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Artículo La Bruja – Contexto y Bibliografía Base

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Saludos

En esta Newsletter te comparto algunos libros y autores fundamentales en la construcción del arquetipo de la bruja.

Soberanía Creativa

La inscripción para la bruja cierra el lunes 25 de agosto. Enviaré un recordatorio + última llamada antes del cierre.

Gracias infinitas a quienes ya se han sumado a este trabajo, a este círculo. De corazón, gracias por la confianza y la valentía.

Espero pronto poder compartir lo que este camino y esta propuesta significa para mí. Solo puedo decir que es el tejido de Venus como guía maestra, territorio, frecuencia, campo relacional, libro de la vida, vía de encarnación.

Vivo tan agradecida de poder servir a este camino, este altar, este tejido. Solo me ha traído bendiciones, salud, belleza, libertad interna. Hace casi dos meses ya que mi madre alzó su vuelo. Lo hizo el día de la conjunción de Venus con la Luna, justo al amanecer; y me sentí, nos sentí, a mi madre y a mí, tan arropadas, tan sostenidas, tan amadas por el misterio. Este es el pulso que late en lo más profundo de mi intención. Mi corazón, mi deseo, mi servicio, mi ofrenda.

*

MEMORIA, PODER Y SOMBRA

La figura de la bruja atraviesa los siglos con múltiples rostros. Desde las sabias de la antigüedad como las pitonisas, melissae y curanderas hasta las brujas demonizadas del medioevo, su presencia ha sido siempre dual. La sanadora y malvada, la sabia y la temida. En el plano psicológico, siguiendo la visión de Jung, y el inconsciente colectivo, la bruja encarna la Sombra de lo femenino. Aquello que por su fuerza y autonomía quedó relegado a lo oculto. Representa un poder femenino que escapa al control patriarcal, un saber antiguo que une sexualidad libre, conocimiento profundo de la naturaleza y memoria de culturas matrilineales y religiones de la Tierra. Vive en la marginalidad y la resistencia, y ejerce la transgresión como camino de verdad. Su lugar es el umbral. Es la mediadora entre la vida y la muerte, lo visible y lo invisible, la materia y el espíritu.

Sus raíces se hunden en la prehistoria, en las chamanas que guiaban a sus comunidades, en las sacerdotisas que honraban a la Tierra y al ciclo lunar, en las mujeres sabias que sostenían la salud física y espiritual de tribus, aldeas y pueblos agrarios. La persecución de estas figuras se origina con las invasiones patriarcales y la expansión de las religiones monoteístas, donde las acusaciones de brujería se convierten en un instrumento de control político, social y económico, especialmente contra mujeres autónomas.

En la Europa medieval, textos como el Malleus Maleficarum  (biblia de los cazadores de brujas) y la inquisición moldearon la invención de la bruja demoníaca, transformando a antiguas guardianas de saberes en amenazas para el orden establecido.

Este arquetipo se manifiesta de maneras diversas según las culturas. En la Europa medieval, la caza de brujas marcó siglos de represión. En América, las brujas indígenas conservaron prácticas ancestrales bajo nuevas máscaras. En África, las hechiceras mantuvieron sus vínculos con lo espiritual y lo medicinal. En Asia y Oceanía, figuras similares ejercieron roles de poder en lo invisible. En la actualidad, la bruja resurge como símbolo feminista, como emblema de movimientos neopaganos, de la Wicca y del ecofeminismo. Vive en el arte, la literatura y la cultura popular como imagen de resistencia, creatividad y libertad. Su estudio se nutre de fuentes académicas, historia, antropología, estudios culturales y simbólicas, mitología, psicología profunda, literatura oral, con un estilo reflexivo y creativo que combina análisis, relato mítico y resonancia personal. Mapas, genealogías simbólicas e imágenes arquetípicas ayudan a visualizar la continuidad de esta figura, tanto en su forma antigua como en su expresión contemporánea.

Entre 1400 y 1500, en España, la brujería se castigaba con leyes antiguas, aplicando ordalías, destierros, multas, marcas y hogueras.

Desde 1414, un edicto real obligaba a los jueces a ejecutar a hechiceros bajo pena de perder cargo y propiedades. La Inquisición Papal en Aragón, activa desde los años 1330, perseguía la brujería, la superstición y el paganismo, considerándolos herejía. Trataba como idolatría la adoración de los árboles, las piedras y las fuentes naturales.

Hasta 1460, se enfocó especialmente en mujeres que elaboraban amuletos, practicaban abortos con hierbas o realizaban hechizos de amor. La cultura popular mantenía rituales de fertilidad y naturaleza como las fiestas de mayo, las fogatas de San Juan, el culto a las aguas y piedras fértiles.

En regiones como el País Vasco, Cataluña y Galicia sobrevivieron tradiciones vinculadas a ungüentos para volar, reuniones de brujas y veneración de figuras como Diana. En el noreste y en el País Vasco, desde finales del siglo XIV, la caza de brujas se intensificó, con relatos sobre brujas rindiendo homenaje al boch de Biterne, relacionado con la diosa Mari, y a Akerbeltz, la cabra negra. Estos cultos fueron reinterpretados por la Inquisición como adoración diabólica.

El término Akelarre se popularizó para describir estas reuniones.

Entre 1450 y 1539, se registraron grandes persecuciones en Navarra y Guipúzcoa, con torturas, confesiones forzadas y ejecuciones. En 1528 tuvo lugar una caza masiva en Vizcaya liderada por los inquisidores Avellaneda y Zumárraga, con acusaciones de vuelo mágico, infanticidio, relaciones con el demonio y reuniones nocturnas.

La persecución de la brujería en España fue un fenómeno político y patriarcal dirigido contra formas de espiritualidad popular y prácticas que fortalecían a las mujeres. Aunque las cifras de ejecuciones fueron menores que en otros países, la presión inquisitorial transformó profundamente las culturas tradicionales. Estas, sobrevivieron transmitiendo de manera clandestina los conocimientos de curación, magia, veneración de la naturaleza y sabiduría femenina.

*

EL VERDADERO DON DE LA BRUJA RESIDE EN SU VÍNCULO CON LOS MISTERIOS DE LA VIDA, DE LA MUERTE Y DE LA TRANSFORMACIÓN

Ella es un puente entre mundos visibles e invisibles, entre tiempos que abarcan el pasado ancestral, el presente vivido y el futuro por venir; y entre fuerzas opuestas como luz y sombra, eros y thanatos, creación y destrucción. No adquiere su don como un oficio. Es un estado de ser. Es una conexión innata con los ciclos de la Tierra, con los ritmos del cuerpo y con las voces que hablan desde las piedras, los vientos y la sangre.

Entre sus dones esenciales están la percepción profunda, que le permite ver más allá de lo aparente y captar las corrientes sutiles; la transformación, que la habilita para guiar procesos de muerte y renacimiento; la memoria, que conserva y transmite historias antiguas a través de relatos, cantos y rituales; la soberanía interior, que le da un eje propio inquebrantable; y la mediación, que le permite comunicarse con los espíritus, las plantas y elementos.

Es la Tejedora del Infinito. La que hilvana los mundos, destinos, memorias y futuros posibles. Lo hace porque su alma está trenzada con la del mundo.

La bruja ha sido perseguida y demonizada porque encarna fuerzas que los sistemas de poder, religiosos, políticos y patriarcales, no podían controlar. Representa la autonomía espiritual, conectándose directamente con lo sagrado sin intermediarios, en rebelión frente al monopolio de las religiones institucionales. Reúne su poder femenino con sus saberes sobre la vida, la muerte, la sexualidad, la curación y la fertilidad. Esto le otorga autoridad en su comunidad.

Trabaja con el cuerpo y la materia. Reverencia la Tierra. Utiliza hierbas, agua, huesos y sangre en un mundo que considera la materia como inferior al espíritu. Guarda saberes ancestrales como la medicina popular, los rituales lunares y de siembra, y la memoria de culturas ligadas a la diosa y a formas comunales de vida. También encarna la soberanía sexual y reproductiva, con conocimientos sobre anticonceptivos y abortivos que desafiaban el control eclesiástico y estatal sobre los cuerpos femeninos. Su cercanía con lo invisible y lo natural despierta tanto respeto como temor. En ella proyectamos los miedos colectivos en los tiempos de crisis.

La persecución buscó domesticar el poder libre y salvaje que ella representaba y justificar su exterminio para borrar lo que no podía ser sometido. Sin embargo, la bruja sigue habitando nuestra memoria oral, en los cuentos y los gestos secretos que viven latentes en nuestra somática profunda, en el inframundo de nuestro ADN.

BIBLIOGRAFÍA BASE SUGERIDA

CALIBÁN Y LA BRUJA DE SILVIA FEDERICI

Silvia Federici sostiene que las cazas de brujas durante la transición al capitalismo no fueron actos de superstición, sino mecanismos de represión política y económica. Su análisis muestra cómo la violencia contra las mujeres, la destrucción de la autonomía reproductiva y su transformación en máquinas de trabajo sostuvieron el sistema capitalista emergente.

Silvia Federici habla de la subyugación del cuerpo de las mujeres como herramienta del capitalismo. En el presente, todavía hay políticas que restringen el control sobre los cuerpos, especialmente sobre la reproducción. Seguimos en una continuidad histórica con relación a la instrumentalización de la opresión del cuerpo femenino. Calibán y la bruja muestran cómo el control sexual y reproductivo fue central para el surgimiento del sistema capitalista.

EL CHAMANISMO Y LAS TÉCNICAS ARCAICAS DEL ÉXTASIS de MIRCEA ELIADE

En El chamanismo y las técnicas arcaicas del éxtasis, Mircea Eliade presenta al chamán como un mediador entre el mundo cotidiano y el de los espíritus. Un enlace capaz de atravesar voluntariamente estados de conciencia no ordinaria para traer sanación, conocimiento o poder.

Esta función central del chamanismo resuena profundamente con el arquetipo de la bruja. No solo como la portadora de poderes, sino como puente vivo entre realidades.

Tanto el chamán como la bruja, emplean rituales, cantos y objetos simbólicos para modular la conciencia. Para convocar aliados espirituales y realizar actos de poder. Mircea Eliade destaca que este viaje no es una metáfora, sino una experiencia vivida como un desplazamiento real del alma, a menudo articulada en torno a un viaje vertical por un eje cósmico. Un árbol, una montaña o un pilar, que permite el ascenso a los cielos o el descenso al inframundo. Esta es una imagen que la bruja reconoce en sus propios portales intra-psíquicos y sus ejes simbólicos.

La vocación chamánica suele llegar a través de una muerte o desmembramiento simbólico. En muchos casos la iniciación llega a través de una enfermedad que, de alguna manera, nos obliga a entrar en el camino espiritual. La prueba iniciática de la bruja tiene que ver con la identidad ordinaria que se descompone para ser reconstruida bajo un nuevo orden interior.

Tanto el chamán como la bruja cultivan también vínculos con el reino mineral, vegetal y animal, y otros espíritus auxiliares que les guían y/o protegen en sus viajes. Aunque el chamán documentado por Mircea Eliade tiene la función social explícita de sanar, de adivinar, de dirigir los ritos fúnebres, o restaurar el equilibrio en un cuerpo singular o comunitario, también reconocemos esta dimensión en la bruja.

Ella ejerce su poder espiritual dentro de un marco relacional.

Cuando decimos que el poder espiritual de la bruja se ejerce dentro de un marco relacional, nos referimos a que no se trata de una fuerza aislada ni cerrada en sí misma, sino de una energía que se teje, se retroalimenta y cobra sentido en interacción constante con múltiples vínculos, humanos y no humanos.

Incluye a las personas vivas con las que mantiene lazos de cuidado, enseñanza o servicio; el mundo no humano, que incluye animales, plantas, minerales, elementos y fuerzas naturales a las que honra y con las cuales coopera.

Me refiero a las presencias invisibles. A los espíritus guardianes, los ancestros, las deidades o arquetipos que forman parte de su tejido geo*biográfico. Me refiero a la somática del territorio físico que habita, cuya geografía y memoria influyen en sus prácticas, cuyo ecosistema es su comunidad. En este entramado, el poder de la bruja se sostiene y se define en relación con los seres y los planos que conforman su cosmovisión.

Cuando la bruja se desconecta de su comunidad, o su poder se percibe como una amenaza, ya sea por su fuerza, o por la incomprensión de sus prácticas, o por el impacto que genera, su figura pasa a ser temida, exiliada o perseguida.

LA BRUJA de JULES MICHELET

En La bruja (1862), Jules Michelet presenta una visión romántica y reivindicadora de la figura de la bruja, alejándose de la imagen demoníaca difundida por la Iglesia.

Para Jules Michelet, la bruja es heredera de los cultos campesinos precristianos y encarna la memoria de las antiguas religiones de la naturaleza, centradas en la fertilidad, la sanación y la comunión con el mundo natural. La sitúa como sanadora, partera, hierbera y protectora de los vulnerables, especialmente en los siglos de la Edad Media y la Inquisición, donde su saber y autonomía chocó con el poder eclesiástico y feudal.

Jules Michelet describe cómo estas mujeres eran a la vez curanderas y consejeras, pero también depositarias de prácticas mágicas y rituales que ofrecían un sentido de pertenencia a las comunidades marginadas. Su conexión con la Tierra y su conocimiento medicinal las convertían en guardianas de una sabiduría popular, transmitida de forma oral y colectiva, en contraste con la autoridad institucional.

El autor interpreta la caza de brujas como una represión sistemática contra esta figura femenina libre, vinculada a lo comunitario. Ve en su persecución una forma de controlar a las mujeres y destruir las redes de resistencia campesina. Así, la bruja en Jules Michelet, es un símbolo de la rebelión contra la opresión y de la supervivencia de la espiritualidad terrenal.

DREAMING THE DARK de STARHAWK

En Dreaming the Dark (1982), Starhawk desarrolla la visión de la que la espiritualidad, la magia y la acción política se entrelazan como fuerzas inseparables para la transformación personal y colectiva. Plantea que la magia no es una fantasía escapista, sino una práctica de poder entendido como la capacidad de moldear el mundo en relación con otros, en lugar de dominarlo.

Su propuesta se basa en la noción del poder*con, es decir, cooperativo y relacional, frente al poder*sobre, dominante, jerárquico y opresivo. Desde esta perspectiva, la bruja y la practicante mágica trabajan en redes comunitarias. Integran el ritual, el cuerpo y la conexión con la Tierra como medios para sanar nuestras divisiones internas y externas. La práctica espiritual se convierte así en un ejercicio de soberanía compartida y de resistencia frente a los sistemas de opresión.

Starhawk conecta esta espiritualidad con el feminismo, la ecología y el activismo social. Defiende que el cambio profundo requiere tanto nuestra transformación interior como la acción colectiva en el mundo material. Dreaming the Dark es un manifiesto para quienes buscan unir lo sagrado con lo político, con la bruja como figura central de poder creativo, arraigo comunitario y justicia.

MUJERES QUE CORREN CON LOBOS de CLARISSA PINKOLA ESTÉS. EL ARQUETIPO DE LA BRUJA*SABIA.

En Mujeres que corren con los lobos, Clarissa Pinkola Estés presenta a la bruja*sabia como una manifestación de la Mujer Salvaje, la fuerza instintiva, creativa y protectora que habita en el inconsciente femenino.

A través de mitos, cuentos y leyendas de diversas culturas, muestra cómo esta figura encarna el conocimiento ancestral, la intuición profunda y la capacidad de guiar procesos de transformación.

La bruja*sabia se define por su papel como guardiana de umbrales y transmisora de saberes esenciales para la supervivencia del alma. Es la anciana del bosque, la curandera, la adivina o la visionaria que ayuda a otros a atravesar crisis y cambios. La que nos enseña la ruta de retorno a nuestro centro instintivo. Su poder, nace de la experiencia vivida y de la conexión directa con los ciclos naturales y espirituales.

Clarissa Pinkola Estés reivindica este arquetipo como una fuente legítima de autoridad femenina, capaz de restaurar el equilibrio perdido en un mundo que ha marginado lo instintivo. En este sentido la bruja*sabia es un modelo de integración entre la fuerza y la compasión, entre lo salvaje y lo consciente, y una aliada para quienes buscamos reconectar con nuestro territorio interior.

EL CULTO DE LA BRUJERÍA EN EUROPA OCCIDENTAL de MARGARET MURRAY

En El culto de la brujería en Europa occidental (1921), Margaret Murray plantea la controvertida hipótesis de que la brujería perseguida entre los siglos XV y XVII no era mera superstición ni invención de la Iglesia, sino la supervivencia clandestina de una antigua religión pagana europea.

Según su teoría, existía una estructura organizada con rituales, jerarquías y un Dios Cornudo como figura central, que habría perdurado desde la prehistoria hasta la Edad Moderna, adaptándose para sobrevivir a la persecución cristiana.

Margaret Murray, describe a las brujas como miembros de comunidades secretas que practicaban ritos estacionales, ceremonias de fertilidad y cultos a la naturaleza. Interpreta los testimonios inquisitoriales no como delirios producto de la tortura, sino como fragmentos distorsionados de una tradición coherente y antiquísima. Esta propuesta rompió con la visión dominante de la brujería como un histeria colectiva o crimen imaginario, dándole un trasfondo religioso y cultural.

La obra es muy discutida, y sus métodos han sido criticados por falta de rigor histórico y por extrapolaciones excesivas a partir de fuentes comprometidas. Sin embargo, sigue siendo útil como referencia comparativa. Permite contrastar la interpretación antropológica de la bruja como supervivencia de un culto organizado frente a visiones más recientes que la ven como una figura simbólica, social o política. Este contraste ilumina cómo las ideas modernas sobre la brujería han oscilado entre la reconstrucción de una religión antigua y la lectura de la bruja como arquetipo y/o resistencia cultural.

Cuando Margaret Murray publica El culto de la brujería en Europa occidental (1921) la visión dominante en la historiografía y la antropología europea era que los juicios de brujería de los siglos XV al XVII respondían principalmente a una mezcla de histeria colectiva, superstición popular, manipulación política y represión religiosa. En otras palabras, se consideraba que la figura de la bruja no tenía un correlato real en la práctica ritual, sino que era una construcción imaginaria alimentada por el miedo, la ignorancia y los intereses del poder.

Margaret Murray rompe con esta lectura al proponer que, detrás de esas acusaciones y testimonios, había un sistema religioso organizado, una antigua religión precristiana, que sobrevivía en secreto. Así, en lugar de tratar la brujería solo como una fantasía persecutoria, le otorga un trasfondo religioso y cultural que la conecta con la continuidad de creencias paganas y cultos a la naturaleza en Europa.

Margaret Murray interpretó que detrás de las confesiones, incluso las obtenidas bajo tortura, había un núcleo real. La supervivencia de un culto antiguo y clandestino. Esto fascinó a muchos lectores en la primera mitad del siglo XX y tuvo gran influencia en la cultura popular y en la génesis de movimientos neopaganos como la Wicca.

En Dreaming the Dark y en sus otros libros (The Spiral Dance, sobre todo), Starhawk se inspira parcialmente en Margaret Murray y en la Wicca de Gerald Gardner, tomando como base la noción de una religión de la diosa que habría sido perseguida y casi erradicada en Europa.

Sin embargo, ella no afirma una continuidad histórica exacta. Reconoce que muchas de estas reconstrucciones son simbólicas o reconstruidas, pero las considera válidas como mitos fundacionales para la práctica espiritual y el activismo ecofeminista.

Para la bruja, la Wicca es relevante no tanto como herencia directa y pura de antiguas religiones, sino como un momento clave de reapropiación y reinvención del arquetipo de la bruja en la modernidad.

La Wicca, formalizada por Gerald Gardner en los años 50, surge en un contexto británico de posguerra, cuando el interés por el ocultismo, el folclore y el paganismo se cruzó con una sociedad que buscaba nuevas formas de espiritualidad, más libres y menos jerárquicas que las religiones dominantes. Gardner tomó elementos de la hipótesis de Margaret Murray sobre un culto europeo precristiano a la Diosa y los combinó con rituales masónicos, magia ceremonial y prácticas de magia popular inglesa.

Aunque sus raíces históricas sean discutidas, su impacto cultural es profundo. La Wicca fue la primera tradición moderna en presentarse abiertamente como religión de brujas legítima, rompiendo el monopolio de la imagen demoníaca o criminal. Coloca a lo femenino divino en el centro, en equilibrio con un principio masculino -el Dios Astado-, ofreciendo un modelo simbólico que inspira a corrientes ecofeministas y neopaganas posteriores.

Estructura su calendario en torno a las fases lunares y las ocho festividades de la Rueda del Año (solsticios, equinoccios y festivales intermedios), que han influido en muchas otras corrientes y en la cultura popular sobre la brujería. Difunde la ley triple y el principio de haz lo que quieras, sin dañar, que han marcado la ética de gran parte de la brujería contemporánea. La Wicca populariza la figura del coven (pequeño grupo ritual) como espacio de iniciación y práctica compartida, un formato adaptable a contextos artísticos, terapéuticos y comunitarios.

Para la bruja, la Wicca ofreció un precedente moderno de reconstrucción simbólica del pasado con fines de empoderamiento espiritual y político. Aunque no sea históricamente idéntica a los cultos perseguidos en la Europa premoderna, sí logró articular un lenguaje ritual, estético y ético que rescató a la bruja

WITCHES AND PAGANS: WOMEN IN EUROPEAN FOLK RELIGION DE MAX DASHÚ

Max Dashú es una historiadora feminista, investigadora independiente y fundadora del Suppressed Histories Archives. Su obra combina arqueología, filología, documentos medievales y tradiciones orales para reconstruir, desde una perspectiva etnohistórica, la presencia y el poder espiritual femenino en el periodo precristiano y en las primeras fases de la Europa cristianizada.

La autora subraya que la historia oficial fue escrita desde los prejuicios del patriarcado cristiano y romano, por lo que su labor consiste en rastrear huellas de las antiguas prácticas a través de nombres, símbolos, rituales y mitos.

Max Dashú cruza registros eclesiásticos, crónicas, legislación y códices con cantos, leyendas, y arte sacro, situándolos en un marco cultural vivo. La etnohistoria permite reconocer las continuidades y las rupturas, valorar la memoria colectiva como un depósito histórico y confrontar las versiones oficiales con las indígenas o las populares.

Max Dashú recorre las principales áreas culturales. Iberia, el mundo Celta, Germania, Escandinavia, el Mediterráneo precristiano, el espacio eslavo y báltico. Explora figuras como las druidesas, las sacerdotisas galaicas y lusitanas, las videntes germánicas como Veleda, las reinas*guerreras, las sibilas y vestales, y las mujeres de poder en la tradición galo*británica. Analiza el sincretismo entre religiones indígenas y cultos impuestos, así como la convergencia simbólica que sobrevivió en las fiestas agrícolas, los ritos de fertilidad, las danzas y los cantos.

EL LINAJE ATLÁNTICO DE LA VIDENTE ORACULAR

En la Península Ibérica, mucho antes de la romanización, las costas y montañas del noroeste, territorios de Galaicos y Lusitanos, guardaban un linaje femenino consagrado a la mediación con lo sagrado. Estas sacerdotisas no eran figuras marginales, sino nodos esenciales en la estructura espiritual de sus comunidades. Vivían apartadas en grupos femeninos, en islas o lugares de difícil acceso, cerca de aguas sagradas o cumbres, preservando un modo de vida orientado a la contemplación, el canto ritual, la danza y el sacrificio ceremonial.

Su aislamiento no era un retiro pasivo, sino una estrategia para custodiar la pureza de su vínculo con las divinidades y los ciclos cósmicos. Sus funciones combinaban el oráculo y la sanación, la adivinación y la orientación política. Eran consultadas antes de las batallas, en momentos de crisis o cuando el equilibrio de la comunidad estaba en riesgo. Sus visiones eran transmitidas en un lenguaje ritual, muchas veces acompañadas de gestos, cantos o símbolos difíciles de interpretar para el ojo de afuera.

La arqueología las vincula a divinidades como Navia, señora de las aguas y de la regeneración; Ataecina, guardiana del inframundo íbero, la noche, la muerte y el renacer; y en algunos casos, a entidades solares o lunares que regían el paso de las estaciones y la fertilidad de la Tierra.

Estas sacerdotisas pueden leerse como precursoras del arquetipo de la bruja*oracular. Mujeres que sostienen la memoria de la Tierra, orientan el destino colectivo y encarnan un poder soberano, no delegado por estructuras patriarcales.

Su legado se percibe en los mitos de hechiceras atlánticas, en las menciñeiras gallegas y curanderas rurales, y en la sobrevivencia de un imaginario donde la mujer sabia del norte es guardiana de umbrales, conocedora de los ritmos invisibles y mediadora entre lo humano y lo divino. En la bruja, estas figuras nos permiten anclar el trabajo en un linaje precristiano, donde la espiritualidad femenina no necesita disfrazarse para sobrevivir. Una espiritualidad asumida como una fuerza visible vinculada al territorio y a la comunidad.

PROCESO DE REPRESIÓN Y CRIMINALIZACIÓN

Max Dashú analiza la evolución de los términos para bruja en diversas lenguas europeas y cómo su significado pasó de mujer sabia a hechicera maligna. Recupera las imágenes de la sanadora, la yerbera, la vidente y la mediadora, desplazadas por la figura demonizada que se asocia con el diablo a partir de la alta Edad Media. También estudia el uso de hierbas psicoactivas, encantamientos, viajes espirituales y la asociación con animales totémicos.

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Brigid, Badb o Cerridwen

El libro enlaza las leyendas de diosas como Brigid, Badb o Cerridwen con las tejedoras de guerra y paz, y rastrea en el folclore medieval la persistencia de elementos precristianos como las vírgenes negras, las danzas laberínticas, las procesiones de espíritus y las sociedades femeninas nocturnas. Las buenas mujeres que ven de noche y las tregendas de brujas se reinterpretaron como sectas diabólicas, pero conservaron trazas de antiguas cofradías rituales.

El vínculo entre diosas como Brigid, Badb o Cerridwen y las tejedoras de guerra y paz revela una matriz común donde la soberanía femenina se manifiesta como el arte de urdir destinos.

Brigid, en la tradición celta, no solo es diosa de la poesía, la curación y la forja, sino también de la inspiración profética.

Su palabra y su fuego modelan tanto armas como pactos, y su es invocada en los umbrales donde la comunidad debe regenerarse.

Badb, diosa cuervo asociada a la guerra, sobrevuela el campo de batalla como augurio y como fuerza que decide los desenlaces. Su guerra es también visión estratégica, tejiendo el resultado a partir de la lectura del campo y la psicología del inconsciente colectivo.

Cerridwen, guardiana del caldero de la inspiración, transforma mediante el proceso alquímico de disolución y recomposición. La sabiduría final solo llega a quien atraviesa la transmutación completa.

En todas ellas, la metáfora del tejido es una práctica sagrada donde urdimbre y trama representan la tensión entre la destrucción y la creación.

Las tejedoras de guerra y paz no solo hacen y deshacen hilos, sino que deciden qué vidas y qué historias se sostienen y cuáles deben soltarse en nombre del equilibrio. Su trabajo -invisible para quien solo mira la superficie- es en realidad un acto de gobernanza del destino. De hilar las condiciones que harán posible una victoria, una tregua o una transformación profunda.

Esta matriz simbólica se enlaza con Inanna que como diosa de la paz y de la guerra encarna el doble atributo de Venus como estrella de la mañana y de la noche. En el ciclo actual de Venus*Aries, esta guerra está a favor de la vida. No es un anhelo de destrucción, sino la afirmación radical de la vida. Es la coherencia de un combate que defiende la integridad de la paz. Esta paz requiere la fuerza, la estrategia y el coraje de atravesar el descenso.

LA BRUJA

MITO*POÉTICA DEL DESCENSO

un recorrido de cinco meses en colaboración con Nuria Fernández .

*del primero de septiembre 2025 al 18 de enero 2026*

El valor del recorrido de la bruja es de 188 euros.

La fecha límite para unirte a la bruja es el lunes 25 de agosto. La primera entrega de la bruja será el primero de septiembre.

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Fuente: Soberanía Creativa

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