Estamos hablando del arte de vivir, creo que debemos investigarlo un poco más. La mayoría de nosotros no le damos mucha importancia a todo esto, difícilmente investigamos la naturaleza de qué es la vida y de cómo vivir nuestra vida cotidiana sin todo ese feo desorden, sin los placeres pasajeros, sin esa cantidad enorme de entretenimientos, tanto religiosos como de cualquier otra clase. Durante años hemos estudiado asignaturas académicas, hemos tardado años en llegar a ser médicos, cirujanos, ingenieros y, finalmente, nunca nos hemos preguntado cómo vivir una vida sin conflicto, sin ninguno de los problemas que tenemos en nuestras desafortunadas vidas. Siempre estamos esforzándonos para alcanzar algo, para llegar a algún lugar, y cuando nos hacen esa pregunta, cuando nos retan, decimos: «Sí, suena muy interesante, pero ¿dígame cómo hacerlo? ¿Cuál es el método, el sistema, de forma que pueda vivir una vida tranquila con un sentimiento de dicha, de gran belleza?».
Creo que debemos eliminar el “cómo” de nuestras mentes, no en asuntos académicos, sino en el mundo psicológico. Si me permiten, con todo respeto, nunca pregunten “cómo”, porque sólo les ofrecerán un sistema, un método que se convertirá en una esclavitud, en otra trampa en la cual quedarán atrapados.
Hemos hablado de las guerras, de los seres humanos que desde la infancia son heridos psicológicamente, heridos por sus padres, por sus escuelas, por sus familias, somos gente herida y eso, inevitablemente, genera miedo. También hemos hablado mucho del miedo y el tiempo, no sólo del cronológico, del reloj, sino del tiempo como un movimiento psicológico para lograr: «soy esto, pero quiero ser aquello», «soy violento, pero algún día no lo seré»; este constante convertir “lo que es” en “lo que debería ser” es asimismo una forma de tiempo. Para nosotros el tiempo es muy importante, no sólo el tiempo físico de ir de un lugar a otro, sino también el ideal que el pensamiento ha creado, y para alcanzarlo necesitamos tiempo. De modo que somos esclavos del tiempo, y algunos escritores, así como otras personas, se han preguntado si el tiempo puede cesar, si el tiempo puede terminar.
Por favor, les recuerdo cortésmente que estamos juntos investigando con profundidad, con seriedad, y con mucha honestidad, cómo vivir una vida que realmente sea un gran arte, de manera que vamos a investigarlo un poco más. La humildad es necesaria para aprender, ¿no es así?; la humildad, no la modestia ni el aceptar a medias, porque para aprender hace falta mucha humildad, y la mayoría de nosotros no tiene esa cualidad de la humildad; no se trata de la humildad de dar algo a alguien que respetamos, eso no es humildad, eso es meramente aceptar la autoridad y adorar esa autoridad.
La humildad es necesaria para comprender esta extraordinaria complejidad del vivir, humildad y libertad. Todos creemos que somos libres de hacer lo que queramos, de realizar nuestros deseos; uno de los postulados de la sociedad es que cada uno puede hacer lo que exactamente quiere, y eso es lo que hacemos: queremos ser ricos, expresar lo que pensamos, hacer las cosas a nuestra manera, somos muy inflexibles en nuestras opiniones, en nuestras conclusiones, queremos ser libres para elegir, y a eso lo llamamos “libertad”, pero esa libertad genera enorme confusión y estragos en el mundo, cada uno expresando sus propios deseos particulares, compitiendo.
¿Qué es la libertad? Por favor, háganse esa pregunta a sí mismos. ¿Es la libertad elegir? Uno es libre para elegir, libre para ir de un lugar a otro, libre para seleccionar diferentes trabajos, si un trabajo no le gusta busca otro, libre para expresarse, libre para pensar lo que quiere y, quizá, manifestarlo en una sociedad democrática, no así en los países totalitarios, allí niegan esa libertad.
Pero ¿qué es la libertad, existe realmente la libertad? Uno de los significados etimológicos de la palabra “libertad” es amor y… ¿consiste el amor en elegir? Debemos descubrir por nosotros mismos lo que es la libertad.
Podemos estar libres de “algo”, del dolor, de la ansiedad, etc., pero ¿existe una libertad que no sea de “algo”? Si la libertad es de algo, tan sólo es una reacción, es como un prisionero que dice: «Debo salir de la prisión». Psicológicamente vivimos en una prisión y, cuando esa prisión es dolorosa, desagradable, insatisfactoria, entonces queremos salir de esa prisión, por eso si decimos que queremos estar libres de “algo”, viene a ser lo mismo que estar en la prisión; ahora bien, ¿cuál es esa profunda sensación interna, auténtica, esa inquebrantable libertad que no es estar libre de “algo”?, ¿cuál es esa libertad?
Vamos a investigar juntos qué es la libertad. Todos queremos evadirnos de algo, la mayoría nos sentimos muy solos y nos evadimos a través de varias formas de entretenimiento, sea religioso o cualquier otro, pero ¿es eso libertad o es una reacción? Para descubrirlo, uno debe preguntarse: ¿qué es el amor, es el amor una reacción, es el amor atracción, sea sexual o de cualquier otra tipo? Por favor, háganse estas preguntas a sí mismos para encontrar la verdadera respuesta.
¿Cómo encontrarán la verdadera respuesta a esta pregunta? Cuando se plantea una pregunta, generalmente la respondemos; si realmente están pensando, investigando esta pregunta, deben responderla, deben encontrar la respuesta a esa pregunta. Lo que estamos haciendo ahora es un diálogo, de modo que respondan a mi pregunta, así tendremos ambas cosas, preguntas y respuestas, respuestas y preguntas. Si mantenemos esa pregunta, si la cuestionamos, si la respondemos con seriedad, con intensidad, entonces, en ese proceso usted desaparece y el orador también desaparece, sólo permanece la pregunta, la pregunta en sí misma es la que tiene vitalidad. Hagan la prueba por sí mismos, es como el nuevo brote de una rosa, si la pregunta queda en el aire, por así decirlo, entonces es como ese brote que gradualmente se despliega, se abre y muestra todo su esplendor, de modo que la profundidad de la pregunta tiene su propia vitalidad, su propia energía e intensidad, y eso es un diálogo, no tan sólo aceptar lo que otra persona está diciendo.
Si la libertad no es estar libre de “algo”, ¿es la libertad amor, es el amor una reacción? Para la mayoría de nosotros quizá, el amor puede que no exista, por favor, sólo lo estoy preguntando, no estoy diciendo que sea así. Posiblemente, la mayoría no conoce lo que significa el amor, conocemos la atracción, la ternura, conocemos la lástima, la culpabilidad, el remordimiento, los celos, pero… ¿es todo eso amor? Si no lo es, entonces el amor no es una reacción, es libertad, la cual no surge de una reacción… Es muy importante que lo comprendan, no de forma intelectual o verbal, sino que capten la profundidad y su belleza.
Cuando hablamos del arte de vivir, también debemos preguntar qué es la belleza; si vemos una arquitectura enorme o las catedrales de Europa, los enormes templos y mezquitas del mundo, construidas por grandes arquitectos, por grandes pintores, por grandes escultores como Michelangelo, eso es belleza, pero ¿es la belleza un producto de la mano del hombre? Por favor, ejerciten su cerebro para descubrirlo. Un tigre no es el producto de la mano del hombre, ¡gracias a dios!, un árbol solo y solitario en un campo, con toda la dignidad de esa maravilla de un árbol viejo, no es un producto de la mano del hombre; sin embargo, en el momento en que pintan ese árbol se convierte en un producto de la mano, y pueden admirarlo, pueden ir a un museo para contemplar ese árbol pintado por un artista famoso.
Otro aspecto del arte de vivir es comprender la profundidad, la belleza de la libertad y la bondad que tiene; esa cualidad de la armonía en la vida nace de la sensibilidad, nace cuando todos los sentidos actúan, no un sentido concreto, sino todo el movimiento de los sentidos. Sin duda, la belleza existe cuando no está el “yo”, cuando yo no estoy hay belleza, cuando el ego no está, hay amor.
De modo que el amor, la bondad y la belleza son uno, no están separados, están interrelacionados. La palabra “bondad” está pasada de moda, pero tiene una extraordinaria profundidad, y esa profundidad sólo puede sentirse cuando hay libertad, cuando hay belleza y amor.
¿Qué es el deseo, cuál es la fuente del deseo, de dónde surge el deseo, surge del objeto que percibimos? Si veo un maravilloso automóvil, ¿crea ese ver el deseo? Por favor, presten atención, no estén de acuerdo con lo que dice el orador porque vamos a cuestionarlo todo, de manera que no caigan en la trampa. ¿Crea el objeto el deseo? Al ver una hermosa casa digo: «Dios mío, me gustaría tenerla».
Debemos investigar con mucho cuidado lo que es el deseo, no estamos diciendo que debamos suprimirlo o satisfacerlo, sino que juntos tenemos que descubrir por nosotros mismos, no que alguien nos lo diga, qué es el deseo. Uno ve un objeto, un automóvil, ve a una hermosa mujer o un magnífico árbol en un encantador jardín, y dice: «Caramba, me gustaría tener un jardín así», ¿nos damos cuenta de esa forma de desear? Cuando vemos algo, de ese ver surge una sensación y, a partir de esa sensación, ¿qué sucede? Contactar es parte de la sensación –si han escuchado esto con anterioridad, no lo repitan, porque entonces no tendrá ningún valor–, ver, contacto, sensación y, luego, ¿qué sucede? Vayamos despacio para descubrirlo. Si en un escaparate veo un maravilloso reloj y entro en la tienda, puedo examinarlo, tocarlo, sentirlo, sopesarlo, ver de qué material está hecho y… ¿qué sucede, entonces? Sucede que el pensamiento interviene, crea una imagen y dice: «Me gustaría tenerlo»; es decir, ver, contacto, sensación y, entonces, de inmediato interviene el pensamiento creando una imagen, una imagen que el pensamiento crea de yo teniendo ese reloj, y en ese instante surge el deseo.
Ahora bien, si ven el reloj, ¿puede existir entre ver, contacto y sensación, un intervalo antes de que el pensamiento lo agarre, lo moldee, le dé forma?, ¿pueden hacerlo? Todo sucede muy rápido, pero si puede ralentizarlo al igual que una película, entonces apreciará los detalles, de modo que amplíe ese intervalo y verá el deseo. Uno es el deseo, uno es la estructura misma del pensamiento y el deseo; por tanto, si se comprende, si se investiga la naturaleza del pensamiento y sus reacciones, puede ralentizar todo el mecanismo para que vaya despacio, o también puede comprenderlo al instante, lo cual requiere atención y pasión para descubrir.
Si comprendemos la naturaleza y la estructura del deseo, podemos descubrir qué es la meditación. Meditar conscientemente, ¿es eso meditación? Sin duda, no lo es, si conscientemente nos sentamos durante veinte minutos por la tarde o al atardecer, eso se convierte en una siesta relajada, muy agradable, confortable y placentera. Y bien, ¿qué es la meditación? Si conscientemente meditamos, si tenemos una dirección, un motivo, un deseo de alcanzar algo, es evidente que eso no es meditación, ¿verdad? Viene a ser lo mismo que si un empleado quiere llegar a ser el gerente, a las dos cosas son lo mismo, una la puede llamar “negocios” y a la otra “un logro religioso”, pero son exactamente lo mismo.
Los que meditan, ¿se dan cuenta de esto? Por supuesto que no, significaría que deben “soltar” su disfrute y entretenimiento preferido.
Estamos diciendo que meditar, de forma consciente, no es meditación, porque nace de un deseo de alcanzar algo, de convertirse en algo, que no es otra cosa que el ego queriendo ser algo, el ego, el “yo” queriendo ser Dios. Parece tan ridículo, discúlpenme por utilizar esa palabra. Entonces, ¿qué es meditación? Si no medita conscientemente, ¿qué es meditar? La palabra “meditación” significa ponderar, reflexionar, y también medida, esas son partes de la raíz etimológica de la palabra “meditación” en sánscrito. Ahora bien, ¿puede el cerebro dejar de medir? O sea, ser una cosa y querer ser otra, compararme con usted que es más apuesto, más elegante, tiene mejor cerebro, mejores cualidades, más sagacidad, lleva puesta una ropa maravillosa, y yo no soy ni tengo nada de eso, lo cual es medir, es comparar; por tanto, ¿puede dejar de comparar? No diga que sí, deje de comparar y descubra lo que significa vivir sin ningún movimiento de comparación.
Así pues, la meditación no es un acto consciente, deliberado, hay una meditación, por completo diferente, que no tiene nada que ver con el pensamiento y el deseo, eso quiere decir un cerebro realmente, si puedo utilizar esa palabra, “vacío”, vacío de todas las cosas del pensamiento, de lo que la humanidad ha hecho, en el cual hay espacio, porque eso es lo que significa libertad; amor significa eso, enorme espacio, inmenso, y donde hay espacio hay silencio y energía. Si uno está pensando en sí mismo todo el día, como hace la mayoría, entonces está reduciendo esa extraordinaria capacidad del cerebro a ese pequeño asunto que es uno mismo, por eso no tenemos espacio.
Quien les habla, no es un especialista del cerebro, pero ha dedicado mucho tiempo a estudiarse a sí mismo y a observar a otros. El cerebro tiene su propio ritmo que no puede cambiarse, sin embargo, cuando el cerebro está en silencio, sin parlotear, en perfecto silencio, entonces surge eso que no es posible medir con palabras, que es eterno, que no tiene nombre.
Así que comprendan que el amor no es una reacción, es libertad, y si hay amor hay una inteligencia que no pertenece al pensamiento, una inteligencia que está fuera del cerebro; la compasión, el amor y la libertad están fuera del pensamiento porque el cerebro está condicionado, no puede abarcarlos.
Charla pública en Bombay, la India
14 de febrero de 1984
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