocional, la excitación buena y maña de tus gustos y disgustos que registras como sentimientos y humores cambiantes.

Dado que este estrato de ti mismo yace bajo la superficie, en tu subconsciente, las únicas partes de él que se muestran, que puedes agarrar conscientemente y con las que puedes tratar en tu vida diaria, son tus dos polos opuestos: tu gusto y tu disgusto. Si miras de cerca y estás lo suficientemente quieto, verás que sobresalen en tu conciencia como dos picos de montañas que parecen inofensivos. Siempre están allí, pero se han vuelto hasta tal punto el escenario de ti mismo que no te das cuenta de ellos, y menos aún los conoces o sientes que sean intrusivos o amenazantes.

De hecho, son volcanes bullentes, si bien no dan señales abiertas de la fuerza de infelicidad que los liga por debajo y que explota periódicamente, haciendo de tu vida una miseria, o haciendo miserable la vida de otro a través de ti.

Deja que te haga una pregunta que mucha gente se ha hecho en un momento u otro. ¿Cómo juntaron suficiente inhumanidad los hombres y mujeres nazis que infligieron indecibles atrocidades en sus víctimas completamente indefensas? ¿O los japoneses en sus igualmente indefensos prisioneros de guerra? ¿O cualquier otro grupo nacional o partidario en cualquier otro grupo o individuo indefenso? ¿Cómo puede cualquiera de nosotros ser capaz de infligir en otro, o en otra forma de vida, las crueldades de las que todos somos culpables?

Toda la violencia, el odio y la inhumanidad surgen de ese estrato subconsciente de viejos dolores y falsedades personales arraigados: la infelicidad que está en cada uno.

LA VERDAD DE LA VIDA EN LA TIERRA

Voy a contarte la verdad de la vida en la Tierra. Pero no te va a gustar.

No te va a gustar porque tú ya conoces esa verdad pero has decidido olvidarla. Te has empeñado en no recordarla. Así que vas a poner excusas para no oírla, para evitarla y dejarla en el olvido. Es esta:

No tienes derecho a ser infeliz, nunca.

Pero tú crees que sí. Así que en tu ignorancia vives íntima y voluntariamente infeliz, has convertido a la infelicidad en tu compañera de vida. Tú eres propenso a estar deprimido, taciturno, preocupado, resentido, frustrado, quejoso y malhumorado en cualquier momento. Nadie puede fiarse de que vayas a estar mucho tiempo sin ser infeliz. La infelicidad es más cercana y querida para ti que cualquier hombre, mujer o niño en tu vida. Así que normalmente se interpone entre tú y los demás, sumiendo incluso tus relaciones entrañables en desacuerdos y discusiones. No obstante, tú, inmutable, insistes en vivir tus peliagudas y problemáticas emociones, obligando a vivirlas también a los que están a tu alrededor, hasta que a ti te vuelva a apetecer ser agradable y simpático… hasta la próxima vez.

Y lo más terrible es que tú crees que esa es la forma natural de vida en la Tierra. Por eso toleras y excusas tus sórdidos modales infelices. Y con tu ejemplo contagias esta horrible enfermedad innatural a los niños. Mientras ocurre todo esto, tú crees que eres encantador y mereces ser más amado. Eres irresponsable. Deshonras la vida en la Tierra. Porque tú no amas la vida sino tu infelicidad.

¿Lo dudas? Entonces examinemos tu integridad.

La próxima vez que estés malhumorado, irritable, preocupado, de mala gana, impaciente o deprimido, ¿cambiarás inmediatamente, ahora, y vendrás a la vida? ¿O te aferrarás firmemente a tu infelicidad, esa cosa tan fea? ¿La defenderás? ¿Te dedicarás con firmeza a defender tu derecho a ser infeliz? ¿Lucharás por él? ¿Como quizás ahora te sientes inclinado a hacer? Si te aferras a algo que con tal devoción y lealtad es obvio que tienes que amarlo.

Tú has decidido olvidar que tu infelicidad es sólo tuya porque te conviene. Pero tú eres el único responsable de ella, es tu contribución personal a la infelicidad en la Tierra. Sólo puede vivir en ti mientras seas lo suficientemente egoísta, inmaduro e insensible para mantenerla. Nadie puede librarse de ella por ti. Nadie más quiere tu infelicidad, sólo tú.

¿Entonces por qué eres deshonesto contigo mismo?

¿Por qué finges quejándote cuando eres infeliz, si el que está causando la infelicidad, el que está aferrándose a ella todo el tiempo eres tú?

Ahora déjame que te recuerde el resto de la verdad de la vida en la Tierra.

Tú no tienes derecho a ser infeliz, nunca.

Porque la vida es buena.

La vida siempre es buena ahora. Deja que alguien te ponga un cojín sobre la cara, ahora, o cuando seas infeliz, y te darás cuenta. Si te dicen que tienes un cáncer y te queda un mes de vida, verás como cada problema, cada pedacito de patética infelicidad en tu vida de ahora, desaparece milagrosamente. Te darás cuenta instantáneamente de que la vida es buena. Y que es buena ahora, en este momento, en todo momento.

Te darás cuenta de que la vida no es ni ayer ni mañana, que no está en esa tierra soñada de infelicidad de pasado y futuro donde incubas y alimentas tu malhumor y tu resentimiento. El día que te mueras – que siempre está más cerca de lo que uno cree – tu único deseo será haber realizado la verdad de la vida.

¿Hay que obligarte a afrontar la muerte para que te des cuenta de que la vida es buena?

En los eventos no hay infelicidad.

Toda infelicidad está en ti en tu apego al derecho a ser infeliz cuando las cosas cambian, que es como debe ser. Nadie escapa a los eventos de la vida. Pero tú, en tu ceguera de infelicidad, no alcanzas a ver que esos eventos traumáticos sólo existen para ayudarte a despertar y realizar la verdad de la vida. Ese es el propósito de vivir, que también has decidido olvidar.

Tú siempre tienes una buena excusa para justificar tu infelicidad. Siempre culpas a alguien o algo; pero nunca a ti mismo, el único que tiene la culpa. Si alguien te hace algo, la ira te consume. Si alguien te falla, te traiciona, te defrauda, tú te sientes amargado o abatido. Si tu amante o un ser querido se muere o te deja, si pierdes tu trabajo o tu dinero, te sientes desconsolado, perdido en el dolor.

Así es cómo vive la mayoría de la gente. Pero eso no es la vida. Vivir así, ignorando la verdad de la vida, tiene que resultar traumático y doloroso, porque todo aquello por lo que vives tiene que morir, cambiar o pasar – pero tú sigues manteniendo la esperanza de que eso no ocurra. Intentar vivir con tal desesperación, con tal insensatez, es infelicidad.

Tú no sólo estás viviendo. Eres la vida.

Eres la propia vida, personificada sobre la Tierra. Y además, detrás de las incesantes subidas y bajadas de la personalidad, eres vida todo el tiempo – no sólo una parte del tiempo. La vida no cambia ni fallece. La vida sigue. ¿Ha habido algún momento en el que tú no siguieras, que no hayas podido pasar incluso en la crisis más profunda? Por supuesto que no.

La vida es buena porque es verdad. Y lo es en todo momento – cuando renuncias al derecho a ser infeliz.

Renuncia a él ahora y eres libre.

Puede que no seas infeliz en este momento. Pero lo serás mañana o al día siguiente. Feliz hoy, infeliz mañana: eso es normal. Y eso es infelicidad.

No puedes ser feliz: pensarlo o desearlo es ignorancia porque cualquier cosa a la que apuntes o consigas no puede durar; entonces serás infeliz nuevamente. Sólo puedes ser libre de la infelicidad. Solamente eso permanece.

Cuando eres libre de la infelicidad, ¿qué más hay que desear?

La infelicidad es ignorancia.

La ignorancia es la acumulación de todas las heridas y dolores emocionales pasados que te complaces en ignorar en ti porque sientes que es demasiado doloroso de enfrentar. ¿Por qué enfrentarlo cuando puedes escapar de ello? El problema es que cuando escapas de la ignorancia o el dolor emocional en ti, escapas de la vida; y tarde o temprano empiezas a sentirte muerto, ¿no es así?

La infelicidad es sustancial.

La infelicidad vive en ti. En este momento, aun cuando puedas estar tranquilo o sin perturbaciones, la infelicidad está allí. Surgirá periódica e inevitablemente y serás infeliz sin saber por qué. Estarás deprimido, dudando de ti mismo, autocompasivo, aislado, resentido o triste.

La infelicidad no es natural en ti. Te ha invadido desde el mundo externo desde el momento de tu concepción en el útero. La invasión comenzó por medio de una infelicidad similarmente adquirida, que residía en el cuerpo de tu madre. Y desde la más tierna infancia, debido a la ignorancia de tus padres acerca de la causa de la infelicidad, y la ignorancia de tus conocidos, profesores y tú mismo, se le ha permitido a la infelicidad seguir entrando y creciendo en ti. Ahora es un cuerpo vivo, robusto, erosionante de la salud y degenerativo, de tu misma edad. Este es tu “cuerpo infeliz”.

La sustancia de tu “cuerpo infeliz” son tus emociones. Puede que pienses que tus emociones te dan placer. Pero es un placer voluble, un estímulo emocional positivo que nunca dura porque su polo opuesto es un dolor voluble, un estímulo emocional negativo. Los dos forman un sube y baja. No puedes tener uno sin el otro.

El placer emocional surge del estímulo de la excitación. Después, cuando el estímulo muere, el placer desaparece. Y gradualmente te vuelves aburrido, inquieto, confundido o infeliz, hasta que otro estímulo aparece.

Un rato estás excitado, luego deprimido. Eso es tu vida. Arriba-y-abajo. El placer precede al dolor; el dolor precede al placer. Y, entre medio, el aterrorizante vacío del aburrimiento y la soledad te impide hacer la conexión, o ver la verdad de cómo tu vida está siendo manipulada.

La soledad, tal como el aburrimiento, es intolerable para las emociones. Es sentida como una aguda melancolía por estar solo, o aislado. Para las emociones, la soledad y el aburrimiento son como la muerte, el fin de cualquier esperanza de estímulo o excitación. Entonces, para evitar este estado aterrorizante, si no tienes ninguna actividad excitante o placentera que esperar, las emociones reviven en ti el estímulo de los sentimientos de infelicidad pasados. Entonces estás deprimido o “bajoneado” sin saber porqué.

Con el tiempo, cuando tu “cuerpo emocional” se desarrolla, empiezas a disfrutar subconscientemente los estímulos sube y baja, los pozos tanto como las cimas. Que las emociones sean placenteras o dolorosas ya no es muy importante. En tanto están estimuladas o activas, arriba o abajo, te sientes emocionalmente vivo, y esto es preferible por lejos, a la sensación de estar emocionalmente muerto o solo.

Para cuando tu “cuerpo infeliz” madura, eres emocionalmente dependiente; adicto al placer perverso del dolor emocional o infelicidad. Te aferras a él en forma de malos humores y depresiones. Los disfrutas.

La próxima vez que estés malhumorado o deprimido, ¿lo dejarás, ahora?

No. Dirás que no puedes o no quieres. Disfrutas demasiado de tu infelicidad como para soltarla. El hecho de que es dolorosa, de que en ese momento protestas por lo infeliz que eres, es irrelevante. La verdad es que prefieres este dolor que conoces al simple dolor que te rehúsas a enfrentar: el dolor de estar solo, sin estímulos.

¿Y por qué no lo quieres enfrentar?

Por miedo. Enfrentarlo es como morir. Pero es sólo el miedo muriendo. Sólo el miedo  muere. Y si te confrontas con el dolor, si lo enfrentas durante suficiente tiempo, lo atraviesas hacia el cielo azul de la libertad y la alegría.

***

Dado que la sustancia de tu “cuerpo infeliz” está compuesta enteramente por este material emocional doloroso, me referiré a él desde ahora como cuerpo emocional.

Tu cuerpo emocional no tiene siempre lo que quiere. Está siendo minado continuamente por tu ser natural no perturbado. De hecho, en los momentos Amorosos y espirituales de tu vida, el cuerpo emocional está siendo reducido realmente. Pero, dado que en el resto de tu vida estás evitando la causa de la infelicidad, el cuerpo emocional está siendo reabastecido continuamente y te ves forzado a seguir compartiendo tu vida con tus humores y depresiones infelices. Cuando tú, tu ser natural, está animado, el cuerpo emocional está inactivo. Cuando el cuerpo emocional está animado, tú estás inactivo. Cada uno de ustedes tiene sus días en tu único cuerpo físico.

Es un modo de vida muy extraño. Como todos lo están viviendo o haciendo, se dice que es normal, lo cual es verdad. Pero no es natural.

Lo que es normal no es natural.

El estado natural del hombre y la mujer es la alegría interior. Por debajo del vaivén de tus emociones, eres alegría. Y, al contrario de cualquier cosa que es normal, la alegría o dicha interior, no tiene opuesto.

***

Este libro fue escrito para ti, el hombre o la mujer que lo está leyendo ahora, para exponer tu infelicidad y mostrarte cómo puedes empezar a disolver tu cuerpo emocional. El libro es para ti. No tiene valor excepto que estés dispuesto a empezar a librarte de la infelicidad ahora.

Hasta ahora has estado leyendo acerca de la personalidad y del modo en que la infelicidad crece en ti. Ahora tienes que enfrentar realmente la verdad de la vida, aprendiendo a arreglártelas para vivir dado que no puedes escapar a los eventos de la vida.

Entonces tienes que empezar el largo y a veces doloroso proceso de librarte de la infelicidad que se ha acumulado en ti.

Está en ti el hacerlo, y hacer entonces así de feliz a la bendita Tierra donde estás.

***

Para librarte de la infelicidad tienes primero que impedir que se acumule en ti más infelicidad.

La infelicidad siempre empieza ahora.

La infelicidad es sustancial y se acumula ahora. Cualquier infelicidad que recuerdas y por la que penas, ya es pasada y reside en ti, así que esa no es la infelicidad que comienza ahora. La infelicidad empieza con sucesos que son identificables inmediatamente, sucesos como chocar tu auto, separarte de alguien que amas, un desastre sexual, una muerte, perder tu trabajo: cualquier tipo de shock. La tarea es impedir que la emoción del momento entre en ti. Esto requiere acción inmediata, en este instante.

Primera acción: enfrenta el hecho de que el evento ha sucedido realmente.

La reacción inicial es normalmente de no creerlo. Esto es un intento de tu cuerpo emocional de mirar para otro lado o escapar de la realidad para evitar el shock. Le da tiempo a la emoción para entrar precipitadamente, y pierdes tu presencia.

Primero percibe el hecho.

Haces esto, al no mirar el evento como un problema; esto es, al no pensar lo que significará para ti en el futuro, o cómo te afectará. Debes quedarte en el presente. Debes ser real. Y ser real significa estar presente donde estás en el momento.

El futuro no ha llegado. El hecho es que tu auto o parte de tu vida ha cambiado enfrente de ti. No interpretes. No analices. Debes ver el evento sólo como es, sin agregarle imaginación ni conclusiones. Entonces cualquier acción física que se requiera sucederá inmediatamente en tu consciencia, sin que tengas que preocuparte o pensar.

Sólo el ahora importa. En el instante en que te vayas del presente pensando en el futuro o en el pasado serás infeliz. Dejarás entrar la emoción. Eso también se aplica después del evento. No debes volver a pensar en ello, no debes repasarlo en tu mente.

El shock del evento en el momento no puede evitarse. Pero shock no es emociónEl shock es un vacío: el vacío en el que el cambio propio puede ocurrir. El shock excluye todo pensamiento, toda la continuidad del pasado en ti. En el momento del shock eres nuevo si puedes estar presente. Y la posibilidad de un cambio personal fundamental, radical, es enorme. El pánico y la preocupación sólo comienzan cuando dejas que los pensamientos reaparezcan y agiten el viejo cuerpo emocional, permitiendo que más emociones y más infelicidad entren a borbotones.

Permanece en la acción.

Debes permanecer en la acción, momento a momento, como dicte la energía del evento mismo. Mira el evento, la escena misma, y verás con claridad lo que hay que hacer, si es que algo tiene que ser hecho.

No hagas lo que piensas. Haz lo que es correcto. Y lo correcto se refleja en lo que es: el evento tal y como es en el mundo ahora frente a ti, no en tu imaginación. Si no hay nada que hacer, lo verás; entonces no hagas nada. Pero no pienses.

Si permites que tu mente salga del ahora proyectándose en el futuro o en el pasado, aún reflexionando acerca de lo que alguien pudiera decir o pensar, tornarás el incidente en un problema. No lo percibirás más como lo que es: un puro suceso. Le habrás inyectado miedo, tu infelicidad emocional.

Si puedes mantenerlo como un puro suceso (al no concebirlo como lo que no es) no te causará infelicidad ahora ni en el futuro. Mantén la infelicidad fuera del ahora y la mantendrás fuera del futuroOtros eventos que fluyan del incidente se pondrán en su lugar correctamente a su debido tiempo.

Si estás sintiendo dolor emocional, significa que no estás viendo bien. Te has puesto en cortocircuito, te has separado del flujo natural. Estás pensando, proyectando tus miedos e incertezas (tu cuerpo emocional) en el evento. El evento tendrá entonces que reflejar nuevamente en ti algunas de las mismas emociones infelices en eventos subsiguientes, que parecerán contener más del mismo problema.

En los próximos párrafos voy a explicar lo que esto significa exactamente y la verdad que está tras ello. Es una de las verdades grandes y liberadoras de la existencia. Para conectar energéticamente con ella en ti mismo, puede que tengas que leer la explicación varias veces, y en más de una sesión. Pero cuando hagas la conexión liberará un gran autoconocimiento o claridad espiritual. Es ésta:

Todo sucede en tu consciencia.

Todo sucede en tu consciencia; es así como eres consciente de lo que sucede.

Lo que te imaginas que ha sucedido, así como lo que pasó mientras dormías anoche, es algo totalmente diferente. Ese es el trabajo de la mente, no de la consciencia. La consciencia está detrás de la mente y provee la consciencia que le permite a la mente trabajar y reflejar. La mente depende de la consciencia; pero la consciencia no depende de la mente.

Deja que te de otro ejemplo de la diferencia entre las dos en tu vida cotidiana. Si tu auto es chocado por otro conductor en tu ausencia, el evento no ocurre en tu consciencia. En ese caso, el evento ocurre en tu consciencia sólo en el momento en que te informan de ello. Y el modo en que reaccionas o respondes a él en ese momento determina si haces de eso un problema y creas para ti una sucesión de problemas posteriores.

En otras palabras, la claridad con la que eres capaz de percibir un evento determina de qué modo los eventos y circunstancias que fluyan de él te afectarán en el futuro. Si un evento es visto como un problema cuando sucede, cualquier cosa que suceda luego en conexión con él será vista como una extensión del mismo problema. Lo cual significa que al evento le seguirán una sucesión de otros eventos problemáticos; por ejemplo si chocas tu auto, el problema de trasladar el vehículo dañado al mecánico, estar sin auto por algunas semanas, encontrar dinero para pagar la franquicia del seguro, etc.

La humanidad ha llegado a aceptar esta secuencia de vida normal y problemática como el incuestionable flujo natural de los eventos: cada problema requiere otros problemas o tiempo y esfuerzo para resolverlo. Pero esto no es la verdad. Y no es natural o necesario en absoluto. Es lo que sucede generalmente, sin duda, pero solamente porque todos crean problemas a partir de los eventos en sus consciencias. Cuando dejas de hacer esto, cuando comienzas a ver cada evento como único en este momento, y sin continuidad problemática o futuro, toda la dinámica cambia. Esto es así por el poder de tu consciencia.

Tu consciencia (no tu mente) es la cosa más poderosa y creativa en la existencia. Dirige tu vida, por detrás de tu mente, con completa fidelidad al modo en que percibes tú la vida. No te fuerza a nada: crea para ti de acuerdo con la claridad de tu percepción. Porque tú estás a cargo de tu vida y así como ves la vida es como te afecta o como tiene que ser. Si percibes problemas, tu consciencia se ve obligada a crear problemas. Sin embargo, si empiezas a resistir a hacerte problemas y ves los sucesos solamente tal como suceden, entonces tu consciencia está libre para empezar a trabajar naturalmente, como se supone que lo haga, sin que se creen más problemas. Este es el milagro de la vida, el milagro de la consciencia que elimina toda infelicidad.

Ahora déjame darte la llave para todo esto. La verdad que hace posible este milagro es que cada evento que sucede en tu consciencia es la respuesta o solución natural a un evento previo. Cualquier demora o problema está sólo en la mente.

No seas el problema: sé, y la solución llega.

Si a un evento no le das futuro o efecto en el tiempo, pensando que va a ser un problema o causar un problema, cualquier aparente dificultad será rápidamente eliminada por algún otro evento. Todo lo que tienes que hacer es ser, y la solución llegará.

Para ilustrarlo: si chocas tu auto, una grúa aparece a la vuelta de la esquina o alguien te ofrece una grúa; de la nada aparece alguien que te presta un auto mientras el tuyo está siendo reparado; recibes una suma de dinero que no esperabas para pagar la franquicia del seguro. Cualquiera sea la situación, no hay problemas, porque no te los estás haciendo.

Todo lo que tienes que hacer es responder a los eventos tal como ocurren y mantener fuera de tu consciencia el hacerte problemas emocionales, no reaccionando ansiosa o impacientemente. Lo que sea necesario será provisto por el desarrollo natural de los eventos.

El secreto es: cuanto menos haces de tu vida, o de cualquier evento de tu vida un problema, menos tiempo o emoción son creados entre el evento y su solución natural. En suma: reduces y finalmente eliminas el tiempo como dificultad o restricción. Los eventos fluyen entonces atemporalmente y la vida es dulce, fácil y sin esfuerzo: aún cuando para otros parezca ser un  problema.

En el fondo, todo esto es que creas el problema, lo magnificas y entonces piensas que con el tiempo o por tus acciones, lo disuelves o solucionas. Cuando en realidad, todo lo que estás haciendo con todas tus preocupaciones y frustraciones es demorar la solución que, de todas maneras, habría llegado antes. En primer lugar no hay problema.

Tú – tu infelicidad que te impide ver la simple verdad de la vida – eres el único problema. Tú, el hacedor de problemas, como el dolor y la confusión de todo esto, sólo te interpones en el camino. Líbrate del problema, tu infelicidad, y todos los problemas desaparecen, toda la infelicidad desaparece.

***

Disolver el cuerpo emocional acumulado en ti desde el nacimiento es un gran trabajo. Es más difícil para unos que para otros, y algunas veces bastan algunas pocas palabras de verdad para comunicar toda la idea: el hombre o la mujer ve inmediatamente lo que hay que hacer y empieza a hacerlo, con un tremendo sentimiento de alivio y descubrimiento.

Para comenzar tienes que ser capaz de sentir la presencia de tu cuerpo emocional dentro de ti. Si no puedes sentirlo, no puedes empezar a tratar con él.

Cuando está desenfrenado y activo, como cuando estás enojado o deprimido, es probable que tu cuerpo emocional sea demasiado poderoso como para que te separes de él. Te identificarás con él, serás absorbido por él y te perderás en él. Así que debes empezar a identificarlo en tiempos normales como ahora que probablemente, está sólo latente, estacionario.

La superficie de tu cuerpo emocional puede ser sentida ahora cerrando tus ojos y enfocando tu atención interior en el sentimiento, en la sensación en el área del estómago. Esto significa sentir la sensación real, la sensación física dentro de tu cuerpo. Por favor cierra tus ojos y siéntelo ahora.

Puede que tengas dificultad para discernir la sensación si no te has tornado suficientemente quieto a través de la práctica de la meditación correcta. Sin embargo, vendrá si no te esfuerzas. (No toda meditación es correcta. En la meditación correcta la mente está quieta y la atención es una con la realidad que estás sintiendo o siendo en un momento.)

A través de esta sensación todos tus humores y depresiones aparecen desde el subconsciente. Si acabas de tener una discusión, la presión emocional se sentirá primero en el abdomen, alrededor del ombligo. Pero la presión se extenderá rápidamente a través de todo tu cuerpo, especialmente al corazón, el pecho, la garganta y, eventualmente la cabeza, donde creará un dolor de cabeza, cansancio, confusión o alguna reacción distractora.

Recuerda, el cuerpo emocional está vivo y es tan inteligente como tú. No quiere ser desenmascarado y visto como algo separado de ti. Así que tratará de distraerte y casi siempre tendrá éxito. Una de las maneras de hacerlo es afectando otras partes del cuerpo con dolores varios. Estos no son duraderos porque el cuerpo emocional no tiene el aguante como para afectar ningún área por más de una hora o algo así; aún así, seguirá trayendo dolores de vez en cuando. Sin embargo, su distracción principal es hacerte pensar. Por cierto que pensar te impedirá llegar a la raíz de tu cuerpo emocional, la infelicidad en tu vientre.

Debes entender que debido a tu negligencia e ignorancia, el infeliz cuerpo emocional ha tomado a su cargo gran parte de tu ser interior, tu subconsciente. No se entregará. Tienes que entrar allí y desenraizarlo, conscientemente, energéticamente.

Disolver el cuerpo emocional requiere acción ahora. Debes empezar por algún lugar, y ese lugar es siempre ahora, este momento. Haz una pausa al final de este párrafo, cierra tus ojos y quédate tan quieto y silencioso como puedas en tu interior. Siente la sensación, la sensación física en tu cuerpo alrededor de tu vientre.

Lo que estás sintiendo es eso.

Es la sensación residual, el infeliz inquilino de tu cuerpo. Puede parecer inofensivo y muy común si no estás perturbado. Pero una vez que estés trastornado, será un sentimiento intenso, un impulso compulsivo a preocuparte o a hacer cualquier cosa menos focalizarte en la incomodidad del sentimiento.

Si en este momento no puedes sentir la sensación de ti mismo, significa que todavía no estás suficientemente quieto. No es probable que hagas algún progreso real hasta que aprendas a meditar correctamente. Nuevamente, se requiere una acción inmediata: organízate para aprender a meditar correctamente. (Algunos de mis otros libros te ayudarán.)

Mientras te focalizas en la sensación, no pienses acerca de lo que estás haciendo. Solamente hazlo. Pensar significa proyectarse en el futuro o de vuelta al pasado: distracción. El mismo cuerpo emocional te hace pensar porque sabe que mientras estás pensando estás disipando la única energía que puede destruirlo. En otras palabras, estás distrayendo tu atención consciente.

Mira energéticamente.

Lo haces sosteniendo la sensación con tu atención. Percíbelo, siente lo que está allí. No saques conclusiones. Las conclusiones son pensar, no mirar.

Al mirar energéticamente con la atención, de este modo, estás viendo y descubriendo lo que es sin ponerle un nombre. La hermosa simplicidad y efectividad de este proceso es una cosa muy difícil de captar para la gente. Ellos están complicados a causa de sus cuerpos emocionales. No pueden ver correctamente porque no pueden mirar correctamente. Buscan problemas y se pierden la simple solución que está frente a ellos.

Aquí la simple verdad es que tu atención consciente, una vez enfocada en la sensación interna de ti mismo, destruirá todo lo que sea falso en esa sensación. Dado que la emoción o infelicidad es lo que hay en ti de falso (porque se vuelve dolor), esta es gradualmente disuelta o destruida. Lo que queda es lo verdadero: tú ser alegre, natural y vibrante, tu cuerpo feliz. Este nunca puede ser aniquilado porque sólo él es real en ti.

Al ser destruido lo falso te vas volviendo vivo.

Entonces déjame repetir el lado práctico de este proceso y avanzar un poquito más. Sea que estés en paz o agitado después de una pelea candente (y especialmente si estás trastornado o enojado por alguna cosa de este libro) siéntate y enfoca tu atención interna en la sensación en el área de tu obligo y sostenla.

Entonces, cuando la agarres, húndete en ella, húndete en esa sensación. Tratará de expulsarte como el momentum de un disco giratorio. Permanece con ella. Métete, mete tu atención en ella. Vuélvete ella, vuélvete el sentimiento, la sensación. Pero sin pensar. Haces esto simplemente quedándote quieto. La quietud es tu única fuerza contra el extraordinario oponente en tu interior.

Más y más quieto es el camino.

Sólo la quietud, la quietud de tu percepción, tu darte cuenta consciente no perturbado por los pensamientos o consideraciones, tiene el poder para disolver el descontento, el dolor y la inquietud acumulados. Sólo la quietud puede entrar en ello, penetrarlo.

En la medida en que tengas éxito sentirás dolor, miedo, dudas, y te sentirás amenazado. Estos sentimientos serán las viejas emociones escondidas elevándose a través tuyo, que se irán disolviendo al ser enfrentadas. El cuerpo emocional se retorcerá, se quejará, llorará, dolerá y tratará de gritar a través de tu cuerpo físico. Hará cualquier cosa para que te escapes, para que saques de él tu calcinante atención consciente. Tratará de forzarte a que te levantes y te muevas por ahí, te aferres a una bebida o te vayas. Tratará de convencerte de que tú o yo estamos locos, hacerte renunciar y declarar que todo el asunto no tiene sentido Pero debes seguir.

Debes mantener tu cuerpo quieto tanto como puedas. Entonces, muévete si tienes que hacerlo; haz una pausa durante diez minutos. Luego siéntate y empieza nuevamente. No renuncies.

Cuando digo “mantén tu cuerpo quieto” no quiero que lo reprimas. Es la emoción arrinconada la que moverá tu cuerpo en esos momentos. Al sostener la emoción misma, esta no tendrá poder para hacer que tu cuerpo se mueva. La emoción no se puede mover mientras estás enfocado en ella.

El cuerpo emocional es una cosa viva, viviendo como un parásito y no quiere morir. Pero eso es lo que está pasando. Lo estás matando, con tu consciencia del presente estás matando tu doloroso y solitario pasado.

Sólo ahora es real.

Cuando se pone difícil, recuerda permanecer con lo bueno, lo verdadero y lo correcto, ahora. Porque sólo ahora es real.

Al ir llegando a la verdad de la vida, tu cuerpo emocional atraviesa el túnel de la muerte. Y esto puede provocarte temporariamente, tiempos difíciles. Todos pasan por el túnel de la muerte tarde o temprano, consciente o inconscientemente. Todos tienen que atravesar sus propias resistencias: las condiciones emocionales que se han acumulado en ellos, el odio, el resentimiento, la impaciencia, los pensamientos, el deseo y el esfuerzo; todo el ahogante material del cuerpo emocional. De allí viene la idea de infierno. Haces tu propio infierno, y al retirarte a tu interior tienes que encontrarte con lo que has hecho. No te asustes: es sólo tu cuerpo emocional, sólo la ignorancia que has acumulado.

El modo de tratar con el infierno es estar quieto, estar presente. Porque el infierno, la ignorancia en tu pasado, no puede soportar la quietud de tu presencia. Cuando es el momento de morir, aún en la muerte más dura, tan sólo quédate quieto y allí donde estás, la quietud te permitirá atravesarla.

 

Roma, 13 de marzo / 97

Este material tomado del libro «Solo el Miedo Muere», me llegó en fotocopia hace más de 15 años.

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