En uno de sus libros, Carl Jung relata una conversación que mantuvo con un jefe nativo americano que le señaló que, desde su punto de vista, la mayoría de los blancos tienen un rostro tenso, una mirada fija y un comportamiento cruel. El jefe indio dijo: «Siempre están buscando algo. ¿Pero qué es? Los blancos siempre quieren algo. Siempre están preocupados e inquietos. No sabemos lo que quieren. Para nosotros, están locos».
Por supuesto, este trasfondo de malestar constante comenzó mucho antes del advenimiento de la civilización industrial occidental. Pero en la civilización occidental, que ahora se extiende por casi todo el planeta, incluida la mayor parte de Oriente, este malestar se manifiesta con una agudeza sin precedentes. Existía en la época de Jesús, y seiscientos años antes en la época de Buda, y mucho antes aún. «¿Por qué estáis siempre ansiosos?», preguntó Jesús a sus discípulos. «¿Puede un pensamiento ansioso añadir un solo día a tu vida?» Y Buda enseñó que todo el sufrimiento proviene de nuestras constantes ansias y deseos.
Como disfunción colectiva, la resistencia al presente está intrínsecamente ligada a nuestra pérdida de conciencia del Ser, y es el fundamento de nuestra civilización industrial deshumanizada.
Por cierto, Freud también reconoció la existencia de este malestar subyacente y escribió sobre él en su libro «Malestar en la civilización», pero no reconoció su verdadera raíz ni se dio cuenta de que era posible liberarse de él.
Esta disfunción colectiva, ha creado una civilización muy problemática y extraordinariamente violenta que se ha convertido en una amenaza no sólo para sí misma, sino para toda la vida del planeta.
Fuente: María Vidosa
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