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Artículo Soberanía Creativa – Newsletter – Virgo

Saludos

La Luna empieza a crecer. Venimos de la Luna Nueva en Virgo, que nos invita a poner orden y a establecer las estructuras prácticas necesarias para nuestro cuidado, nuestro bienestar y nuestra salud. Desde este lugar, he sentido dar mi palabra hoy y compartir contigo que me lees, en este círculo que se reúne en torno a esta Newsletter de Soberanía Creativa, el marco y el encuadre desde el cual trabajo. Hoy lo que estoy proponiendo es una revisión de nuestro acuerdo.

Si te acabas de sumar a la Newsletter, si acabas de llegar, te recomiendo que te familiarices con los textos que he publicado desde que abrí este espacio. Te invito a que conectes con el lugar desde el cual comparto mi palabra, mi trabajo, y desde el cual también ejerzo mi servicio, hago mi ofrenda y genero mi economía. Estoy hablando desde el lugar elegido para ejercer mi vocación.

En este enlace… encontrarás las publicaciones previas.

A menudo definimos el espacio profesional en términos que no hemos interrogado. Doy un servicio por un intercambio de valor e intento cumplir lo mejor que puedo con lo que describo en mis propuestas. Cuando estás en uno de mis círculos, en uno de mis talleres, en uno de mis cursos, o en el cualquier contenedor o experiencia que ofrezca, estoy consciente del campo energético que genero, y procuro cuidarlo lo más responsablemente posible. En los pasados años, he sido consistente con el valor económico de mi trabajo. Siento que mi trabajo es muy accesible y espero que así siga siendo. Es mi manera de sostener una ecología económica de intercambio. Podría hacer mi trabajo mucho más exclusivo, cerrar la puerta a muchas personas y subir los precios. He elegido y sigo eligiendo no hacerlo así. Así que también hay una generosidad en lo que comparto, porque hay una dimensión de servicio, porque reconozco que estoy honrando una tradición y una raíz que custodio y a la cual doy continuidad. No vine a especular, ni a extraer más de lo que me corresponde. Así que me gano la vida con integridad y honra. Con claridad de que es mucho lo que ofrezco, consciente de que es un lugar que pide atención, cuido y revisión, para no desgastarme. Ésta es una de las razones por las que debo tener mucho cuidado con mi tiempo, mi energía, mi espacio, que son los tres fundamentos sobre los cuales levantamos nuestra soberanía creativa y cultivamos nuestro centro. Es lo que predico. Es lo que intento, como tú, poner en práctica.

Cuando te invito a mirar hacia atrás algunas de las Newsletters y familiarizarte con mi ofrenda es también una manera de recordarte que hace un tiempo compartí que en el 2007 tuve una iniciación que cambió mi vida. Tuve un diagnóstico de cáncer que abrió la puerta a una nueva línea de tiempo y a un proceso evolutivo muy potente que me ha traído hasta aquí, ahora. El término Soberanía Creativa nació en ese momento en el que recibí el diagnóstico y en cual un grupo de palabras intentaron hechizarme. Palabras que me intentaron penetrar con su conjuro invertido para hacerme creer que si yo no hacía lo que los médicos me decían me moría. Escuché mi cuerpo, que me dijo que sí, que me tenía que cuidar, que era una advertencia, que era una puerta iniciática, pero que yo no estaba tan enferma como para sucumbir a ese dispositivo de miedo y sus consecuencias en mi cuerpo y mi futuro. Recuerdo preguntarme de dónde venía esa sabiduría interna que me era desconocida. Esa certeza. Esa seguridad.

Y sentí que existía una soberanía más allá de mi propia mente, o de mi propio control. Algo más poderoso que mi ego. Que sabía. La que sabe en mí. Soberana y creativa. Una voz clara que me dijo: tú no estás enferma. Hazte cargo de tu salud. No era una negación al diagnóstico. Era más bien una petición de responsabilidad por parte del cuerpo médico, una petición de que me miraran y me reconocieran, un reclamo de ser escuchada en mis dudas e interrogaciones. Me experimenté a mí misma en subjetividad libre y soberana. Sentí que podía elegir qué camino tomar para mi curación. Y eso fue lo que hice. Y es lo que sigo haciendo.

Tengo mucho que compartir sobre la escuela del cáncer y la cura. De lo recibido en mi propio camino y a través del camino de compañeros y compañeras de vida. He acompañado procesos en terapia. He acompañado procesos en la intimidad de mis relaciones. Encarné en esta vida con seis planetas en Virgo, así que hay algo con este arquetipo de la curación que es muy pertinente en mi proceso evolutivo, en mi servicio y en mi vocación. Intento predicar con el ejemplo, es decir que intento caminar las palabras que nombro. No siempre es fácil, pero con la madurez, y mis recién cumplidos 56 años, voy encontrando esa seguridad en mí misma. Cada vez hay menos abismo y separación entre lo que siento a nivel interno y lo que camino a nivel externo. Y eso ha implicado una corrección de curso, un cambio de perspectiva y una reconfiguración de mis relaciones.

La primera gran lección que aprendí en el 2007, a raíz de mi proceso de curación, es que tenía que poner límites. Que estaba tan fragmentada en el afuera cumpliendo con las expectativas ajenas que lo deshabitado en mí estaba gritando, y que mis células generosas estaban diciéndome: «Paloma, entra, desciende». Y sí, ha sido una búsqueda, no siempre acertada, pero sincera. Aprendemos del error y, en eso de aprender a poner límites, he necesitado pasar muchas veces por el mismo lugar.

Cíclicamente la vida nos pide que renovemos nuestros contratos, que recapitulemos nuestra vida para reconocer qué pide una mayor integridad, coherencia o pertinencia en el cuido. Lo que repetimos, porque en su momento nos sirvió, se puede dogmatizar o fosilizar y mantenernos atrapados en un lugar que no nos permite crecer, y que eventualmente nos enferma por inercia o por rigidez. Por miedo al cambio. Por miedo a cambiar y no ser recibidas.

¿Qué es lo que quiero decir hoy con todo esto? Hoy necesito formular un nuevo encuadre con relación a mi servicio y a mi disponibilidad. Hoy necesito comunicar con claridad los límites profesionales y personales necesarios para sostener mi vida con integridad y a favor de mi bienestar y salud. Como ya he mencionado en varias ocasiones, y te lo recuerdo porque a veces se nos olvidan las cosas, hace un año y medio elegí mudarme de Puerto Rico a Barcelona para atender el proceso de deterioro cognitivo de mi madre, y apoyar a su esposo –mi padrastro– en los cuidados necesarios en esta fase de su vida. Es una de las decisiones más conscientes y profundas que he tomado en mi vida. Años trabajando con el Reino de la Madre en su multi dimensionalidad, y la vida, en su generosidad infinita, me ha ofrecido la escuela más próxima e inmensa que jamás pude imaginar. Estar aquí, presente, para responder a lo que la vida me ofrenda en vez de tratar de imponer mi visión o mi perspectiva de lo que debería ser mi vida. ¡Qué cambio tan enorme! Implicó una muerte de mis ideales y algunas ilusiones que tenía proyectadas en el futuro. Menos mal que he sido desviada, me digo. Qué mucho hice para evitar el Reino de la Realidad y qué mucho necesitaba aprender a simplemente estar presente para lo que la vida me ofrece y habitar cada instante con la potencia de mi deseo, de mi amor y de mi gozo. Es lo que pongo en el campo. Eso es lo que hago. ¿Y cómo hacerlo sin que mi madre me devore? Qué hermosa pregunta. Para quienes saben de lo que estoy hablando, y desde el lugar que lo hago, qué hermosa pregunta ¿verdad?

¿Cómo estar disponible para mi madre sin que mi madre devore mi deseo, mi eros y mi juego vital? ¿Cómo ofrendarle mi eros a mi madre como barca que la acuna en el mar de su despedida de esta vida? ¿Cómo acompañarla a lo que le toca vivir desde el amor más inconmensurable que hemos podido reconocer mutuamente en nuestras miradas y nuestros ojos transparentes? ¡Qué sacrificio!, me dice la gente. El sacrificio es relativo. Es cierto hay mucho que sacrificar. Pero de lo que me doy cuenta es que no es un sacrificio. Es una limpieza. Sólo lo esencial y verdadero queda en pie. Y eso, es lo mejor que me ha pasado. Es el legado dorado que el misterio de La Madre me ofrenda. Porque necesito muchísimo tiempo para mí misma, para mi ecología íntima y personal. Para reconocer los límites, hasta cuándo es el sí, cuándo es el no, lo pertinente, de lo ilusorio y engañoso. Navegar la culpa, la mente y sus narrativas de deberías.

Ha sido un proceso por fases. Este mes de agosto mi madre ha entrado en una fase bastante delicada en su proceso, que está pidiendo que yo tenga más campo de juego abierto para mí misma, que esté más distanciada de las exigencias ajenas y cuide de este momento tan precioso y delicado. Este momento tan sagrado, como mujer despierta –o con la intención de estar despierta– en esta Tierra, viviendo lo femenino y honrando la sabiduría y conciencia uterina y su linaje. No sé cuánto tarde mi madre en irse, si meses o años, pero se está yendo, y es una escuela.

También quiero nombrar que soy hija única, que mi comunidad está fragmentada y dispersa por el planeta, que tengo el apoyo justo, que tengo el tiempo justo, y que estoy aprendiendo a no estar disponible para las demandas, por supuesto, pero también para no estar disponible para las proyecciones que los demás tienen de lo que yo debería o no debería hacer en el rol que he elegido profesionalmente asumir. La que decide el marco de mis servicios soy yo, no los demás. La que en estos momentos decide cuáles son los vínculos que me nutren soy yo, no los demás. Eso no es un rechazo a las personas. No es personal decimos, y es verdad, no lo es. Yo digo, no es práctico ni sostenible. Simplemente es que no hay tiempo para todo. No hay energía para todo. No hay espacio para todo. Me siento en un lugar de profundo discernimiento y claridad con relación a lo que es realmente importante. Lo vital. Así que elijo dar esta palabra dentro de este marco porque aquí están algunas de mis amistades, algunos de los miembros de comunidades en las que he participado, pacientes y clientes; hay todo un campo vincular aquí, en esta Newsletter, que me permite dar una sola palabra, y que le llegue a quien le tenga que llegar. Así no me fragmento, no me desgasto, en tener que dar explicaciones individuales, a cada persona, de por qué no contesto una llamada, o de por qué no respondo a un mensaje, por qué no me muevo a visitar, o no acepto invitaciones. Estoy simplemente pidiendo respeto para mi momento vital.

Las personas que están en mis círculos saben que soy puntual y que cumplo con mis compromisos, y que estoy presente para la tarea. Somos dos personas atendiendo al correo electrónico de Soberanía Creativa y a veces no damos abasto, porque lo hacemos de manera próxima y artesanal, y sí, cometemos errores. Ahora necesito poner un límite y decirte que no estoy disponible para todo. Y que, si no te sientes satisfecha o satisfecho, que te puedes dar de baja de este espacio, puedes no seguirme y dejar de atender a mis propuestas.

Respondo a las cuestiones prácticas, económicas y operativas. En mi círculo ofrezco equipo de apoyo y terapéutico. Pero si necesitas un terapeuta, si necesitas un consejo, no des por sentado que yo estoy disponible para dártelo. Si doy talleres presenciales en Barcelona y vives fuera de Barcelona, no des por sentado que mi función es conseguir tu hospedaje o facilitarte tu viaje. No siento que tenga que aclarar esto, pero lo tengo que aclarar porque ocurre. Y para no desgastarme en dar explicaciones individuales pongo las reglas del juego aquí con la mayor claridad posible.

Yo elijo cuando lo que me están pidiendo no pertenece al reino de mi responsabilidad. Y si siento que no puedo, te lo digo. No me quiero deshumanizar en el proceso de trabajar y estar en mi camino vocacional. Las expectativas proyectadas en mí merecen ser interrogadas, y es lo que hago, poner un límite para que hagas tu parte.

Así que esta es la palabra de hoy, tanto en lo íntimo y personal como lo profesional, comunico que hay una disminución de mi disponibilidad a fragmentarme en la escucha y cuido de los demás. Cuido mis relaciones más íntimas. Y nos cuidamos mutuamente. Si algo me ha enseñado este ciclo de estar atenta a mi madre –y a mi propio proceso– es que ese límite, ese discernimiento, tiene que ver con la reciprocidad. En algún lugar de mi contrato pasado, de mi patrón herido, de mi sombra, yo acepté estar disponible para personas que no estaban disponibles para mí. Es una herencia de los caminos comunitarios sectarios, de intercambios de poder, de hermandades y sororidades ideológicas, en donde acabamos de apoyo a los demás, a una causa, a un ideal. Es decir, ofrendando nuestra energía.

Siempre he sido un gran apoyo. Mi gran aprendizaje, desde hace unos años, ha sido hacerme esa pregunta tan valiosa: ¿y a mí quién me apoya? Bendecida soy de que tengo un gran apoyo. Pero también, honro una nueva claridad en mi mirada con relación a los vínculos que no me apoyan en estos momentos vitales, y que no tienen por qué hacerlo. Yo no lo pido. Y la parte más difícil es darme permiso –a mí misma– para no estar disponible cuando me piden el apoyo, cuando me piden estar.

Nos adentramos en un ciclo, en estos años, en que cada vez va a haber más gente desesperada por recibir atención, respuesta, medicina, cura. Necesitamos abrir escuelas. Escuelas de auto curación, de emancipación y de responsabilidad propia para no convertirnos en cargas de otras personas, para hacernos cargo lo más posible de lo que podemos hacer por nuestra cuenta. Esto es contribuir a la comunidad.

También, observar cuándo tocamos la puerta de una persona porque nos interesa algo de ella, su energía, su tiempo, su talento, su don, su poder. En una conversación que tuve hace años con la abuela Margarita ella me dijo que la mujer era como una zorra, que la medicina de la mujer era la astucia, que tenemos que ser astutas. Me asustaron estas palabras. Las sentí fuertes. Zorra. Astuta. Me resultaban ajenas. Éstas no son palabras que asociamos con ser buena. Y, en estos años, las he ido madurando dentro de mí. Ésa es la palabra de una mujer que sabe. Es cierto. La astucia es una gran herramienta: cuando con el rabo del ojo empiezas a ver lo que antes no veías.

La gente que me conoce sabe que la puerta de mi corazón está abierta y que puedo ser generosa con mi tiempo y energía. Pero ya no tengo miedo a decepcionar, o a estar en boca ajena desde la queja, el juicio o la crítica. Así que este sermón que estoy ofreciendo aquí hoy es mi siembra de Luna Nueva en Virgo. Siembra de autocuidado, de inversión en mi salud. De habitar el Eros de mi propia vida, en mis propios términos. De preservar mi jardín, mi juego, mi alegría, mi gozo y de discernir con claridad que no es tiempo de jugar con todo el mundo, y que no estoy disponible. Así que les pido paciencia con el correo electrónico, con mis no, con mis límites; les pido compasión con esta palabra que estoy dando aquí hoy, y les pido respeto en este momento vital que estoy viviendo con mi familia.

Seguiré en la tarea, en el servicio, en el trabajo y también en estos momentos me doy el permiso para cambiar el encuadre y para no responder cuando no puedo responder, o no corresponde responder. Tiene que ver con un ahorro de la palabra, un ahorro de la energía, un ahorro de atención. Cada llamada, cada mensaje es una fragmentación. Desde donde yo estoy, es mucho. Son muchas tribus. Son muchas relaciones. Son muchas peticiones. Así que eso es lo que quería compartir hoy. Espero que puedas recibirlo, aceptarlo, honrarlo y respetarlo. Y acogerlo con compasión y con buena voluntad. También espero que estas palabras te sirvan de ejemplo para que puedas hacer lo mismo en tu vida.

Los tránsitos planetarios que nos esperan durante este mes de septiembre, y los cambios que nos esperan en los próximos meses –e incluso años– nos desafían a madurar, a cambiar nuestras maneras de vincularnos de maneras más conscientes. De prestar atención a cómo circula la energía, el tiempo y el espacio compartido. El 17 de septiembre tenemos la Luna Llena en Piscis y un eclipse lunar que abre la temporada de eclipses en el eje Piscis * Virgo. El 2 de octubre tendremos otro eclipse solar, el día de la Luna Nueva en Libra, o sea que volveremos a tener entonces un eclipse en el eje de Libra * Aries. El cambio del eje nodal a Piscis y Virgo que se va a dar en enero del 2025 –y nos va a acompañar durante 18 meses– tiene que ver con la energía y con la salud. El nodo norte va a transitar en el signo de Piscis y el nodo sur va a transitar en el signo de Virgo.

Así que yo estoy aplicando lo aprendido la última vez que el nodo sur estuvo en Virgo y transitó por este lugar tan concurrido en mi carta. Fue cuando tuve mi diagnóstico de cáncer. Así que lo que estoy haciendo aquí hoy con esta palabra es también una medida preventiva. Estoy conjurando cómo quiero recibir esta petición del cosmos a reconfigurar mi campo energético y mi campo de acción práctica.

La vida es cambio. Pasaremos de la energía cardinal (Aries y Libra) a la energía mutable con los nodos en Piscis y Virgo. Así que invoco un permiso al cambio. Que nos demos permiso a alquimizarnos y a cambiar. A transformarnos y a darnos la bienvenida a ser otras personas; y que dejemos de imponer los moldes, las máscaras, los roles rígidos del pasado en el hoy. Acostumbrémonos a darnos las bienvenidas de otras maneras, e interroguemos qué poder extraemos al no reconocer el cambio de otras personas. Venus ha estado en conjunción con el nodo sur en Libra, con la Luna justo empezando a crecer. Así que el campo vincular está bajo la lupa. Recapitulamos los errores cometidos en el pasado para darnos cuenta de quiénes no nos valoran, o no nos reconocen en nuestra transformación, y quienes nos van a seguir acompañando en este camino evolutivo. Así que cuidado con la rigidez, con los dogmas vinculares, con el exceso de socialización, con el imperativo de quedarnos en la superficie, de quedar bien.

Atrevámonos a quedar mal. Arriesguemos ensuciarnos un poco, a ver qué pasa, cuando traspasamos esas superficies y nos encontramos en esos lugares a veces incómodos, pero que nos permiten seguir reconociéndonos, crecer juntos y juntas y nutrir, así, el campo afectivo de transparencia y verdad.

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