Para poder dialogar, primero, me tengo que escuchar…
Una vez que recepto mi sentir puedo “dar oídos” a los demás y permitir que se expresen.
Hablar sobre lo que el otro dice, lleva a la desconexión y a la confusión: nadie entiende nada!
Es un diálogo de sordos donde los que se manifiestan son los egos que quieren tener poder y razón.
Así, jamás se comunican…
¡Un buen diálogo amerita una buena escucha!
Un buen diálogo exige una sensible percepción de lo que el otro siente y piensa, más allá de las palabras emitidas.
Desde este lugar de amorosa escucha me aseguro clara comprensión y buen encuentro.
¡Gracias, Gracias, Gracias!!!
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