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Artículo Retornar

El invierno ha llegado a la Sierra Nevada, donde vivimos Mukti y yo, trayendo consigo nieve, bajas temperaturas y la belleza sin adornos de la naturaleza, que se despoja de sus flores de primavera y verano, y regresa a sus raíces invernales. Los álamos del cañón están ahora desnudos, tras haber perdido todas sus hojas amarillas y doradas del otoño, hace semanas; y los pinos de las tierras altas, están cargados de nieve brillante como algodón de azúcar, aferrándose a las ramas y a las agujas de pino extendidas. Los osos ya han entrado en hibernación, y los ciervos descienden silenciosamente de los prados y arroyos de altura, hacia las laderas más bajas en busca de alimento. Y mientras paleaba unos cuantos metros de nieve recién caída. de los escalones que conducían a la puerta principal, me sentí atraído por el espíritu del regreso invernal de la naturaleza que me rodeaba.

Cada uno de nosotros, forma parte de la naturaleza y del mundo natural, tanto como los osos hibernando, los ciervos en movimiento, o una fría tormenta invernal que se avecina en el horizonte. Y sin embargo, aunque nos aislamos de tantas formas de la naturaleza, nosotros mismos somos naturaleza y reflejamos, en nuestra conciencia, los mismos ritmos y patrones que el mundo natural que nos rodea. Si prestas atención, puedes sentir el patrón de retorno y restauración durante estos meses de invierno. También, puedes sentir el movimiento natural de abandono y entrega que ocurre cada invierno, cuando las hojas caen de los árboles y las flores ceden sus pétalos al suelo del bosque para convertirse en nutrientes para el resurgimiento de nuevas flores en primavera. Por supuesto, estamos condicionados a mirar cosas nuevas y bellas, pero toda la belleza de la vida surge de la base primordial más allá de todos los nombres y formas. Si nada se desvanece, no habrá espacio ni energía para lo nuevo, lo transformador, la renovación vivificante del espíritu en lo profundo de todo.

Este nuevo año, volveré a la docencia tras un año sabático. Mi año sabático ha sido un año de constante retorno, de marchitarse hasta lo esencial. Hay un viejo dicho zen que dice: «De la rama marchita, florece una flor». Como todo lo zen, las grandes reflexiones se transmiten de la forma más sencilla y natural, con la mínima explicación. A todos nos gustan las flores hermosas, pero convenientemente, ignoramos las ramas marchitas de las que surgen y se expresan.

La mente occidental, se siente atraída y apegada a todo lo relacionado con la primavera y el verano, pero las raíces de la sabiduría y la comprensión se forjan en el marchitamiento y el regreso del invierno. Los dioses del sol, de diversas religiones, siempre han sido populares a lo largo de la historia; son las superestrellas carismáticas de la mitología. Pero cada dios del sol surge del suelo primordial donde, como dijo Meister Eckhart: «la distinción nunca miró». El invierno en sí mismo, es una metáfora de «donde la distinción nunca miró». Pero el invierno, es más que una metáfora, es una expresión material y viva del regreso de la vida. El invierno, es el proceso por el cual la vida se desprende de lo que ya no es esencial ni sustenta la vida, renovándose mediante un retorno a lo esencial, al núcleo, a la raíz de todo lo que somos.

Al unirnos al movimiento natural del invierno, y permitir que nuestra conciencia regrese a sus raíces en la base primordial, esencial e inconsciente de todo ser, no solo despertamos, sino que también nutrimos el aspecto dinámico y creativo del espíritu, sumergiéndolo en su fuente silenciosa. Una fuente que puede ser realizada, pero nunca transformada en lo conocido. Así pues, abracemos el invierno de la espiritualidad y el gran retorno a lo esencial, a una mente que no está estancada en su propio conocimiento imaginario, permaneciendo así siempre abierta a la realidad como tal.

 

© Adyashanti 2022

Fuente: ADYASHANTI

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