En 1986, mientras Desi Arnaz yacía en la cama de su casa en Del Mar, debilitado por un cáncer de pulmón avanzado, entró una llamada. Era Lucille Ball. Le habían dicho que le quedaba poco tiempo. Llevaban divorciados más de dos décadas, pero aquella noche el tiempo y el dolor parecieron desvanecerse. Lucille no se detuvo en formalidades. Habló con suavidad al teléfono. Su hija, Lucie Arnaz, que estaba cerca, vio cómo se le llenaban de lágrimas los ojos a su padre. Él no dejaba de repetir: “Te quiero. Te quiero. Te quiero”.
Fue uno de los últimos momentos de lucidez de Desi. Horas después, su estado empeoró. Dos días después de aquella llamada, el 2 de diciembre de 1986, falleció. Pero lo que quedó fue el sonido de la voz de Lucille y el eco del afecto inquebrantable de Desi.
Habían sido una de las parejas más magnéticas de Hollywood. Su química atravesó la pantalla en «I Love Lucy», la serie que impulsaron junto a Desilu Productions. El público veía la risa y el caos, pero debajo de la comedia había un matrimonio marcado por una pasión real, una lealtad compleja y la presión constante de la fama.
Su historia de amor comenzó en 1940 durante el rodaje de «Too Many Girls». Lucille, que ya iba ganando terreno en el cine, quedó impactada por el carisma de Desi en cuanto apareció en el set. Menos de seis meses después, se casaron. Pero los años que siguieron no fueron fáciles. Las largas giras de Desi con su orquesta, los rumores de infidelidad y el peso de sostener una imagen pública acabaron pasando factura. Lucille pidió el divorcio en 1944, aunque poco después se reconciliaron. En 1951, volvieron a encontrar estabilidad al lanzar «I Love Lucy», una producción que revolucionó la televisión y los convirtió en nombres conocidos en todo el país.
El éxito no borró el desgaste de su vida privada. En 1960, Lucille volvió a pedir el divorcio, y esta vez fue definitivo. Más tarde reconocería que había sido una de las decisiones más dolorosas de su vida. Aun así, ni siquiera la ruptura terminó de romper el vínculo. Criaron juntos a sus hijos, Lucie y Desi Jr., y siguieron colaborando en asuntos profesionales. Tras el divorcio, Lucille quedó al frente de Desilu Productions y llevó la empresa aún más lejos, sin restar importancia al papel fundamental que Desi había tenido desde el inicio.
Con el paso de los años, siguieron en contacto. Había llamadas de cumpleaños, conversaciones sobre sus hijos y otros intercambios discretos que solo les pertenecían a ellos. Amigos y familiares hablaron muchas veces de un amor que nunca terminó de apagarse. En entrevistas, Lucille evitaba entrar en los motivos más profundos de su divorcio, pero siguió refiriéndose a Desi con una ternura que decía mucho.
En 1986, cuando Lucille supo que Desi estaba gravemente enfermo, vivía en Beverly Hills y estaba casada con el comediante Gary Morton. Aun así, quienes la conocían bien decían que Desi seguía ocupando un lugar permanente en su corazón. Aquella llamada final no fue un gesto cualquiera. Fue la necesidad de tender un puente sobre los años y recordar un lazo que nunca desapareció del todo.
Tiempo después, Lucie Arnaz contó públicamente lo que ocurrió aquella noche. “Fue increíblemente conmovedor”, dijo. “Él estaba casi incoherente, pero sabía que era ella. Y cuando ella habló, él respondió con esas palabras, una y otra vez”.
Lucille dejó claro en más de una ocasión que Desi había sido una parte esencial de su vida. Falleció en 1989, menos de tres años después de aquella última conversación. Quienes estuvieron cerca de ella aseguraban que conservó hasta el final un recuerdo muy especial de Desi.
Su historia no terminó con unas firmas en un divorcio ni con el fundido final de una serie legendaria, sino con un último “te quiero” susurrado a través de una línea telefónica, dicho con claridad y recibido por un corazón que nunca lo había soltado.
Fuente: People («How Lucille Ball Said Goodbye to Desi Arnaz 2 Days Before He Died», 23 de febrero de 2022)
Fuente: La Casa del Saber
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