El 17 de octubre tendremos la Luna llena en Aries. Propongo que pongamos atención en estos días de Luna creciente hacia su plenitud en Aries. Hay mucho aún por integrar a raíz del eclipse solar en Libra, el 2 de octubre, y el lunar en Piscis, el 18 de septiembre. Poco a poco tendremos más claridad. Estos eclipses han sacado a la luz nuevas ramificaciones de un patrón de desvalorización y auto ataque cuyas raíces nos llevan a improntas heredadas varias generaciones atrás. Necesitamos tiempo para destilar esta información.
Este es el tiempo mínimo necesario para empezar a ver el cuadro completo. La Luna Llena en Piscis separó todas las piezas, visibilizó la fragmentación, reveló las grietas entre lo que creemos y lo que es. Los espejismos se rompieron y la fe puesta afuera, en un ideal que ha revelado un vacío al mirarlo. Una ausencia de sentido. ¿De qué me agarro? Preguntamos cuando las certezas se desmantelan. Esa escenificación que teníamos fija como segura dependía de cuatro alfileres. Nuestra percepción no es tan sólida como creímos. Fantasía, ingenuidad, idealismo y escapismo son algunas de las trampas reveladas por el fervor de la realidad.
De la ingenuidad a la inocencia hay un paso. La realidad es que no hemos vivido las iniciaciones necesarias para discernir lo verdadero de lo falso. La pregunta es si realmente sabemos elegir. Me refiero a ingenuidad con relación a las voces que nos gobiernan y en las cuales depositamos nuestra fe, ciega. Esas creencias que no hemos tenido la oportunidad de interrogar han asomado la cabeza para mostrar sus colmillos. ¿A qué poderes les conviene que me mantenga fiel a esta mirada?
El clima que precede la Luna llena en Aries del 17 de octubre nos habla de una separación. La energía que se ha ido acumulando en el pasado mes es combustible que anima la decisión y la valentía de separarnos. Pensamos que nos separamos de una situación intolerable; pensamos que nos separamos de determinada trama vincular; pensamos que nos liberamos de alguien, o de algo. Y sí, hay algo en el campo energético actual que se constela de esta manera. Nos podemos sentir portadores de la espada de un nuevo discernimiento, implementando justicia y forzando un nuevo orden. Con la mejor de las intenciones, creemos. Este impulso justiciero se empieza a sentir. Está en el aire. Sin embargo, la separación es más profunda, más íntima, y es más difícil de conectar con su campo si estamos mirando hacia afuera a ver a quien corregimos, en vez de hacernos cargo de la trama interna.
Así que antes de seguir el impulso y separarnos de algo o alguien, la invitación es a reconocer el plano interno e íntimo de esta separación. ¿De qué creencia me separo? ¿De qué patrón me separo? Antes de expulsar hacia afuera nuestra reivindicación de independencia, y sentir el alivio de habernos separado de determinado campo, tal vez, una inversión de tiempo y energía más adecuada sería reconocer la parte nuestra que pide separación de un patrón de conducta que, hasta ahora, no habíamos tenido la oportunidad de palpar y sentir como lo estamos haciendo en estos momentos.
Si estás pensando en salir de la situación, separarte de la trama, dar fin a un acuerdo, cerrar la puerta, si estás sintiendo la necesidad de independizarte de algo o alguien, te diría que esperes. Espera y mira para adentro. ¿Quién(es) habla(n)? ¿Qué quiere(n)? Espera a que Luna llegue a su plenitud. Todavía hay sombras que alumbrar. Capas más profundas que revelan un núcleo, la raíz. Pregunta, ¿por qué me hago daño?
Tal vez lo que necesita más tiempo y luz no es tanto el qué, como el cómo y desde dónde. A lo mejor tenemos claro que nos vamos, sin embargo, no tenemos claridad en la manera de irnos. No tenemos la seguridad de hacerlo desde un lugar de integridad y responsabilidad propia, y ajena. La Luna Llena en Aries nos habla del fuego del basta ya. No quiero. Esto no es para mí. No me gusta y tengo derecho a sentir lo que siento. Mi territorio, mi energía, mi vida: ése es el guion de Aries. Con el fuego de la indignación justiciera, la espada de mi verdad pone todo en orden; se acabó. Y, sí, hay algo de esta escenificación en el aire. Sin embargo, la llamada a la espera tiene que ver con manejar esta energía desde un lugar que no necesite herir a otra persona para extraer el poder de reivindicar nuestra verdad. No necesitamos destruir y dañar para abrir paso a lo nuevo. Es a favor nuestro, no es en contra de nadie. Necesitamos poner atención en este detalle. Lo que hago a favor mío no tiene de ninguna manera que ser algo que atente contra el carácter o integridad de otras personas. No hay agresividad en poner un límite. Si nuestro límite molesta, es asunto de la otra persona resolver consigo misma lo que le pasa con nuestro límite. Poner un límite es afirmativo y tiene consecuencias. Es muy revelador.
Nombrar lo que nos ha pasado en una situación y cómo nos hemos sentido no debe ser motivo de guerra. En la frontera del vínculo, emergen voces, múltiples y contradictorias. La que quiere quedar bien. La que quiere prevalecer. La que se quiere imponer. La que se quiere vengar. La que quiere mantener la paz. La que busca reconciliación. Son estos matices los que piden que nos tomemos un tiempo antes de tomar la justicia en nuestras manos. El campo pide que, por un lado, elijamos responsablemente nuestras batallas, porque hay situaciones que así lo requieren y, por otro, que no confiemos plenamente en la intensidad con la cual nuestra verdad necesita abrirse paso. El qué es una cosa, y el cómo, otra. A veces pasa algo en la expresión del cómo que está en disonancia con el qué. Es decir que, en el impulso de la defensa o reivindicación que emerge, se nos va de las manos e invadimos o violamos el campo ajeno, porque no hemos aprendido a manejar nuestro poder. Éste es un síntoma de nuestra disociación, de no conectar soma y mente. Entonces sentimos una cosa y la interpretamos y, en esa interpretación, hay interferencias que no hemos interrogado.
Entonces, antes de implosionar el campo, tomemos en cuenta que separarnos no quiere decir destruir. Que nuestro paso afirmativo y de separación es simplemente reconocer que determinado contrato del alma venció, que ya no es nuestro escenario evolutivo, y que la gracia está en reconocerlo y actuar desde la gratitud por lo que ese contrato implicó en nuestra vida. Gratitud y también un tiempo de sentir y honrar el duelo y la desorientación implícita en el cambio de guion que la vida nos pide u ofrece.
La temporada de eclipses abrió el 17/18 de septiembre, con un eclipse lunar + Luna Llena en Piscis. Es hasta aquí que queremos llegar para situar la acción necesaria en esta Luna Llena en Aries. Algo que hemos hecho toda la vida, desde que tenemos memoria, ya no funciona. Un velo ha caído. Ya no me hace bien esta conducta, actitud, estrategia. Esta posición ya no me sirve. Este ya no es mi lugar. Esta lealtad a esta parte de mí me hace daño. Estoy cambiando y mi cambio se expresa de esta manera. No me ataco más.
Como mínimo esperemos a que la Luna Llena en Aries del 17 de octubre complete la narrativa abierta en el eclipse del 18 de septiembre. Necesitamos por lo menos hasta el 17 de octubre para digerir, integrar y permitir que estas energías empiecen a colocarse; para tener claridad sobre qué es lo que están comunicándonos.
Con la Luna Llena en Aries, habremos culminado esta fase del ciclo lunar, pero la repercusión a largo plazo que estos eclipses han traído, lo que sea que han removido, y está pidiendo recolocarse, se extiende a los próximos 6 a 12 meses. Ahora, tomando en cuenta la posición de los planetas y las fuerzas arquetípicas en juego en esta narrativa de la Luna Llena en Piscis y Nueva en Libra, me atrevo a nombrar que estamos hablando de un impacto que repercute de cinco a seis años en adelante. Tomando esto en cuenta, éste es un tiempo en el que queremos preservar nuestra energía. La necesitamos para un largo recorrido. Quemar cartuchos a diestra y siniestra sin reconocer con humildad que no tenemos información suficiente para sostener la espada de la certeza es, no sólo temerario e infantil, sino un despilfarro de energía evolutiva. No hay tiempo para todo. Y la guerra es la gran vampira de tiempo vital. ¿En qué y con quiénes nos queremos invertir? ¿Vale la pena librar estas batallas?
Queremos poder discernir con claridad las voces que nos rodean, internas y externas. Queremos discernir con claridad la vía, la decisión, la manera de abordar esta invitación al cambio. Es un cambio vincular. No lo ponemos en duda. La pregunta es, ¿cómo lo acompañamos?
Los dos eclipses, el lunar en Piscis y el solar en Libra, han impactado nuestro campo vincular. Uno, el de Piscis, de manera subterránea e implosiva, desenterrando minas emocionales y sacando a la luz secretos y revelaciones. El otro, el de Libra, en un plano más mental, como escenificación de un diálogo contractual que mide el costo beneficio de una decisión. El campo del eclipse lunar en Piscis fue visceral, el de Libra pedía orden y dirección. La balanza todavía se está moviendo a favor de esa búsqueda de equilibrio. Si el eclipse en Piscis reveló un patrón subterráneo de abuso o autocastigo, entonces en Libra, en esa balanza en movimiento, la búsqueda de equilibrio nos puede llevar a repetir la intensidad energética del abuso en las medidas que queremos negociar. Y es aquí donde pongo la alerta.
Como he narrado en el pasado, estamos en el umbral de la estadía definitiva de Plutón en Acuario. El 12 de octubre recupera su marcha directa en el último grado de Capricornio. El 19 de noviembre entra en Acuario. Estará en este signo por los próximos 20 años. Éste es el tránsito de nuestra era y generación. Todas y todos tenemos un contrato de alma con esta energía y este campo arquetípico. Plutón en Acuario tiene muchos niveles de impacto, vinculado a la mente grupal, las comunidades, la tecnología, la inteligencia artificial, sí, todo esto está implícito en este ciclo de Plutón. Y también, y esta es la dimensión con la que más conecto y la perspectiva que ofrezco, Plutón en Acuario tiene un impacto directo en la manera en la que nos relacionamos. Acuario, como Géminis y Libra, es un signo social. ¿Cómo nos movemos colectivamente y cómo nos posicionamos con relación al inevitable futuro sin deshumanizarnos, esa es mi pregunta? ¿Y qué lugar tiene nuestro campo vincular –nuestras relaciones íntimas, sociales, contractuales, colaborativas– en este proceso de humanización o deshumanización? Es en la intimidad que se puede dar una batalla feroz, un desacuerdo íntimo que impacta la red colectiva de una determinada manera. ¿Cómo me miras? ¿Cómo me interpretas en mi intimidad? ¿Podemos compartir nuestra vulnerabilidad? ¿Nos comparamos, envidiamos, competimos? ¿Cómo danza la sombra entre tú y yo? ¿La podemos mirar juntos, o nos avergonzamos? Esto es el futuro. Y propongo que cuidemos mucho nuestro corazón e interroguemos si quienes nos acompañan comparten valores, visión afectiva, solidaridad, o si nos estamos relacionando con personas dentro de estructuras de poder y dominación, de verdades no dichas, de micro-traiciones, que van minando la confianza sagrada del vínculo humano.
Plutón en Acuario tiene que ver con el poder de los procesos colectivos, el poder de la mente grupal y cómo, al dejarnos llevar fácilmente por las narrativas grupales, podemos perder nuestro centro. Podemos perder el eje de nuestra subjetividad. Olvidarnos de quiénes somos, de nuestra naturaleza sentida y de nuestra conexión con la vida compartida, de la manera en la que la hemos vivido por milenios.
Hay algo en el campo de este ciclo evolutivo humanitario que estamos viviendo como colectivo que nos va a pedir que miremos la sombra de nuestras creaciones. Todo lo que se ha mantenido oculto, de alguna manera está pidiendo salir a la luz. Siempre hay una vía por la cual brotará lo reprimido. Algo tenemos que mirar en el colectivo en estas décadas, y nos tenemos que preparar, y la preparación es interna. Saber cuál es nuestra verdad, cuál es nuestra brújula, cuál es nuestro norte, qué detona nuestras respuestas, desde dónde elegimos, desde dónde decidimos, es nuestro tesoro y poder. Y lo tenemos que cultivar. La confianza empieza en casa, bien adentro.
Este puede ser un ciclo bien confuso. De alguna manera el eclipse en Piscis ha abierto metas narrativas. Son varios planos a la vez. Desde la sangre y la ancestralidad, que desde el no tiempo se revela protagonista de estos patrones arcaicos que nos dominan de manera insidiosa, hasta la rutina del día a día, todo nos habla. Hay muchos campos abiertos a la vez. Y nos acompaña un sentimiento de agotamiento por no poder con tanto.
Esta es la vía que hay que seguir. Hay que seguir esa parte nuestra que está reconociendo que al ritmo que van las cosas, y con los recursos que tenemos, es posible que no podamos manejarlo todo. Desde el guion, o el rol o personaje que he asumido, o la manera que lo he manejado hasta ahora, no funciona. Reconocemos que hay algo que está pidiendo una transformación necesaria que nos permita actualizarnos para manejar nuestros tiempos de manera más realista.
De ahí la invitación a revisar mis creencias, mis valores. ¿Cómo estoy ordenando mi vida y qué dirección le estoy dando a mi energía afectiva y creativa? ¿Puedo discernir lo que es valioso para mí?
Esta es una revisión importante que nos invita a elegir el rumbo, a ser más cuidadosos y cuidadosas con nuestra energía, con nuestros recursos, con nuestro tiempo. Se trata de reconocer que, ahora mismo, es bien difícil encontrar afuera la coherencia que necesitamos. Y si nos hemos apoyado mucho en lo de afuera, es decir en personas, situaciones, relaciones, actividades, es posible que sintamos esa separación forzosa que nos obliga a estar a solas con nuestra existencia. Puede ser un tiempo en el que nos podemos encontrar realmente perdidos y perdidas. De ahí, la invitación a no decidir desde este lugar. Aceptamos la invitación a separarnos y a honrar el contrato de alma que se cierra, pero participamos de la creación del campo que queremos habitar, dándole cariño a la narrativa interna, nutriéndola de benevolencia. Nos decimos, mi tiempo es sagrado, lo cuido. Me separo de aquello que atente contra mi tiempo. Mi energía es mi tesoro. La custodio. Me separo de lo que me drena. Y así, vamos tejiendo nuestro deseo y nuestra subjetividad, en afirmación creativa a favor de nuestra vida. El límite emerge entonces como el protector del jardín que queremos cuidar, cultivar y ver crecer.
Este es un ciclo en el que también podemos apreciar el trabajo que hemos hecho hasta ahora a nivel interno. Para muchas y muchos, este puede ser un ciclo de cosecha de tiempo y energía creativa. Los límites que hemos puesto rinden sus frutos. Sentimos gratitud y dudamos menos porque nos damos cuenta del valor que tiene ponernos primero en determinadas situaciones. Honramos lo que hemos sabido cuidar y preservar, y cómo nos está sustentando y sosteniendo en estos momentos. Entonces, también es un tiempo para dar las gracias por lo que hemos cosechado y en lo que hemos invertido, en claridad, confianza y en certeza; de lo que toleramos y lo que no toleramos, de nuestros si y de nuestros no. Para algunas y algunos, ya es posible ver el rumbo que va trazando nuestra barca en medio de la tempestad. Hemos sentido la benevolencia de la energía protectora y de cuido que hemos cultivado.
Esta es la palabra que he sentido entregar para este ciclo. Mientras un mundo de creación sombría se derrumba a nuestro alrededor nos reconocemos creadores del reino interno. Que la valentía de Aries nos inspire a creer en ese Yo y su jardín florido.
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