Saludos
Hace una o dos newsletters atrás les comuniqué que estaría compartiendo parte de mi mirada y trabajo en torno a la bruja aquí en esta newsletter.
Lo hago para que las personas que no pueden -o no quieren- comprometerse con el recorrido de cinco meses que propongo, tengan un contexto de lo que se está moviendo en el campo con relación a esta dimensión del poder femenino que nombramos como la bruja.
Tal vez te preguntes de dónde viene toda esta información, todo este cuerpo de trabajo que comparto. Viene de mucho recorrido por los caminos que nombro, muchas caídas y errores, confusiones y claridades. También viene mucho del apoyo que he encontrado y recibido, tanto en el mundo del espíritu como en la conciencia y práctica cíclica, especialmente con la Luna y Venus.
Lo que me está sorprendiendo es lo curativo y liberador que está siendo para mí escribir, nombrar y liberar en el colectivo este campo energético vinculado a la bruja.
Me estoy curando y liberando.
Siento que llevo con ‘todo esto’ comprimido y destilado dentro de mí, y ahora que mi madre ha fallecido, conecto con el permiso de las aguas que fluyen.
Todo confluye para que en este momento -entre eclipses (en septiembre); con el portal de los ancestros, (en noviembre); y el inframundo de Venus, (en enero)- podamos hacer nuestra carga -la que sea- más ligera.
Empiezo por mí. Estoy preparada para soltar. Para presentarme con humildad y el corazón vibrante, a honrar lo que pide ser honrado, redimido y liberado. Liberar lo que está secuestrado en unas narrativas rancias que comprimen el campo creativo de la creatividad femenina.
La fecha límite para unirte a la bruja será el 25 de agosto.
En estos días y semanas seguiré publicando el material que se desborda de los contenidos que elaboraremos a partir de septiembre, y hasta enero, en la bruja.
… Los enlaces de pago para suscribirte a la bruja también están a pie de página.
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WICCA
DE LA DIOSA AL ESCENARIO
La Wicca nació como el reclamo de devolverle a la Diosa su lugar en nuestra memoria espiritual. De ofrecernos un camino espiritual al margen de las jerarquías patriarcales. En su momento fue como una grieta luminosa en la modernidad, una vía para que muchas mujeres pudieran nombrarse sacerdotisas sin tener que pedir permiso a ninguna iglesia. Sin embargo, ese fundamento corre el riesgo de haberse convertido en un espejo cerrado, incapaz de reflejar las urgencias del presente.
Lo que empezó como un rito de soberanía se ha convertido, en demasiados casos, en una espiritualidad performática, más pendiente de la estética que del tejido profundo de la vida.
Altares perfectos, herramientas impecables y gestos calculados sustituyen la experiencia encarnada, que a menudo es intuitiva, improvisada dentro de un orden orgánico y abierta a la sorpresa.
El círculo, que debería ser espacio de encuentro con lo invisible, se vuelve un guion, a menudo ortodoxo y dogmático, de repetición y obediencia. La bruja aquí es más actriz que médium. Este desliz hacia la forma sin fondo no sólo vacía de poder el ritual, sino que lo convierte en un escenario cómodo donde la transformación real no sucede. Por ‘cómodo’ me refiero a que, en la seguridad de la repetición y la obediencia, nos refugiamos del trabajo verdadero. Sublimamos. Pero cuando salimos del trance de la matriz que hemos creado regresamos a la realidad ordinaria. Al día a día de la realidad y/o de la sobrevivencia.
En esta frontera, la batalla por nuestra integridad es feroz. Volvemos la realidad ordinaria, cruzamos el puente de vuelta, sin las herramientas de integración necesarias para lidiar con las batallas del día a día. Soy testigo de la gravedad de esto que nombro. Lo viví. Tuve que asumir las consecuencias y el costo de mi ir y venir en este puente. Tardé en escuchar las señales evidentes. Más bien, tardé en obedecer la voz que me recordó que, en nombre de la pertenencia y la cura de la relación con lo femenino, al final me estaba abandonando.
Dependiendo de tu historia, del trauma oculto y subterráneo que habla desde tus tejidos, algunas ceremonias o iniciaciones, especialmente las que se sincronizan con la Luna, o tránsitos importantes de Venus, despiertan corrientes subterráneas que pueden fraccionar tanto la psiquis, que genera desequilibrios irreparables.
MEDIUMNIDAD Y MODERNIDAD
La mayoría de las mujeres que acuden a mi consulta son médiums. Médiums en desarrollo; médiums con el don latente; médiums educadas, maduras; médiums desordenadas que buscan guía, orientación.
Las emociones, las hormonas, la bioquímica de nuestra alimentación, cuan adictas estamos y a qué sustancias y hábitos, todo influye el orden y la impecabilidad que somos capaces de sostener con relación al uso de nuestro poder creativo.
Le tenemos tanto miedo al misterio que somos, a nuestro poder de dañar, de equivocarnos gravemente y de volvernos locas, que reprimimos nuestro poder, lo minimizamos, lo camuflamos.
Esta distorsión, genera un campo proyectivo intolerable de sostener. Nos come. Nos hace violentas las unas con las otras. Esto beneficia los poderes que controlan la narrativa. Si el tejido vincular colectivo de la bruja está en guerra, se autodestruye. Quiere decir que está parasitado. Es una autoinmunidad colectiva.
Entiendo que esto que nombro es complejo y delicado. Aclaro que hablo desde mi práctica como puente, entre el arte –la creación–, la ciclicidad y la experiencia estética con la cura, el misterio y la mística.
Cuando hablo de ‘cura’, hablo de romper los maleficios que nos enferman.
AL RESCATE DE LA BRUJA MODERNA COMO UN CAMINO PREVENTIVO
Lo que constato, es que el movimiento de la Diosa, el rescate de la bruja moderna como arquetipo de poder y avatar ceremonial, no nos está apoyando en la navegación de las capas más profundas del proceso colectivo que estamos llamadas a encarnar en este tiempo. No hablo de sostener. Sólo de cuidar y honrar a nivel íntimo primero –vincular, de uno a uno– y colectivo después –de poco a poco– para establecer campos de confianza y restauración curativa para llevar luz a este territorio que nos pide presencia y conciencia.
Entonces, dentro de las estructuras ceremoniales, el poder corre el riesgo de volverse acumulativo y cerrado. La estructura jerárquica de ciertos cóvens (1) de brujas facilita que quienes lideran, acumulen autoridad sin una verdadera reciprocidad ni transparencia. Justifican su control con argumentos espirituales.
La disociación aparece cuando la identidad ritual no dialoga o no se integra con la vida cotidiana. Entonces el yo sacerdotal vive separado de las decisiones, vínculos y responsabilidades diarias. De este corte interno, nace la incoherencia ética, el abuso de poder, o la incapacidad de responder a los retos del mundo. El problema de fondo es el estancamiento.
ESTANCAMIENTO E INERCIA
El calendario wiccano y sus ceremonias fijas, pueden funcionar como un refugio identitario, pero si no se alimentan de la escucha a la Tierra viva y de la historia que se está escribiendo ahora mismo, se vuelven ciclos mecánicos.
Una bruja que repite la Rueda del Año sin interrogarse por el sentido político y espiritual de sus gestos corre el riesgo de perder su relevancia.
La Wicca, para ser fértil hoy, necesitaría abrirse a una ecología de la reciprocidad, abandonar el teatro vacío y recuperar el filo vivo de lo que en su esencia encarnó. Una fuerza para la vida y no un escenario ritual.
Para proyectos como la bruja, esta genealogía invita a distinguir la herencia de la inercia.
La herencia útil es el lenguaje ritual accesible, el pilar entre Cielo y Tierra, la conciencia cíclica, la legitimación del liderazgo femenino y la imaginación simbólica compartida.
La inercia, se revela en la resistencia a revisar los guiones cerrados; en la búsqueda estética como fin; en el consumo ceremonial como un sustituto de un proceso de aprendizaje profundo y estructurado; y –muy importante– en la autoridad sin un marco regulador de rendición de cuentas.
La vía regenerativa fuera del estancamiento pasaría por anclar los círculos en prácticas de trabajo con la sombra, aprendizaje de curación, reciprocidad energética y vincular, y cuidado real, basado en el afecto y el respeto en vez del interés por el poder. Esta vía regenerativa incluye un cultivo de una ética compartida en el que se pueda dialogar abiertamente sobre límites, consentimiento y transparencia económica. También implica educarnos compasivamente en nuestras lagunas y nutrir el tejido vincular de la benevolencia que nace en ecosistemas vinculares seguros. Esta regeneración plantearía también unir el ritual con el territorio y la comunidad de manera que no sólo tomemos del territorio, sino que también le devolvamos.
EMPODERAMIENTO FEMENINO
El término empoderamiento llegó al discurso de género en los años 80/90, traducido del inglés empowerment. En su origen, en la teoría feminista y los movimientos comunitarios, implicaba procesos colectivos de toma de conciencia, organización política y redistribución real de poder material y simbólico. No era un estado que se daba desde fuera, sino un proceso de autodefinición y de agencia que requería confrontar estructuras patriarcales, coloniales y capitalistas. Sin embargo, en las últimas dos décadas, el concepto fue tomado por las corporaciones, el marketing y el coaching individualista, reduciéndolo a una experiencia subjetiva de sentirse bien o lograr metas personales sin alterar las estructuras de opresión.
En el mercado, el empoderamiento femenino se convirtió en una estética y un eslogan. En camisetas con mensajes, campañas publicitarias, programas de liderazgo que no cuestionan el modelo extractivo, y productos de consumo presentados como herramientas de liberación.
Así, el término pierde su dimensión política y se convierte en mercancía emocional. El sistema que oprime a las mujeres se disfraza de aliado, invitándolas a empoderarse mediante el consumo, la auto explotación disfrazada de superación y adhesión a ideales de éxito diseñados desde lógicas masculinas neoliberales. El empoderamiento se hace marca. Vendible, exportable, medible en seguidores y rendimiento, pero desconectada de la justicia social, de la ecología vincular o autonomía comunitaria.
En lo psicoespiritual, esta versión superficial del empoderamiento también erosiona la noción de la soberanía interior. Se promueve una autoimagen de fortaleza performativa que excluye la vulnerabilidad, el error, el cuidado mutuo y la interdependencia. La invitación es a ser tu mejor versión. En clave competitiva. Con estándares estéticos y de productividad internalizados. En vez de fomentar procesos de transformación que integren sombra, heridas y vínculos, se impulsa un yo aspiracional que funciona como avatar publicitario. El resultado, es un ciclo de frustración y autoexigencia que beneficia al mercado de la autoayuda y la espiritualidad comercial, pero no a la liberación real de las mujeres.
Desde la propuesta de la bruja, la tarea sería devolver el poder a su sentido original.
Primero no como algo que se recibe ni que se posee como un trofeo. Más bien como un estado relacional que se ejerce con responsabilidad, ética y arraigo. Un poder que no imita las jerarquías que combatimos, sino que reconstruye la trama desde la cooperación, el cuidado y la libertad encarnada. Esto exige un tránsito consciente del empoderamiento individualizado al poder colectivo, donde la capacidad de agencia se teje con otros cuerpos, otras memorias y otros futuros.
Desde inicios del milenio, en el auge de los círculos de mujeres, el uso de la palabra empoderamiento ha producido un efecto de homogeneización y simplificación sobre procesos que en realidad son profundamente diversos y singulares.
El término empezó a operar como un comodín afectivo. Nombrar cualquier experiencia positiva, inspiradora o de autoafirmación como empoderadora sin atender a la complejidad del trabajo interno, la confrontación con el dolor o la transformación real de vínculos y estructuras.
Esto ha producido una especie de burbuja emocional donde el bienestar momentáneo, las dinámicas de validación grupal y la estética ritualizada se confunden con transformación profunda. En la práctica, empoderarse se volvió sinónimo de sentirse mejor conmigo misma en un marco de performance colectiva con cantos, ceremonias o símbolos importados que pueden sostener temporalmente un estado anímico elevado, pero que no necesariamente conducen a cambios duraderos en la agencia personal o en las condiciones de vida. Este desplazamiento del sentido original erosiona el rigor emocional y ético del trabajo con lo femenino ya que refuerza una espiritualidad que se siente transformadora, pero que se queda en la superficie.
Se mide el valor personal en función de logros visibles o reconocibles, aunque se presentaran envueltos en un lenguaje sagrado o ritual.
En este marco, el empoderamiento no se concibe como un proceso relacional o comunitario (aunque predique la comunidad), sino como un estado individual alcanzado y, por tanto, susceptible de ser exhibido, consumido o capitalizado.
Casi como si el empoderamiento fuera un estatus o una certificación invisible que los demás pueden evaluar. Expresiones como se empoderó, se está empoderando o no está empoderada todavía operan como juicios de progreso, ubicando a cada mujer dentro de una jerarquía implícita de desarrollo personal. Esta dinámica abre la puerta a comparaciones constantes de quién está más o menos empoderada y a la competencia silenciosa por cumplir con un ideal que es móvil y externo.
Cuando el empoderamiento se concibe como una meta cuantificable, asociada a logros visibles, ascensos de estatus o victorias individuales, se filtra inevitablemente la lógica de la energía masculina desequilibrada. El avance lineal, la conquista, el dominio del entorno y la autoafirmación a través de la comparación.
Aunque se proclame en nombre de la cura femenina o de la espiritualidad del sagrado femenino, el marco –y el cuerpo– que lo sostiene responde a un paradigma competitivo y productivista, en el que el valor se mide por resultados y el poder se demuestra públicamente. Es un abuso de nuestra energía femenina. Operamos desde una somática silenciada. Subimos al escenario, sea la ceremonia, sea el “reel” para Instagram.
LA INQUISIDORA*CAZADORA DE BRUJAS
Esto revela una contradicción profunda. Hablamos de recuperar lo cíclico, lo receptivo, lo interdependiente, pero actuamos desde la misma matriz que jerarquiza, evalúa y clasifica. Esta contradicción reincide en la herida de la disociación y anula nuestra capacidad de responder con integridad ante un desequilibrio de poder. En esta dinámica, inevitablemente nos encontramos del lado de la víctima del abuso, o siendo verdugo en la dinámica de abuso. Son las dos caras de una misma moneda.
La bruja moderna cura esta fractura en su propia psiquis. Se sabe colonizada y tiene cercado su enemigo interno. Está al acecho de su sombra, por lo tanto, se reconoce en los dos lados del espejo, porque ella sabe que también es, como somos todas, la inquisidora.
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Así que no tomes mis palabras como un juicio. Yo sólo ofrendo mi parte. Desmonto el sistema de creencias y valores que dan forma a unas prácticas que desvían nuestra energía vital, erótico-sexual hacia estructuras de autoridad que se alimentan de nuestro poder. No es entre nosotras. Aunque somos capaces de un nivel de violencia que es importante nombrar, esta violencia, entre mujeres de poder, que atraviesa varias generaciones, no es personal. Es una máquina vincular, armada sobre los pilares del trauma y la fragmentación de un sistema de dominación-sumisión, premio-castigo, adulación-humillación.
Estamos aquí para remendar. Para la vida. No tiene sentido que nos hagamos daño de esta manera, que seamos peligrosas las unas para las otras de esta manera. No tiene sentido que las comunidades que tejemos no sean seguras para nosotras, para nuestra salud, para nuestras niñas y niños. Porque no sabemos reconocer la energía depredadora. Porque estamos domesticadas para obedecer a una autoridad que no cuestionamos cuando se revela dañina.
Nuestra voz está abajo, esperando nuestro descenso para ser resurrecta. Esperando que podamos presentarnos ante lo que tememos con dignidad y firmeza, y nombrar con claridad el límite de nuestro consentimiento. Que realmente cultivemos el poder de sostener la verdad en vez de huir y encubrirla.
LA BRUJA ES TU VOZ
La bruja es tu furia reprimida, tu migraña, tus brotes bipolares, tu ansiedad, tu envidia, tu terror.
Es tu llamada enfermedad autoinmune, tu lealtad al auto odio, al implante patriarcal de auto ataque que te domina. Tu exigencia, tu auto abandono, tu delirio místico chamánico. Tu ancla, tu barco, tu remo, el agua de la memoria que acuna tu cuerpo, templo de tu sabiduría. La bruja moderna se libera desde su herida.
Cuando visita otras tradiciones, se inicia a ceremonias y poderes; sin un fundamento intrapsíquico mínimamente carteado, es presa fácil de reclutamientos sectarios. Son redes de pertenencia que se tejen desde una alta carga de intensidad energética que se interconecta con nuestro sistema nervioso y cuerpo etérico. No lo vemos, pero lo sentimos. El subidón y la caída. Hay una gran secta moderna que vive en –y de– este trance neochamánico new age que atrapa a la bruja joven, inmadura y perdida en su búsqueda de sentido. La bruja joven que busca alivio y respuesta para acompañar el cuerpo de síntomas que la pueblan. Hablo por mí. Hablo por los cientos de mujeres cuyos caminos he acompañado en los pasados 15 años, cuyas curas he atestiguado, cuyas biografías he honrado.
Tiene sentido que haya un mercado que acompañe nuestra orfandad. Pero que la acompañe en vez de explotarla. En estos tiempos, la salida del estancamiento pide que abramos espacios de enseñanza y de curación compartida. No niego que en las pasadas décadas, la narrativa de la espiritualidad femenina –como práctica comunitaria– haya cumplido en parte esta función didáctica y curativa. Negarlo sería negar el camino de mis maestras. Las honro hasta donde llegaron. Doy gracias por la fuerza –que necesitó de la dureza y del control– para sostener la memoria y la continuidad. Siento que ahora es un tiempo de dar un paso más allá. Es tiempo de hacer acopio de los errores, de corregir y transformar.
Mi contribución al campo es este proyecto de la bruja.
LA BRUJA JOVEN
Uno de los talones de Aquiles en el proceso de maduración de la bruja moderna es su relación con los tiempos simultáneos, y las urgencias del tiempo lineal.
La bruja moderna batalla contra las proyecciones mentales de lo que debe ser el futuro, el control de la narrativa, el perfeccionismo y la exigencia que generan climas de conflicto constante con el entorno y sus relaciones.
El no haber trabajado la desvalorización profunda, las heridas de abandono, rechazo, traición, humillación como parte del campo relacional hace que esta sombra compartida –y no honrada grupalmente– busque un desagüe, un chivo expiatorio.
La sombra desagua por la voz de la disidencia, la diferencia, la que desafía la autoridad, la que cuestiona el orden, la que intenta nombrar el desequilibrio evidente, porque es vidente. Y de eso se trata, de sabernos Consejo de visiones comunitarias, no inquisidoras unas de las otras.
En la bruja, nos acercaremos a la inquisidora, con firmeza y compasión.
Le daremos voz y vía de expresión para que se integre en vez de dominarnos desde su exilio.
Esa hermana designada para ser quemada en la hoguera del juicio colectivo, o el exilio, el abandono de su comunidad, esa hermana es la bruja.
Es un contrapunto a la narrativa consensuada, no porque busque crear caos, sino porque reconoce la energía de la inercia, del estancamiento. Cataliza el cambio.
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El discurso del empoderamiento femenino contemporáneo, especialmente en su versión más comercial, busca llenar un vacío que en realidad es iniciático.
Muchas mujeres occidentales, carentes de un linaje vivo de ritos de paso, nos acercamos a las plantas de poder, ceremonias chamánicas y tradiciones de otras culturas como llaves rápidas hacia la cura o el poder personal.
En este tránsito, la relación con lo sagrado corre el riesgo de convertirse en una transacción. Se paga por participar, se adquiere un poder que se cree transferible por la sola asistencia.
Esta voracidad es el síntoma de una orfandad espiritual profunda. Responde al hambre de iniciaciones que la cultura occidental ha borrado o sustituido por marcas de consumo y productividad. La bruja contemporánea, privada de una estructura comunitaria que la sostenga y de un marco ético claro, puede entrar en un circuito de acumulación de experiencias ceremoniales como si fueran trofeos en su camino espiritual. Sin embargo, estas prácticas tomadas fuera de su contexto y sin una relación de reciprocidad con quienes las custodian, difícilmente producen una transformación genuina.
Cuando la bruja occidental opera desde la orfandad y la ansiedad de acumular, refuerza el paradigma extractivo que dice cuestionar, perpetuando la misma lógica de consumo que despoja a las culturas de donde toma sus símbolos.
Así que, en el recorrido propuesto con la bruja, de septiembre a diciembre, exploraremos las dimensiones curativas y liberadoras de desmontar nuestra inquisidora, nuestra cazadora de brujas, saboteadora de los hilos generosos que nos vinculan en tierra libre y soberana compartida.
REDIMIR A LA INQUISIDORA
Redimir a la inquisidora, en el Inframundo de Venus, con Marte de testigo, en la unión femenino y masculino, en casa de Capricornio. Aquí en la tecnología del hueso, el cuerno, la corona de la tierra, raíz arcaica, nos iniciamos en una nueva conciencia del perdón. La conjunción exterior de Venus y Marte con Sol es el 6 de enero, es la efeméride simbólica que nos permite renacer y ungirnos en una nueva trama cósmica.
No sabemos cómo todo esto se constelará.
Lo que ofrezco, es acompañar el camino, compartir herramientas para que tu bruja adquiera más consciencia y capacidad de respuesta en un mundo que nos necesita vibrantes, con buena raíz, con vínculos en los cuales nos sintamos en seguridad.
La confianza es el gran valor y recurso de estos tiempos. La confianza se construye, se alimenta, se cultiva.
La atracción repulsión sadomasoquista del juego de poder contamina el campo de la inocencia afectiva.
La bruja necesita estar conectada con su corazón, con su gozo, con su merecimiento. Su alegría se sostiene en medio de tantas tormentas. Muere y renace. Entrega la palabra. Comparte su medicina.
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LA BRUJA
MITO*POÉTICA DEL DESCENSO
un recorrido de cinco meses en colaboración con Nuria Fernández.
*del primero de septiembre 2025 al 18 de enero 2026*
El valor del recorrido de la bruja es de 188 euros.
La fecha límite para unirte a la bruja es el lunes 25 de agosto. La primera entrega de la bruja será el primero de septiembre.
Aquí tienes los enlaces de pago de Paypal y Stripe :
Para otras opciones de pago y ajustes de valor, escríbenos a info@soberaniacreativa.net
La acechadora más perfecta que he conocido fue una mujer. Era capaz de contener su importancia personal con tal maestría que podía volverse completamente invisible para el mundo. Su campo de batalla era la vida cotidiana. Allí acechaba sus pensamientos, sus emociones, sus gestos. Nunca desperdiciaba energía, nunca caía en la trampa del yo. Era una bruja impecable. Una guerrera de la oscuridad lúcida».
— Don Juan Matus en El fuego interno, Carlos Castañeda
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Fuente: Soberanía Creativa
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