Saltar al contenido
Esta página web usa cookies: Éstas se usan para personalizar el contenido, ofrecer funciones de redes sociales y analizar el tráfico.

Artículo La enfermedad o síntoma: ¿enemigo o maestro?

Cuando se nos presenta, aparentemente de la nada, algún síntoma físico y/o enfermedad (leve o grave), la tendencia es a sentirnos víctimas de lo que nos está sucediendo. Es como si fuésemos ajenos a esta situación física que nos acontece. ¿Nos cayó de la estratósfera…?

Por un lado es lógico que pensemos ¿vaya a saber de dónde viene…? Es lo que hemos aprendido: ninguno, nunca, tenemos responsabilidad por nada; la “culpa”, siempre, la tiene algo/alguien del afuera.

¡Me complace comunicarles que somos responsables hasta de las dolencias físicas!

Hemos elegido venir a este planeta escuela Tierra para aprender! Eso sí… sin calificaciones, sin tiempos predeterminados, con la posibilidad de escoger cada una de nuestras situaciones de vida, pero… con ciertos exámenes, mientras vayamos sin consciencia por la Vida.

Entre esas pruebas, el síntoma o enfermedad es una de las situaciones probables a experimentar, decidida por nosotros antes de venir a este plano en este planeta. Hasta lo genético está fríamente calculado para vivenciar aquella dolencia hereditaria que me lleva a sanar más allá del cuerpo. Porque todo lo aparentemente superficial, tiene un significado mucho más profundo.

De esta manera, ese síntoma y/o enfermedad que presenta mi cuerpo me quiere enseñar sobre pensamientos y emociones discordantes en mí.  Me puede advertir sobre que estoy errando mi camino.

¡Lo que en un momento me conmociona, definitivamente, se convierte en mi aliado y maestro!

La lectura de esta experiencia la puedo hacer sola o buscando algún terapeuta complementario que me ayude a leer en mí esto que estoy pasando. Y sugiero complementario porque los profesionales de la medicina ortodoxa todavía se niegan, en muchos casos, a realizar estas interpretaciones. Por supuesto… ¡hay honrosas, y tan bien recibidas, excepciones! Además, que muchas veces necesitamos de los profesionales de la salud para que nos guíen en un tratamiento físico que complementa mi trabajo interior, básico para mi sanación.

Nada es azaroso, nada es por casualidad, todo tiene un sentido, ¡Y se lo tengo que encontrar!

Incurable, sin ir más lejos significa, contrariamente a lo que se nos ha dicho, que Tiene Cura. El ser humano crea la enfermedad (para aprender de ella), y por lo tanto puede revertirla cuando comprende su mensaje.

Si el prefijo IN precede a un verbo, implica que está dentro de esa acción que propone. CURABLE viene de curar…

¡La curación está dentro de mí y de ti!!!

¡Gracias Por Asumir Tu Poder!

0 comentarios

Dejanos tu comentario sobre el artículo La enfermedad o síntoma: ¿enemigo o maestro?