El pensamiento está asociado con otros pensamientos, es una serie de movimientos que llamamos “el pensar”, de hecho, un pensamiento no puede existir por sí mismo, no puede existir sin todas sus asociaciones y conexiones. Nuestra vida es pensamiento, eso es algo obvio, y el pensamiento siempre tiene relación con algo, un pensamiento le sigue a otro pensamiento: si estoy lustrando mis zapatos y al mirar por la ventana veo una montaña me distraigo, tengo que volver a estar pendiente de lustrar mis zapatos; si quiero concentrarme en algo el pensamiento se mueve en otra dirección, tengo que volver atrás e intentar concentrarme. Esto es lo que sucede todo el tiempo, desde la infancia hasta que morimos, cuanto más pensamos en los pensamientos más pensamientos vienen: «Debo pensar de esa manera», «debo pensar correctamente», «¿hay un recto pensar, un pensar equivocado, un pensar deliberado?», «¿cuál es el propósito de la vida?», etc., cuando todo ese proceso del pensar empieza no tiene final.
El pensamiento ha creado las cosas más extraordinarias, en lo tecnológico ha producido las cosas más espantosas, más horribles, ha inventado los rituales de cada religión, ha torturado a los seres humanos, ha expulsado a gente de una parte del mundo a otra. El pensamiento, tanto en Oriente como en Occidente, sigue siendo pensamiento, no hay un pensar oriental y un pensar occidental como dos cosas separadas.
¿Puede el pensamiento dejar de interferir? No en la forma de pensar suya o mía, ni decir que debemos pensar juntos, que debemos movernos en la misma dirección, lo que estamos preguntando es si el pensamiento puede dejar de interferir, es decir, ¿puede el tiempo terminar? El pensar es el resultado del conocimiento, de la memoria, y para acumular conocimientos uno necesita tiempo, incluso una computadora, que es algo tan extraordinario, necesita fracciones de segundo para buscar la información, pero cuando preguntamos si el pensamiento puede dejar de interferir, estamos preguntando también si el tiempo puede detenerse. Si lo investigan, es una pregunta muy interesante.
¿Qué significa para nosotros el tiempo, no sólo el psicológico, sino también el físico, la salida y la puesta del Sol, el aprender un idioma, etc.? Uno necesita tiempo para ir de un lugar a otro, incluso si es en un tren muy rápido o en un avión, y mientras exista esa distancia entre “lo que es” y “lo que debería ser”, entre “lo que soy” y “lo que debo ser”, no importa si es una distancia muy corta o una distancia de siglos, esa distancia sólo puede cubrirse con tiempo. Por otro lado, el tiempo implica evolución, uno planta una semilla en la tierra y esa semilla necesita todo el ciclo para germinar, para crecer, o mil años para convertirse en un árbol enorme; todo lo que crece o se desarrolla necesita tiempo, por consiguiente, el tiempo y el pensamiento no son dos movimientos separados, son un único movimiento unitario.
Estamos preguntando si el pensamiento y el tiempo pueden detenerse, ¿cómo lo descubrirán? Esta ha sido una de las dificultades que el ser humano ha tenido que afrontar desde sus orígenes; sabiendo que el movimiento del tiempo es un círculo, que el tiempo es un cautiverio y que la esperanza implica tiempo, el hombre no pide más oportunidades, pide si el tiempo puede terminar.
Esta es una cuestión muy seria, no estamos investigando si existe lo eterno, estamos preguntando si el tiempo, que es pensamiento, puede detenerse; ahora bien, ¿cómo lo descubriremos? ¿Por medio del análisis, por medio de la llamada “intuición”? Esa palabra “intuición”, que con tanta frecuencia se utiliza, puede ser muy peligrosa, puede tener relación con nuestros deseos ocultos, con nuestros motivos profundamente arraigados de los cuales no somos conscientes, o con nuestra costumbre de reaccionar, con nuestras idiosincrasias, con nuestro conocimiento acumulado. Lo que nosotros estamos preguntando es: ¿puede uno soltar todo esto, terminar con el tiempo? ¿Cómo lo descubrirá? “Usted”, no otra persona, porque lo que otros dicen no es importante.
Debemos investigar tan hondo como podamos la naturaleza del tiempo, de la misma manera que ya investigamos la naturaleza del pensamiento, ¿puede todo eso terminar? ¿Es un proceso gradual? Si es un proceso gradual, el mismo proceso gradual es tiempo, de modo que el terminar no puede ser gradual, no puede ser “después de”, no puede ser mañana, la próxima semana o unos minutos más tarde, incluso no puede ser el próximo segundo, todo eso incluye al tiempo. Si uno de verdad lo capta, comprende profundamente la naturaleza del pensamiento, la naturaleza del tiempo, de la disciplina, del arte de vivir; si uno no lo esconde con ninguna clase de movimiento, sino que permanece muy quietamente con eso, entonces se alcanza a vislumbrar su naturaleza, hay una percepción profunda que no tiene relación con la memoria ni con nada. ¡Descúbranlo!
Quien les habla puede decir con facilidad que hay un terminar, pero eso sería una gran tontería, porque a menos que realmente lo investiguemos, lo experimentemos, lo afrontemos, lo examinemos profundamente, no es posible descubrir esa sensación extraordinaria de lo eterno.
¿Cómo puede un cerebro limitado captar lo ilimitado? No puede, porque es limitado. ¿Podemos captar el significado, la profundidad, la cualidad del cerebro y reconocer el hecho, el hecho no la idea, de que nuestros cerebros están limitados por el conocimiento, por las habilidades, por ciertas disciplinas, por pertenecer a un grupo, a una nacionalidad? Todo esto, básicamente, es interés propio, es esconderse, es camuflarse con todo tipo de cosas, ropas, coronas, rituales, y esa limitación surge cuando hay interés propio, es obvio, cuando estoy interesado en mi propia felicidad, en mi propia realización, en mi propio éxito; ese interés propio limita la cualidad y la energía del cerebro. El cerebro, durante millones de años, ha evolucionado en el tiempo, con la muerte y el pensamiento, y esa evolución significa una serie de sucesos en el tiempo, para crear todos los rituales religiosos se necesita tiempo. De modo que el cerebro ha sido condicionado, limitado por su propia voluntad, ha buscado su propia seguridad, se ha mantenido dentro de su propia parcela diciendo: «Creo», «no creo», «estoy de acuerdo», «no estoy de acuerdo», «esa es mi opinión», «esa es mi valoración». Todo esto es interés propio, tanto si es en la jerarquía religiosa, entre los más destacados políticos, en la persona que busca poder a través del dinero, en el profesor o la profesora con su tremendo conocimiento académico, en todos los gurús que hablan de bondad y de paz, todo eso sigue siendo parte del interés propio.
Nuestro cerebro se ha convertido en algo muy insignificante, hemos reducido su inmensa capacidad, y aunque en lo tecnológico el cerebro ha creado innovaciones tremendas, también tiene inmensas capacidades para investigar muy profundamente lo interno, y sin embargo el interés propio lo limita. Es muy sutil descubrir por uno mismo dónde se esconde el interés propio, puede esconderse detrás de una ilusión, de una neurosis, de fantasías, en cualquier nombre familiar, y para descubrirlo hay que remover cada piedra, cada brizna de hierba.
Si para hacerlo le lleva tiempo, eso se convierte en una esclavitud, pero puede verlo, captarlo, tener una percepción directa de forma instantánea, y tener esa percepción directa es abarcar todo el campo.
¿Cómo puede un cerebro condicionado captar lo ilimitado, eso que es la belleza, el amor y la verdad? ¿Cuál es la base de la compasión y la inteligencia? ¿Pueden manifestarse en nosotros? ¿Invitan a que se manifiesten la compasión, la inteligencia, la belleza, el amor y la verdad? ¿Intentan captarlas? Se lo estoy preguntando, ¿intentan captar la cualidad de la inteligencia, de la compasión, el sentido inmenso de la belleza, el perfume del amor, y esa verdad que no tiene sendero? ¿Es eso lo que quieren captar, quieren descubrir la base donde habitan? ¿Puede un cerebro limitado captarlo? No tienen ninguna posibilidad de captarlo, de contactar con ello, porque practican cualquier meditación, ayunan, se torturan a sí mismos, se vuelven terriblemente austeros, sólo llevan una pieza de ropa. Los ricos no pueden encontrar la verdad, tampoco pueden encontrarla los pobres, ni la persona que opta por el voto del celibato, del silencio, de la austeridad, todo eso está predeterminado por el pensamiento, creado de forma gradual por el pensamiento, todo es una planificación deliberada del pensamiento, tiene una intención preconcebida. Al ser el cerebro limitado, haga lo que haga, sentarse con las piernas cruzadas, en posición de loto, entrar en trance, meditar, sostenerse con la cabeza abajo y los pies arriba, o con una pierna, cualquier cosa que haga nunca lo alcanzará, nunca tendrá la compasión.
De modo que uno debe comprender lo que es el amor, el amor no es sensación, no es placer, no es deseo, no es realizarse, no es celos ni odio; la compasión, la generosidad y el tacto son parte del amor, pero estas cualidades no son el amor. Para comprenderlo, para encontrarlo se necesita esa inmensa capacidad de valorar la belleza, no la belleza de una mujer, de un hombre o de una estrella del cine, la belleza no está en la montaña, en los cielos, en los valles o en el movimiento de las aguas de un río, la belleza únicamente existe cuando hay amor; la belleza y el amor son compasión, y la compasión no tiene un lugar, no depende de su conveniencia.
La belleza, el amor, la verdad son la forma más alta de inteligencia, y cuando esa inteligencia se manifiesta hay acción, claridad, una sensación inmensa de dignidad, es algo que no puede imaginarse, y como no puede imaginarse, al ser ilimitado, no puede plasmarse en palabras. Pueden intentar describirlo, algunos filósofos lo han hecho, pero esos filósofos que lo han descrito no conocen eso que han descrito.
Para que se manifieste esa enorme sensación no puede estar presente el “yo”, el ego, la actividad egocéntrica, el llegar a ser, debe haber un gran silencio en uno. Silencio significa completo vacío, donde hay un enorme espacio, y en ese enorme espacio hay una inmensa energía, no la energía del interés propio, sino una energía ilimitada.
La muerte es la cosa más extraordinaria, termina con la larga continuidad, con esa continuidad en la que esperamos encontrar seguridad, pero el cerebro sólo puede funcionar con perfección si tiene completa seguridad, seguridad ante el terrorismo, seguridad en una creencia, seguridad en el conocimiento, etc. La muerte termina con todo esto; puede que uno tenga esperanzas en la próxima vida y todas estas tonterías, pero la muerte, definitivamente, termina con esa larga continuidad, y aunque uno se haya identificado con esa continuidad, esa continuidad que es el “yo”, la muerte dice: «Lo siento, amigo mío, se ha terminado». Si uno vive constantemente con la muerte no tiene miedo a la muerte, en realidad no esta temeroso, es decir, muere a cada instante; no tener continuidad y luego terminar, sino terminar cada día con eso que uno ha acumulado, ha memorizado, ha experimentado.
El tiempo nos da esperanzas, el pensamiento nos da satisfacciones, nos garantiza tener continuidad, y nosotros decimos: «Bien, en la próxima vida…», pero si ahora no terminamos con esas tonterías, con esas bobadas, con esas ilusiones, las retomaremos en la próxima vida, siempre que haya una próxima vida. El tiempo, el pensamiento dan continuidad, y nosotros nos aferramos a esa continuidad, por eso tenemos miedo, pero el miedo destruye el amor. El amor, la compasión y la muerte no son movimientos separados.
¿Podemos vivir con la muerte, pueden terminar el pensamiento y el tiempo? Todas estas cosas están relacionadas, no separemos el tiempo, el pensamiento y la muerte, porque son una sola cosa.
Diálogo público en Saanen, Suiza
25 de julio de 1985
Tomado0 del libro Krishnamurti Esencial.
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