Me pregunto si han considerado cómo malgastamos nuestras vidas, cómo disipamos nuestras energías, cómo intelectualmente somos gente de segunda mano, sólo conocemos la rutina, el aburrimiento, la soledad, el sufrimiento, tanto físico como psicológico. Por desgracia, tal como vivimos ahora nuestra vida no tiene ningún sentido, excepto ganarnos el sustento, lo cual es por supuesto necesario, pero aparte de esto, toda nuestra vida está fragmentada, dividida, y una mente dividida, fragmentada, es una mente “corrupta”.
¿Qué es lo que queremos, qué es lo que queremos lograr, qué queremos llegar a ser? Para la mayoría de nosotros la vida es esfuerzo, es lucha, en la sociedad actual tener éxito es hacer dinero, buscamos poder, posición, prestigio, o vivimos una vida vacía, burguesa, estrecha y superficial, con toda clase de opiniones, de juicios y de creencias. Todo esto parece malgastar enormemente la vida, nunca somos felices, excepto cuando perseguimos el placer, cuando experimentamos cierta sensación de disfrute, de gratificación, de satisfacción. Sin embargo, si examinan con detenimiento el contenido interno, dejando a un lado lo que han aprendido de los libros y las respuestas según el país en el cual viven, ¿se dan cuenta de que no hay absolutamente nada, excepto lo que cada uno ha puesto en su interior? Lo que han introducido en su interior es un producto del pensamiento, pero este no puede generar ninguna acción completa del ser humano, sólo puede actuar de forma parcial y fragmentaria.
Al darnos cuenta de que nuestra vida tal como la vivimos es vacía, bastante superficial y triste, nos escapamos buscando diferentes placeres, tanto los placeres religiosos como los llamados placeres mundanos, buscamos hacer dinero, disfrutar más y de mayores placeres, comprar más cosas, manteniendo así la llamada sociedad de consumo, para finalmente terminar en la tumba. Esa es nuestra vida, no hay nada sagrado, no hay nada que realmente sea religioso.
La vida es mucho más seria, y tan sólo aquellos que de verdad sean profundamente serios “vivirán”, aquellos que no busquen entretenimiento en los gurús, en los sacerdotes, o en los filósofos intelectuales que convierten nuestras vidas en palabras sin sustancia, en descripciones sin ningún contenido.
De modo que uno se pregunta, ¿cuál es el lugar del pensamiento en la vida?
Toda nuestra civilización y nuestra cultura se basa en el pensamiento, las religiones son un producto del pensamiento, la forma de comportarnos, nuestra actitud, el mundo de los negocios, la relación, la acumulación de armas, el ejército, la marina, las fuerzas aéreas, todo se basa en el pensamiento. Tanto si el pensamiento es razonable como si es irreflexivo, lógico o ilógico, sensato o neurótico, nuestras acciones surgen de ideas e ideales creados por el pensamiento; por desgracia todos somos terriblemente idealistas, pero un ideal no es “lo que es”, un ideal es algo creado por el pensamiento como una manera de superar “lo que es”, por consiguiente, hay una división entre el ideal y “lo que es”, por eso surge el conflicto.
Espero que no estén escuchando sólo una serie de palabras, sino que estén observando de verdad todo el movimiento de sus propias mentes, de manera que establezcan una relación, una comunicación, en la cual comprendan lo que estamos hablando, no para estar de acuerdo o en desacuerdo, sino tan sólo para observar la realidad.
Uno debe investigar lo que es el pensamiento, lo que es el pensar. Como saben, una de las cosas más extraordinarias de toda Asia es que consideran el pensamiento como una mujer estéril, dicen que el pensamiento es medida y que no puede hallar lo inconmensurable, eso que está más allá del tiempo y de la medida, de modo que uno debe intentar suprimirlo, mientras que toda la civilización de Occidente, su cultura, se fundamenta en el pensamiento, siendo el pensamiento medida.
Como dije, este es un tema muy serio y requiere una gran sutileza de la mente para investigarlo. Espero que estén dispuestos a investigarlo para que la mente se libere de la medida, de tal modo que pueda conocer un espacio y un silencio inmensos, que no son medibles ni son creados por el pensamiento.
Siguiendo con lo que hablábamos, la cultura de la civilización occidental se fundamenta en el pensamiento, en la medida, y de esa medida surge todo el mundo de la tecnología, del arte de la guerra en este mundo, la religión es un asunto de creencias, de aceptar, de propaganda, de salvadores, etc. En Oriente utilizan el pensamiento para ir más allá del propio pensamiento, mientras que en Occidente han aceptado la medida, el progreso, y su forma de vida se basa en la tecnología, en lograr más y más disfrute, obtener gran placer en las posesiones, que incluyen la literatura y la poesía.
Un hombre serio debe preguntarse, ¿qué lugar ocupa el pensamiento en la vida, cuál es su función, no importa que sea sensato, lógico y razonable, o corrompa la vida dando importancia a las “cosas”, a la propiedad, al dinero, al placer, a toda esa información que el pensamiento ha acumulado, tanto interna como externamente? ¿Cuál es el lugar del pensamiento y cuál es su relación con la acción? Debido a que la vida es acción, la relación es el movimiento de la acción, ahora bien: ¿existe una acción en la vida que no esté limitada por el tiempo, por el pensamiento y por la medida?
Vivir es actuar, cualquier cosa que hagamos es acción, acción que está atada al pasado y a través del presente se expresa en el futuro, por consiguiente, es una acción fragmentada, y una acción fragmentada es una acción corrupta.
Así pues, ¿qué es acción y cuál es su relación con el pensamiento? El pensamiento es la respuesta de la memoria como conocimiento y experiencia almacenados en el cerebro, no hace falta leer libros de ciencia y neurología, uno puede observarlo en sí mismo, si está seriamente interesado. Sin memoria uno no puede actuar, no puede recordar las palabras, estaría en un estado de amnesia, de completa confusión; por el pensamiento responde ante cualquier reto según su condicionamiento, si somos cristianos, hindús, budistas, comunistas o capitalistas, nuestra mente está condicionada según ese trasfondo y actuamos de acuerdo con ese condicionamiento, que es recuerdos, experiencias, conocimientos de esa cultura o de esa sociedad determinada en la que vivimos, lo cual es bastante obvio, ¿no es cierto? En consecuencia, la acción del pensamiento divide, fragmenta y genera conflicto.
Debemos comprender esto porque estamos intentando encontrar una forma de vivir en la cual no haya ninguna clase de conflicto, una forma de vivir donde no haya ningún sufrimiento, una forma de vivir que sea total, completa, íntegra, armoniosa, sensata, y el pensamiento puede ser uno de los factores que genera fragmentación, por tanto corrupción. De manera que uno debe descubrir cuál es la función del pensamiento y qué lugar ocupa en la relación humana.
Resulta bastante claro que el pensamiento es necesario en el campo tecnológico, porque en ese campo el pensamiento puede funcionar con lógica, con sensatez, con objetividad, con eficacia, pero esa eficacia, esa sensatez y esa objetividad se corrompen cuando el pensamiento busca tener estatus a través de la tecnología. Si la mente busca estatus a través de la actividad tecnológica, es inevitable que genere conflicto y, por consiguiente, corrupción, lo cual es obvio. Sin embargo, el condicionamiento es tan fuerte que buscamos tener estatus a pesar de la lógica, de la sensatez o el pensamiento razonable, perseguimos este estatus, y en consecuencia el conflicto y la corrupción siguen. La corrupción no es tan sólo quitarle el dinero a otro o hacer cosas feas, la causa profunda de la corrupción es cuando el pensamiento divide la acción en fragmentos, ya sea una acción intelectual, emocional, física o ideológica.
Así pues, ¿existe en la relación humana una acción que no esté fragmentada y sea completa? ¿Existe una acción que no esté controlada por el pensamiento, por la medida o por el pasado? Una acción también es cuando decimos una palabra, cuando hacemos un gesto de desprecio o de cortesía, o bien cuando vamos de un lugar a otro. Actuamos siguiendo una determinada fórmula, opinión, idea, ideal, o actuamos basándonos en cierta creencia neurótica o racional, siempre actuamos basándonos en un modelo del pasado o según alguna abstracción futura.
Lo más importante en la vida es la relación, la forma de actuar, de comportarnos; la virtud y la sociedad surgen de la relación. El pensamiento, al ser medida, conformidad, siempre actúa según cierta conclusión particular, según el conocimiento que es el pasado, por tanto, ¿qué lugar tiene el pensamiento en la relación humana o no tiene ningún lugar? Si el pensamiento ocupa un lugar en la relación humana, entonces limita y controla la relación, y en consecuencia será una relación fragmentada y conflictiva.
Nuestra vida se apoya en dos principios básicos: el placer y el miedo; por favor, pueden verlo en sí mismos. El placer se ha convertido en algo tremendamente importante en la vida, el placer que se expresa de diferentes maneras: el placer sexual, el placer intelectual, el placer de poseer, el placer del dinero, el placer del poder, del prestigio, el placer de la vanidad, el placer que se deriva del “yo”, del ego, de reafirmarse uno mismo a través de dominar, etc., o el placer de aceptar la tiranía como medio de lograr algo, el placer que se expresa en la relación en forma de dependencia, en esa relación uno depende psicológicamente del otro, pero donde hay dependencia hay miedo de perder y, por tanto, un gran apego. Es obvio que buscamos el placer sexual, curiosamente, el placer sexual se ha convertido en una de las cosas más importantes en la vida, buscamos el placer de la dependencia, depender psicológicamente de otro, porque uno tiene miedo de permanecer solo, de sentirse solo, abandonado, sin amor y sin ser amado, etc., por eso buscamos el placer y evitamos constantemente el miedo. El pensamiento alimenta a ambos, al pensar en el placer que tuve ayer espero repetirlo de nuevo mañana, pero si no puedo repetir ese placer me siento violento, ansioso, tengo miedo; pueden observarlo en sí mismos.
Así que tenemos toda esa cuestión del miedo, y una vida que se vive con miedo es una vida en las tinieblas, una vida horrible. La mayoría de nosotros tenemos diferentes miedos, ¿puede la mente estar por completo libre del miedo? Nadie quiere liberarse del placer, pero todos queremos liberarnos del miedo porque no vemos que ambos van juntos, son las dos caras de la misma moneda que el pensamiento alimenta, por eso es tan importante comprender el pensamiento. Como saben existen diferentes clases de miedos, miedo a la muerte, a la vida, a la oscuridad, al vecino, a nosotros mismos, a perder el empleo, y todos los miedos inconscientes que se esconden en las profundas interioridades de la propia mente; y al sentirnos inseguros buscamos seguridad, pero ¿es posible que la mente esté por completo libre del miedo, de manera que al estar libre disfrute de la vida, no para perseguir el placer, sino para gozar de la vida? Mientras haya miedo no es posible gozar de la vida.
Ahora bien, ¿eliminará el análisis el miedo o el análisis paraliza la mente e impide que esté libre del miedo? Observe las implicaciones que hay, porque estamos acostumbrados a analizar, es uno de nuestros entretenimientos intelectuales; sin embargo, en el análisis siempre hay un analizador, un analizador que puede ser un profesional o uno mismo, por eso en el análisis hay una permanente división entre el analizador y la cosa analizada, hay un conflicto. Por otro lado, en el análisis se necesita tiempo, puede ser un solo día o un año, con lo cual uno aprovecha la oportunidad para posponer la acción, uno puede analizar indefinidamente el problema de la violencia, buscar las raíces, escuchar las explicaciones que dan los diferentes profesionales acerca de cuáles son los motivos de la violencia, leer numerosos libros sobre las razones de la violencia y analizarlas, todo esto lleva tiempo y, mientras, uno puede seguir disfrutando de su violencia. Así pues, analizar significa dividir y posponer la acción; por tanto, el análisis genera más conflicto, no menos, porque el análisis implica tiempo.
Una mente que se da cuenta de esa verdad se libera del análisis, por consiguiente es capaz de afrontar directamente la violencia, siendo la violencia “lo que es”. Si uno observa totalmente y sin analizar la violencia en uno mismo, esa violencia que surge del miedo, de la inseguridad, de sentirse solo, de la dependencia, de reprimir los placeres, etc., en ese momento tendrá toda la energía que estaba disipando a través del análisis para ir más allá de “lo que es”.
Si lo hace, ¿podemos, entonces, ver todas las raíces profundas del miedo que nos ha inculcado la sociedad en la cual vivimos, heredadas del pasado, de manera que la mente se libere por completo de esa terrible cosa a la que llamamos miedo? ¿Puede la mente observar la totalidad del miedo o sólo puede ver algunas ramificaciones y no la verdadera raíz del miedo, su verdadera causa? ¿Puede la mente observar, ver, darse cuenta, prestar toda su atención al miedo, tanto si el miedo está oculto, escondido en las interioridades más profundas de la propia mente de cada uno, como si se tratara de los miedos externos que se expresan en nuestra vida cotidiana, miedo a que hoy o mañana regrese de nuevo ese dolor que tuve ayer? Hay varias formas de miedo, el miedo a perder el empleo, el miedo de sentirse inseguro, tanto en lo externo como en lo interno, y el miedo final a la muerte.
¿Podemos ir podando cada una de sus ramas, o es posible afrontar la totalidad del miedo, y es capaz la mente de observar la totalidad del miedo?
Estamos acostumbrados a resolver el miedo en fragmentos: si tengo miedo a esto o a aquello, a perder el empleo, el miedo a mi esposa o a mi esposo, sólo me intereso por ese fragmento y no por la totalidad del miedo; sin embargo, si quiero observar la totalidad del miedo, debo prestarle toda mi atención cuando surge.
Como saben, miramos el enojo, los celos, la envidia, el miedo o el placer, como un observador que quiere liberarse de eso, siempre hay un observador, alguien que mira, un pensador, por eso observamos el miedo como si estuviéramos mirándolo como algo separado; ahora bien, ¿podemos mirar el miedo sin un observador? Porque el observador es el pasado, es el que reconoce esa reacción a la que llamamos “miedo” en términos del pasado y dice que es miedo, ese observador siempre mira el presente desde el pasado y, por tanto, establece una división entre el observador y la cosa observada. Entonces, ¿puede uno observar el miedo sin ninguna reacción del pasado, ese pasado que es el observador?
Mire, si anteriormente me reuní con usted y me insultó o me halagó, si hizo muchas cosas en mi favor o en mi contra, todo eso está acumulado en la memoria como pasado, ese pasado es el observador, el pensador, y cuando yo, o quien sea, mira con los ojos del pasado no lo hace con una mirada limpia, por eso el observador nunca ve claramente, siempre ve con ojos corruptos, con ojos opacos. De manera que… ¿es posible observar el miedo sin el pasado? Es decir, no nombrar el miedo, no utilizar la palabra “miedo”, tan sólo observarlo, pero esa atención total únicamente es posible cuando no hay un observador, siendo el observador el pasado. Si uno lo hace, cuando observa totalmente, entonces el contenido completo de la conciencia como miedo desaparece.
Tengo miedo de lo externo y de lo interno, tengo miedo de que maten a mi hijo en la guerra, la guerra es algo externo, es un invento de la tecnología que ha desarrollado estos instrumentos monstruosos de destrucción, e internamente me aferro a mi hijo, lo amo, lo he educado conforme a esa sociedad en la que vivimos, la cual dice que hay que matar. Esa sociedad que hemos construido es corrupta, es inmoral, sólo se interesa por el consumismo, por progresar cada vez más, no tiene ningún interés en el completo desarrollo del mundo ni del ser humano.
Como saben, no tenemos compasión, lo que tenemos son grandes conocimientos, mucha experiencia, podemos hacer cosas extraordinarias en medicina, en el ámbito tecnológico, en la ciencia, pero no tenemos ninguna clase de compasión. Compasión significa pasión por todos los seres humanos, por los animales y por la naturaleza, ¿cómo puede haber compasión si hay miedo, si la mente está persiguiendo constantemente el placer? Queremos tener placer, queremos controlar el miedo, queremos esconderlo bajo tierra y, a la vez, queremos tener compasión, lo queremos tener todo, pero eso no es posible. Sólo podemos tener compasión cuando no hay miedo, por esa razón es tan importante comprender el miedo en la relación, y únicamente podemos desarraigarlo por completo si observamos la reacción sin nombrarla, porque el mismo hecho de nombrarla es la proyección del pasado. De modo que el pensamiento sustenta y persigue el placer, también refuerza el miedo: tengo miedo de lo que pueda suceder mañana, tengo miedo de perder mi empleo, tengo miedo de la muerte.
Sin duda, el pensamiento es el responsable del miedo, nuestras vidas dependen del pensamiento, nuestras acciones cotidianas se basan en el pensamiento, pero ¿qué lugar ocupa el pensamiento en la relación humana? Si me insulta, eso deja un recuerdo en la memoria de mi mente, y cuando lo miro a usted lo veo con ese recuerdo que tengo en la memoria; si me halaga, cuando lo miro igualmente lo veo con ese recuerdo, de tal forma que nunca lo miro sin los ojos del pasado, por eso es tan importante comprender el lugar que ocupa el pensamiento en la relación. Si ocupa un lugar en la relación, entonces la relación se convierte en una rutina diaria, en algo mecánico, en un sinsentido de placer y miedo.
Así que llegamos a la pregunta, ¿qué es el amor? ¿Es el amor un producto del pensamiento? Por desgracia, el amor se ha convertido en un producto del pensamiento, “amo” a Dios, “amo” a esa persona, pero destruyo la naturaleza. Uno debe investigar esa pregunta muy profundamente para descubrir por sí mismo lo que es el amor, porque sin amor, sin esa cualidad de la compasión, siempre sufriremos. Ahora bien, para descubrirlo, para que la mente tenga esa profunda compasión, uno debe comprender el sufrimiento, porque la pasión surge del sufrimiento; la raíz etimológica de la palabra “pasión” es sufrimiento, y la mayoría nos escapamos del sufrimiento, lo cual no significa que debamos aceptar el dolor físico o psicológico, sería una tontería. Sin embargo, ¿es el sufrimiento el movimiento del pensamiento o es el sufrimiento algo por completo diferente del pensamiento? Es muy importante comprender la maquinaria del pensar, no una comprensión verbal, sino observar realmente en nosotros mismos qué es el pensar y cuál es su lugar en nuestra vida diaria.
Charla pública en San Francisco, California
11 de marzo de 1973
Tomado del libro Krishnamurti Esencial.
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