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Artículo Caminos Para La Cura Interior – 2 / 2

ESFUERZO SIN LUCHA

Lo expuesto hasta aquí respecto de la cura podrá llevar a algunos lectores a dejar de creer en la utilidad de efectuar esfuerzos para obtenerla. Es que fue examinado sólo un lado de la cuestión, siendo, por tanto, necesario presentar ahora otros aspectos, a fin de ampliar la comprensión del asunto.

Además de la alimentación provista al cuerpo físico, y de la conocida energía sutil que lo envuelve y penetra, la subsistencia del hombre es mantenida por tres fuentes diferentes. La primera de ellas está ligada a su actividad, sea ésta inconsciente o inteligente; la acción lo lleva a tener sensaciones «vitalizadoras» y el propio movimiento genera energías que se podrían caracterizar como cuasi-físicas. Sometida a un juego de fricciones y confrontaciones, la mayoría de los seres humanos permanece satisfecha con las causas y los efectos de sus actos, sentimientos y pensamientos, o satisfecha con el resultado de la lucha entre fuerzas muchas veces antagónicas. Es principalmente de eso, que el hombre común, y del vulgo extrae fuerzas para su subsistencia.

La segunda fuente, más organizada, son las energías universales con las cuales él entra en contacto cuando comienza a evolucionar de modo consciente. Son energías autoguiadas, que conocen el Plan para la vida del hombre y que se manifiestan de conformidad con un orden superior. Es a través del fortalecimiento progresivo de su vinculación con tal fuente que el individuo va entrando, como vimos, en una esfera de protección especial.

La tercera fuente son los niveles profundos y espirituales de la propia consciencia, en los cuales, con el ejercicio de la aspiración, el hombre va penetrando poco a poco. Comienza entonces a absorber, al principio inconscientemente, energías de calidad aún superior a las antes descriptas. Para muchos, el contacto con esa fuente ocurre sólo en raros momentos; pero, en la época actual, los caminos para alcanzarla están mucho más abiertos.

Cualquiera que sea la fuente principal de nuestra subsistencia, el esfuerzo debe ser siempre la tónica básica del acto de que extraigamos de ella la energía que necesitamos. Sin esfuerzo no hay revitalización del ser ni Alegría, pues ésta no está al alcance de personas acomodadas, sino de aquéllas que saben vibrar en cierto grado de sana tensión. En verdad, la Alegría es fruto de esa tensión. Pero, de hecho, ¿qué significa el término «esfuerzo» en este orden de ideas?

La palabra esfuerzo, cuando se la utiliza en su sentido espiritual es, por lo que pude experimentar, la concentración persistente, inalterable y segura del ser en el camino que lo lleva a alcanzar su meta evolutiva. No es propiamente hacer fuerza ni siquiera luchar por alguna cosa, sino permanecer de manera firme e incondicional, en ese camino sin ser apartado por ninguna circunstancia externa ni por crisis interiores. El esfuerzo, así comprendido, se refleja en la vida cotidiana del hombre por el mantenimiento de un ritmo organizado en el servicio que él presta a los semejantes y al mundo. Tal servicio se efectúa, empero, sin que él procure asegurar el curso de las energías, o sea, sin que al hacer todo lo que puede hacer por el otro procure, de alguna forma, controlarlo o pretenda recibir cualquier recompensa por el beneficio que concede.

Como ya vimos, la consciencia superior es regida por aspectos de las leyes que son diferentes de los que actúan en los planos más densos de la vida. En el plano moral, el esfuerzo es el acto de mantener la atención firme en esa consciencia, así como de adecuarse a ella y a sus movimientos. Es necesario firmeza en la decisión para que estemos actuando siempre con respecto a todo progreso que podamos efectuar, inclusive en la visión que tenemos de los asuntos pertenecientes al mundo de las cualidades y los valores, mundo muy diferente del de la materia densa y de los resultados visibles y cuantitativos.

En el plano mental, el esfuerzo se presenta como búsqueda incesante de conocimiento. Quienes extraen su «saber» sólo de su experiencia pasada tienen embotadas sus mentes y condiciones remotas de abrirse hacia la iluminación. A su vez, el estudio intelectual es una fase básica en el desarrollo de la mente, preparándola para etapas más avanzadas. Pero, a medida que el hombre se perfecciona, el conocimiento viene cada vez menos de su vida externa y común, y cada vez más de fuerzas universales para, después, en una etapa posterior venir de dentro de él mismo.

La fatiga, enfermedad muy común hoy en día, encuentra ambiente propicio en el individuo que no se esfuerza. Mientras solamente lucha, él se desvitaliza progresivamente porque no encuentra reposición de la energía, a no ser bajo la forma grosera de asimilación de las fuerzas provenientes de las sensaciones. Al contrario, cuando empieza a tener comprensión del proceso evolutivo, se va abriendo a la consciencia superior y persiste en el esfuerzo deseado. Si no estuviera ligado al fruto de sus acciones, si no pretendiera compensaciones por la entrega de la propia energía afectiva ni la aceptación de sus ideas, aunque genuinas, sino que buscara tan sólo servir en la dirección que se le muestra a través de la intuición o de circunstancias muy claras, el individuo estará haciendo esfuerzo sin conocer fatiga.

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¿Cómo ayudar? He aquí la pregunta de todos los que despiertan hacia el trabajo de cura en el planeta.

Cuando el individuo tiene varias metas, los cuerpos de su personalidad no pueden estar alineados entre sí. Pero, por otro lado, si él se concentra en una meta única y evolutiva, tal concentración produce un ajuste progresivo entre los diversos niveles de consciencia, que forman parte de la totalidad de su ser. Con ese equilibrio, él adquiere también la capacidad de reconocer los obstáculos en el camino evolutivo, lo que le permite eliminarlos o desviarse de ellos.

Como consecuencia de ese trabajo, viene la alineación de su personalidad, ya unificada, con la supraconsciencia. A partir de ahí, el individuo ya habrá encontrado al «guerrero que combate por él», como dice el Bhagavad Gita. Entonces conocerá la alegría, y la fatiga no existirá más para él.

El cultivo de esa actitud llamará al yo superior del hombre a una actividad positiva, que podrá manifestarse inclusive en el plano físico y en los hechos concretos de su vida, porque encuentra las vías abiertas para su expresión. Curar verdaderamente es permitir que el alma fluya sin impedimentos a través de los cuerpos de la personalidad. En la práctica, esa cura interior da también a la persona la oportunidad de servir con altruismo al mundo, por medio de actividades que pueden ser tanto individuales como grupales. La entrega que ella hace de sí misma es la mejor forma para que las energías universales empiecen a nutrir a su ser y para que emerjan a la superficie energías profundas e interiores. En ese proceso, el pensamiento es integralmente reorientado hacia la realidad de la existencia del alma.

Al tratarse de la cura interior de niños, lo principal es que el adulto que está cerca de aquéllos esté viviendo en sí todo eso, de modo consciente. Así ocurre una transmisión que se basa, en su esencia, en el ejemplo y en la irradiación de aquello que se es. En cualquier edad, ellos absorben mucho más de lo que se pueda imaginar y, cuando ya tienen posibilidades de hacerlo, observan.

Como todos los seres, todo lo que ocurre con el niño es programado por su yo interior. En la época actual, muchos niños están trayendo consigo las semillas de un nuevo código genético, y aún no tenemos conocimiento de cómo quedará, en un futuro próximo, la relación con la ley de la evolución. Ya que los adultos de ella encargados no pueden conocer por ahora ese plan, y no se puede llegar a la comprensión auténtica solamente a través de la mera comprensión intelectual, está la siguiente forma de que ellos se pongan a disposición para ayudarlo a curarse: abrirse al propio yo superior y a las energías, teniendo en cuenta que hay una comunicación telepática entre las almas, por intermedio de la cual se transmitirá al niño la intención de auxiliarlo. Así, los yoes superiores pueden trabajar juntos, haciendo reflejar su interacción en el plano físico, en la vida de las personalidades.

Tomar consciencia de que EXISTE una vida totalmente saludable en el nivel de las almas, y saber que esa vida puede reflejarse en la Tierra es abrir la puerta hacia la energía de cura. Es imprevisible lo que puede ocurrir, a continuación.

INDAGACIONES

En diferentes reuniones de estudio sobre la cura interior, me formularon interesantes preguntas que podrán ayudar a ilustrar este libro introductorio. Enumeraremos a continuación algunas de ellas.

¿Cómo puedo saber si estoy actuando según la voluntad superior, o si lo que sigo es aún la voluntad de la personalidad, que surgió subrepticiamente?

Cuando nos disponemos a seguir la voluntad de nuestro yo profundo, esa decisión produce una paz y una seguridad que son independientes de circunstancias externas. Es como si viésemos a nuestra vida como un todo, sin que estemos excesivamente envueltos por el pasado, o con miedo del futuro. Esa seguridad no es común ni material, sino que emana del hecho de que estamos haciendo la cosa exacta para el momento. Además de ello percibimos que, en ese caso, todo nuestro ser emite una determinada nota, como si estuviera confirmando que nuestra acción es la exacta. Empero, eso no se nos demuestra a través de la euforia, ni de reacción alguna de la personalidad, por positiva que ésta sea, sino a través de una profunda certidumbre de que estamos en sintonía correcta. Así, no tenemos dudas de que nuestros propios actos tendrán consecuencias positivas. Por el contrario, si actuamos según el libre albedrío humano, no tenemos la misma seguridad. Hasta podemos estar decididos, pero nunca totalmente seguros. Mientras la acción que sigue a la aplicación de la voluntad personal nos parece siempre dudosa, seguir el impulso interior nunca nos produce dudas. En este último caso, actuamos como si las consecuencias no tuviesen importancia, como si todo estuviese decidido a priori y no pudiese ser de otra forma. Dentro de esa percepción, hasta cuando se nos presentan otras posibilidades de elección, es como si nos fuesen extrañas y nada tuviesen que ver con nosotros.

¿Cuál es el momento más propicio para la cura?

El único momento propicio es aquel en el que el propio individuo se abre a ella sin ofrecerle resistencias. La personalidad no conoce exactamente ese momento; quien lo sabe es el yo superior del individuo. De ahí el hecho de las curas auténticas, interiores, que son procesadas de modo inconsciente tanto para quien cura como para quien es curado. Sin la apertura de este último, y sin que esté de acuerdo en ser transformado, la energía de cura no puede descender sin obstáculos hacia los niveles más densos de su ser.

¿En la práctica, cómo puedo conectarme con el nivel superior de mi consciencia?

A través de la intención de establecer esa conexión, usted efectúa la «apelación», y así el canal empieza a abrirse. La respuesta de los niveles superiores completa la formación de ese canal. Quien en verdad hace la conexión no es su personalidad, pues sólo a ella le corresponde aspirar a ello; quien ejercita el proceso es la supraconsciencia. Hay personalidades que hacen mucho bullicio cuando expresan su necesidad de unirse con las dimensiones superiores del ser, pero hay otras que lo hacen silenciosamente, gastando, así tal vez, menos energía en el proceso. Es suficiente que nos aquietemos, sabiendo que, cuando llegamos a tener interés en la búsqueda de esa unión, es porque hace millares de años que nuestro yo superior está intentando atraernos hacia él. Así, al ser este proceso mucho más amplio de lo que comúnmente podemos suponer, no hay motivo alguno de ansiedad ni de exteriorizaciones emocionales.

¿Qué quiere decir usted cuando usa la palabra «elevarse»?

Quiero decir colocar la mente en motivos positivos, no egoístas. Dejar, poco a poco, de pensar en el propio bien y querer mejorar para tornarse cada vez más apto para ayudar al prójimo. Esas son actitudes coherentes con la energía y con la vocación del alma. Así se comienza un proceso de cura.

Si no debemos confirmar o reconstruir acontecimientos pasados, ¿cómo nos comportaremos en un proceso de psicoterapia?

Narrar un hecho pasado equivale a reconstruirlo en el plano mental o astral. Dependiendo de la energía empleada en esa rememoración, se pueden hasta crear formas en el plano etérico, de naturaleza cuasi-física. De allí deriva que sólo se debería hablar del pasado cuando la experiencia viniese a soslayar algo que ha de trabajarse en el momento presente y, en ese caso, cuanto menos comprometidos estemos con el hecho, mejor. Nuestro compromiso ratifica la situación que existió durante el acontecimiento, reproduciéndolo aunque, como se dijo, él se repite solamente en dimensiones más sutiles que la física.

Será interesante que recordemos que cualquier evento que se torne presente en nuestra vida, de alguna forma así lo hace porque aún estamos vinculados con él. Sólo después que nos volvemos neutros ante un asunto es que éste ya no necesita ser incluido en nuestra «vivencia». En caso contrario, siempre retorna porque necesita ser transformado y porque tenemos cierta tendencia que le corresponde. El compromiso nos mantiene en el área de la digitación y la manipulación de fuerzas ya conocidas. La neutralidad, por otro lado, nos trae nueva energía, inédita, recién llegada del universo; cuando la alcanzamos, se nos permite estar ante acontecimientos realmente nuevos en nuestra vida.

¿Cómo podemos descubrir de dónde provienen las dolencias?

Eso no es necesario para la cura interior. Para la consciencia espiritual, que es la que promueve la cura, las explicaciones son totalmente superfluas; lo importante es que el individuo se transforme. Habiendo cambios en su actitud, no es preciso que él esté al tanto de las causas de sus antiguos desequilibrios. Hay preguntas que forman parte de la curiosidad humana; son puramente analíticas y mentales. Desde el punto de vista de la evolución, constituyen un desperdicio de energía. Lo que vale para el espíritu es la intención que el individuo tiene de transformarse: basta ese impulso y las explicaciones no son necesarias.

¿Cómo actuar ante las dolencias?

Cuando una enfermedad forma parte de la programación del individuo, ningún remedio puede impedir que ella se manifieste. Si ella no viniera de una forma se manifestará de otra, pero es inevitable. Por otro lado, además de sus conocidos efectos en el plano físico, el uso de remedio o de vacuna tiene un papel típicamente psicológico: al CREER en su eficacia, el individuo se considera inmune a aquel desequilibrio, tornándose así menos vulnerable a él. La vacuna ejerce funciones psicológicas aún cuando se aplique a los niños, pues el acto de someterse a ella tiene influencia en su subconsciente, que está vivo y es muy antiguo, y no corresponde a la edad cronológica del ser encarnado. Además de ello, al tranquilizarse el subconsciente de los padres, el niño recibe inmediatamente su emanación debido al vínculo existente entre ellos. No obstante, si todos se considerasen inmunes y confiados en la sabiduría de la Ley que lo equilibra todo, harían el necesario trabajo de armonización con el Universo y con sus Leyes y, de allí en adelante, podrían ser dispensados de pasar por ciertas pruebas; quedarían entregados a las fuerzas positivas y a la «gracia», que siempre está pronta para descender, venida de las dimensiones superiores de la vida.

Ya en los primeros años de la infancia, en ciertos casos la fiebre puede ayudar al trabajo de adaptación del yo superior a su nuevo vehículo físico. A través de una fiebre, el yo interior puede estar tratando de expulsar sustancias indeseables para él y, por tanto, cada caso de enfermedad infantil debe ser observado atenta e intuitivamente. Una fiebre puede ser necesaria y, en esos casos, debe ser «cortada» cuando llega a un punto en el que puede degenerar en estados más agudos.

¿Cuál es el valor de las técnicas hipnóticas que, en función de cura, procuran inducir al individuo a que reencuentre hechos de sus vidas pasadas?

A través de la hipnosis, el individuo se convierte en un autómata. En esas condiciones, no tiene posibilidad de SABER con lo que realmente está en contacto. Puede estar ante hechos, pero no tiene discernimiento sobre ellos. No hay garantía alguna de que vaya a encontrarse, de hecho, en una situación de la vida pasada. Hasta puede ocurrir que toque núcleos genéticos de su línea hereditaria y tome ciertas vivencias de sus antepasados como marcas de su propia experiencia. Sólo su yo superior, que tiene en sí la síntesis de los hechos positivos ocurridos en todas las encarnaciones, puede si lo quisiera, llevar  al hombre al conocimiento de acontecimientos de alguna vida pasada; fuera del cuerpo del yo superior empero, en la materia mental, astral- emocional o etérica, quedan las sombras, los reflejos y, a veces hasta formas, vacías de contenido de los hechos vividos. El yo superior puede enviar al consciente parte de su archivo, cuando el conocimiento de los hechos pasados contribuya a transformar una actitud del individuo ante alguna situación presente. Sin embargo, no lo hace para satisfacer su curiosidad o para alimentar su indagación personal. A pesar de todo eso empero, las energías de cura están usando hoy todos los recursos disponibles para alcanzar la consciencia común del hombre e, incluso a través de un campo tan inseguro como el de una regresión hipnótica, eventualmente pueden actuar las fuerzas del bien.

¿Las drogas pueden contribuir a que reencontremos nuestro yo profundo?

No, pues sólo nos llevan a la dimensión astral, próxima a la Tierra densa. La visión, el conocimiento y la «vivencia» de orden espiritual no son posibles a través de las drogas. Por el contrario, esas experiencias permanecen cerradas para aquellos que nublan su cerebro físico y sus centros etéricos y astrales con el uso de drogas. El plano astral, con su característica de crear lo que el hombre desea, puede «fabricar» situaciones vivenciales según su «voluntad». Al ser esto así, un drogado puede tener la experiencia que quiera, pero ella será siempre artificial, producto del encuentro de su imaginación con las fuerzas involutivas que actúan en el plano astral. Las fuerzas involutivas producen esas experiencias para comprometer al cerebro del individuo que así queda imposibilitado de grabar una experiencia auténtica e interior.

¿Qué es el «yo superior» o «yo profundo»?

Es consciencia en tres direcciones al mismo tiempo: consciencia-de-vida, consciencia-de-grupo y autoconsciencia. En el nivel del yo superior, o sea, en la cuarta dimensión, no tenemos duda alguna de que SOMOS VIDA y tenemos ahí la certeza de la inmortalidad. También sabemos que SOMOS UN GRUPO y actuamos en conexión con otras almas; cuanto más evolucionado es el yo superior, tanto más se perfecciona ese aspecto de su consciencia, y si estuviera encarnado, él se refleja en la experiencia de la personalidad. Finalmente, como yo superior, no perdemos la consciencia de que SOMOS UN INDIVIDUO. La fusión perfecta de esos tres estados -de ser vida, de ser grupo y de ser individuo- caracteriza lo que se llama yo superior.

¿Cuál es la actitud más positiva que podemos tener al abrirnos para la cura?

Desear salud, no para sí, sino para tener tanto el cuerpo físico como los demás cuerpos de la personalidad humana más aptos para el servicio.

Diga algo sobre la hereditariedad.

Ese tema sólo puede tratarse parcialmente, pues nos limitaremos a las condiciones del actual código genético. Existen enfermedades propias del planeta y que son contraídas a través del contacto con el suelo, el agua y el aire; otras, tales como la sífilis, la tuberculosis y el cáncer, son inherentes a la humanidad y fueron creadas por ella misma a través de hábitos perpetuados durante millones de años; y hay otras incluso que son heredadas a través de la familia, por la vía genética. Cuando es necesario que tengamos alguna enfermedad en determinada encarnación, se nos lleva a nacer en la familia que traiga consigo, genéticamente, esa predisposición. Por tanto, no es el hecho de que hayamos nacido en cierta familia lo que nos torna enfermos; la necesidad de que cumplamos determinada purificación es la razón que nos lleva a que escojamos nacer allí. A través de la hereditariedad (repetimos, eso en el código genético aún vigente en la mayoría), podemos recibir características físicas y algunas características psicológicas superficiales. Las cualidades básicas, sin embargo, tales como el punto evolutivo en el que nos encontramos, la fuerza de nuestro espíritu, el carácter, las dotes morales y artísticas que poseemos, ya vienen con nosotros, pues forman parte de la experiencia anterior que tuvimos: no son hereditarias. Por ejemplo, los talentos son resultado de actos positivos de vidas anteriores y de las fuerzas positivas acumuladas. Las antiguas enseñanzas dicen que los actos altruistas de servicio producen buen ambiente en las vidas siguientes, mientras que los actos de maldad, perjudiciales a los demás, acarrean mal ambiente. También dicen que las aspiraciones y buenos deseos producen, en vidas posteriores, capacidad de realización; y el sufrimiento moral, buen carácter y maduración. Las experiencias positivas inducen al ser a tener una personalidad llena de entusiasmo en las vidas futuras; y toda experiencia profunda, sea ésta alegre o dolorosa, produce sabiduría. Finalmente, el deseo de servir al prójimo produce, como consecuencia, apertura hacia el mundo espiritual. Esas informaciones pueden cambiar nuestro concepto de la hereditariedad y ayudarnos a liberar a muchos seres que, hasta entonces, juzgábamos que eran las causas de nuestros desequilibrios.

¿Existen dolencias típicas de los místicos?

Puesto que por místico se entiende al individuo que está abierto a las realidades de las dimensiones superiores de la vida, existen ciertamente desarmonías que pueden surgir durante un proceso «místico», o sea, un proceso de búsqueda espiritual. Cuando enfocamos la atención en los niveles más elevados de nuestra consciencia, empieza a haber una estimulación especial de nuestros centros etéricos. Entonces, a las energías se las transfiere de un centro a otro, estimulándolos gradualmente, y con orden. Ese trabajo obedece a leyes, al igual que a momentos cíclicos. La reacción de un centro ante la energía de otro puede provocar desequilibrios. El movimiento de cada centro, al tratar de adaptarse a la nueva cualidad que está recibiendo, no siempre es fácil y puede generar enfermedades.

La cura se está tomando cada vez más un asunto de interés planetario. ¿Puede usted decir algo sobre los nuevos procesos en uso?

Con el reconocimiento por el hombre de energías que él aún no puede usar por no encontrarse armonizado con el Plan General Evolutivo, la cura será un proceso mucho más simple. Hoy son comunes los tratamientos realizados en otras dimensiones, incluyendo una práctica que, en nuestras palabras, podría llamarse «cirugía». También se están pasando conocimientos extraterrestres a los hombres que se abren hacia la indagación interior y hacia la purificación de sus propios cuerpos.

PUNTOS DE FUERZA Y DE CURA EN EL PLANETA

El trabajo de cooperación que puede existir entre los individuos conscientes y las diversas jerarquías constructoras que actúan en este planeta es un asunto amplio y será abordado especialmente en el próximo libro que escribiremos. Sin embargo, nos formularon muchas preguntas en ese sentido, relacionadas de alguna forma con la cura interior. Anticiparemos, pues en parte ese tema, siguiendo el derrotero propuesto por las indagaciones que siguen.

Usted afirmó que no necesitamos salir de casa para que nos curemos, porque la cura viene de nosotros mismos y puede ocurrir dondequiera que estemos. Sin embargo, ¿existen, en el plano físico, centros de cura en el planeta?

Existen, y son varios. Tanto en el plano físico como en otros planos. Pero puede suceder que los visitantes de uno de esos centros (en este caso, los terrestres), al ir allá continuamente con la finalidad de extraer energía para sí con la finalidad de usufructuar hagan que, con el tiempo, esos lugares se vayan desvitalizando. Son raros los casos en los que los hombres tienen en vista el beneficio de esos lugares, compareciendo allí para meditar, concentrarse u orar. Pero si no hubiera un equilibrio entre quienes van para usufructuar un centro de cura y quienes van deliberadamente para dar de sí, aquél puede con el tiempo, perder la fuerza. La consciencia de esa realidad necesita ser trabajada, para que nuevos lugares de fuerza puedan surgir sobre la faz de la Tierra y perdurar. En cuanto a los centros de cura en los otros planos, esos no corren tal riesgo porque son mantenidos por consciencias más avanzadas, y los visitantes son llevados hacia allá según los respectivos grados y conforme a la necesidad.

¿Cómo surgen esos centros terrestres?

Así como el hombre tiene algunos núcleos de energías principales e innumerables núcleos secundarios, la tierra también, en su superficie, tiene puntos especialmente fuertes a través de los cuales fluye una energía poderosa. Algunos de esos puntos tienen la característica de ser magnéticos, y atraen a las personas. Hay otros que sólo emiten fuerzas y pueden seguir siendo desconocidos y es hasta mejor que así se mantengan, por los motivos ya expuestos. En la cordillera de los Andes hay varios en esas condiciones: son centros de irradiación pura.

Algunos centros están, desde el principio de la evolución planetaria, en un mismo lugar; otros cambian de lugar, acompañando los cambios que ocurren periódicamente en la superficie de la tierra o en su campo magnético. Algunos pueden estar inactivos por algún tiempo, mientras otros se encuentran en plena expresión. Cuando están dormidos, pueden ser reactivados por la presencia de un individuo espiritualmente poderoso o de un grupo consciente de la idea de servicio. Si fue activado, y jamás fue descubierto por alguien, el punto de fuerza puede mantener su potencial latente por tiempo indeterminado, o actuar de modo secreto.

El poder de los centros de fuerza puede ser mayor o menor. Los más poderosos son aquellos hacia los cuales convergen energías de varias dimensiones sin encontrar obstáculos. Ellas pueden así sumarse y hacer un trabajo de importancia mundial.

Hubo casos en los que grandes instructores espirituales, habiendo llegado físicamente a poderosos puntos planetarios de fuerza, los abrieron hacia la actividad y los usaron según su elevada consciencia. Las personas que entraron en sintonía con esas áreas llamaron «bendición» a lo que pudieron captar de su energía espiritual.

Muchos hechos paranormales pueden ocurrir en tales lugares, incluso después que el instructor que catalizó su expresión se retiró de allí.

Cuando su poder pasa a usarse con fines egoístas, un punto planetario puede ser manejado por fuerzas involutivas. En ese caso, es necesario un largo trabajo posterior para recuperarlo, si no fuera posible modificar la situación que lo está desvitalizando. Por ejemplo. Jesús expulsó con un látigo a un grupo que explotaba egoístamente un punto de fuerza localizado en un templo.

¿El hombre es tan poderoso como para determinar el destino de esos centros de fuerza?

Los centros planetarios más importantes son preservados por grandes entidades espirituales. Al ser esto así, aunque hombres ambiciosos se afirmen allí, su acción es neutralizada, y nada se pierde. Existen también energías que transmutan continuamente una situación.

¿Qué tipos de centros de fuerza existen?

Entre los centros terrestres están los llamados naturales, conectados con las energías de la propia Tierra y que existen desde el principio de la evolución física del planeta. Aquéllos, según algunos especialistas, están también conectados con energías de otros reinos, tales como el vegetal y el mineral. Son muy potentes y, en el curso de la historia de las civilizaciones, fueron reconocidos por iniciados y por grandes sensitivos, fundándose entonces sobre ellos, por ejemplo, grandes catedrales.

Otros tipos de centros terrestres son aquellos que fueron estimulados por ceremoniales. Cuando un ritual es realizado en un lugar durante cierto tiempo, pasa a haber allí una energía benéfica. Pero tales puntos son más efímeros que los primeros y, en general, cuando cesa la tradición de aquel ritual, ellos también desaparecen. No obstante, si sobre un punto natural ocurren rituales durante mucho tiempo, se crea un núcleo especialmente fuerte, capaz de durar siglos, aunque casi no se lo explote y jamás se lo revitalice.

Algunos puntos de fuerza planetarios tendrán una actividad importante en la era astrológica que ahora se inicia. En cuanto a los centros suprafísicos, tendrán funciones capitales en un futuro próximo.

¿Existe algún ritual específico, indicado para la formación de un centro de fuerza?

Antiguamente existían fórmulas ritualísticas. Sin embargo, hoy el ritual básico radica en el ritmo ordenado de la vida cotidiana del hombre, ritmo que aquél sigue al mismo tiempo que coloca a la mente en el centro de su consciencia, en su yo superior. Ese tema, vinculado con el séptimo rayo del orden y de la organización, fue desarrollado en el libro La Energía de los Rayos en Nuestra Vida. Hoy, todos los momentos de la vida deben ser considerados un ritual y, cuando más el hombre se liga amorosamente con sus semejantes y los seres de los demás reinos de la naturaleza, tanto más su ceremonial es ampliado, creciendo en fuerza y poder espiritual.

¿Cómo se descubre un punto de fuerza o de cura?

Eso puede hacerse de tres maneras diferentes; por medio de la intuición, de la atracción magnética o de la sensitividad. Está quien los «ve» interiormente, está quien se siente atraído por ellos, y está quien los descubre a través de la propia sensitividad, usando para ello hasta instrumentos como péndulos o la palma de la mano. Determinados puntos magnéticos son tan fuertes que llegan a atraer personas de otros continentes. Cierta vez, yo mismo fui atraído por uno de ellos. Sin embargo, la actuación de muchos de ellos forma parte de una fase del Plan Evolutivo aún en desarrollo; en este momento están bajo la custodia de importantes energías del sistema solar y cósmicas y, así preservados, no se tiene noticia, públicamente, de su existencia. Es el caso de algunos en América del Sur, sobremanera significativos para el futuro. Esos centros se encuentran en diferentes dimensiones, y no sólo en el plano físico. Cuando llegue el momento, serán revelados o atraerán.

Sobre un punto de fuerza o de cura, pueden crearse un «centro de luz», una ciudad o un núcleo. Llegará el momento cíclico en que todo eso ocurra.

¿Qué es un «centro de luz»? ¿Es un centro de cura?

Lo que llamamos «luz» es la comprensión que emerge del interior del hombre, disipando de él la ignorancia, la ilusión. Un «centro de luz» es un lugar eventualmente fundado sobre uno de esos centros naturales de fuerza, más o menos potente, en el cual un grupo o un individuo consciente crea un ritmo ordenado de vida. En él surge una especie de «irradiación», que es un conjunto formado por la luz de las fuerzas naturales de la tierra y de las fuerzas generadas por el hombre a través de su vida ordenada y de su intención anímica de servir al planeta. La irradiación así producida disipa la ignorancia de cuantos se aproximan al lugar con tal que, de hecho, estén en busca de la verdad. Si la influencia del centro es muy fuerte, puede incluso actuar a distancia, sin que se necesite encontrarlo físicamente para colaborar con él y recibir sus beneficios.

¿Pero, eso es sólo un hecho físico?

No, de ninguna forma. Un individuo vinculado con planos elevados de consciencia, a través de la meditación o de su vida interior, sirve como puente entre la energía del plano físico y la de los planos más sutiles. La presencia de una o más personas que establezcan tal vinculación es siempre necesaria para un centro de luz. Sin ese canal abierto, los hombres pueden efectivamente crear un centro de trabajo, o una comunidad, pero no tan influyente en términos evolutivos. Sin que exista de alguna forma la práctica efectiva de la purificación, no puede haber vinculación con la energía de las otras dimensiones, lo cual es fundamental para la actuación cualitativa de un centro de luz.

Los individuos conectados con las energías superiores que reconocen un punto de fuerza y trabajan sobre él mientras sea necesario, usan para ello la energía que viene a través de sí mismos, combinándola con las de la tierra del lugar en cuestión. Así se forma un vórtice de fuerzas positivas y benéficas que, poco a poco, es reconocido por las dimensiones sutiles. Estas, a su vez, emiten rayos de energía superior, aumentando la potencia de la influencia planetaria de aquel lugar. En ese caso tenemos un centro de luz de nivel espiritual.

Ese tipo de centro puede estar vinculado con otros, lo cual puede producir una corriente. Eso es regenerador para todo el planeta. Si no son comprendidos espiritualmente, esos lugares pueden ser usados con finalidades egoístas y sus fuerzas provocan, de esa manera, destrucción. Por ese motivo, muchas veces es prudente dejar que la acción de las Energías permanezca resguardada hasta que su manifestación en el plano físico esté bien consolidada. Que Ellas mismas se encarguen de retirar el velo que cubre su Obra cuando llegue el momento de mostrarla al mundo.

P A Z

GLOSARIO

AMOR-SABIDURIA

Energía cósmica que rige el sistema solar que habitamos. Es una capacidad de cohesión infinitamente inclusiva que lo mantiene integrado.

BHAGAVAD GITA

Antiguo libro indio que sintetiza el conocimiento necesario para que el hombre se comporte en armonía con los niveles superiores de su consciencia. En esencia, enseña que el individuo debe desapegarse del fruto de las propias acciones, lo cual es fundamental para la cura interior.

«CURADOR»

Aquel que irradia su propia situación de «ser libre» sin aferrarse a lo que para él es irreal. Todos los que, desapegados a las experiencias terrestres, manifiestan la energía de la propia alma, pueden ser instrumentos de cura para otros hombres o para el planeta. Claro que eso puede ocurrir en varios grados progresivos.

ENERGÍA PRANICA

Nombre dado a cierta energía del universo que actúa en la revitalización y la nutrición de todos los seres que lo componen. Así, el hombre también usufructúa esa energía, que le es transmitida a través de la red de éteres que impregna su cuerpo físico denso. A medida que perfecciona su propio carácter, el individuo permite que esa energía lo interpenetre de forma cada vez más fluida.

ÉTER CÓSMICO

Nivel etérico, universal, más sutil que el físico, que impregna a toda la Tierra, y en el cual queda registrado todo lo que ocurre. Puede ser «leído» siempre que es necesario por los clarividentes, que así toman conocimiento de los hechos, cualquiera que sea la época en que hayan ocurrido.

EVOLUCIÓN CÍCLICA DE UN PLANETA O ASTRO (FRACASO LUNAR)

Puede ocurrir que algún planeta no llegue a cumplir el plan de evolución que estaba trazado para él, como ocurrió con la Luna, que vino a convertirse en un satélite de la Tierra. No obstante, aunque ese antiguo planeta no haya realizado completamente el plan que al principio le estaba destinado, lo que hoy es su «cadáver» puede estar cumpliendo algún otro papel dentro de la armonía del universo. La Luna es aún un misterio.

Existe también el conocimiento esotérico de que otros astros como la Luna, fracasaron o sea, de que no pudieron expresar aquello para lo que fueron proyectados. Esos astros, explotando, pasaron a convertirse en asteroides deshabitados que giran alrededor de su Sol. También se usa el término «pasado lunar» para referirse al pasado animal del hombre terrestre, ya que su evolución, al principio, estuvo vinculada con el antiguo planeta que hoy llamamos Luna.

FE

Energía del yo superior. Es la consciencia de existir como ser inmortal. Al ser esto así, por su acción el hombre se torna invulnerable a las influencias externas negativas, por más fuertes que sean.

GRACIA

Lo que es plena realidad en los niveles elevados y profundos de la consciencia se limita a ser solo una posibilidad en los planos más concretos de la existencia terrestre. Sin embargo, por la acción de la gracia ocurre el descenso de la situación interior y superior del individuo hacia su vida exterior. A él le corresponde optar por franquearse o no a esa experiencia.

JERARQUÍAS CONSTRUCTORAS

A los fines de este estudio, puede decirse que hay tres líneas jerárquicas que actúan sobre la Tierra: la primera está compuesta por seres humanos que se preparan para el servicio altruista o que ya están prontos para él; la segunda, de aquellos que vinieron de otros esquemas planetarios y que pueden encarnar aquí o sólo permanecer en la órbita invisible de la Tierra; y la tercera, de los devas de la evolución suprahumana. Tanto la primera como la segunda línea jerárquica actúan en el desarrollo interior de la humanidad y colaboran con el plan evolutivo en varios de sus sectores. De la tercera forman parte, entre otras, jerarquías de seres que son típicamente «constructores»: participan de la manifestación de la vida en los en los reinos de la naturaleza. Esas jerarquías trabajan incesantemente sobre el hombre, hasta que él también se convierta en un creador de consuno con la Vida Única.

LEY DE CAUSA Y EFECTO

Una de las leyes básicas del universo tridimensional. Regula su armonía general, al hacer regresar al origen el efecto de cada una de las acciones practicadas por los seres. Así, ellas pueden reverse, transformarse y transmutarse. La evolución se da a través del reequilibrio que se efectiviza continuamente como consecuencia.

LOGOS

El ser interior de un planeta, de un sol o de una estrella. Cualquiera de esos astros, en su esencia profunda e inmaterial, es un logos, así como el hombre, en su realidad interior, es un espíritu, una Mónada. Todos los logos se desarrollan, y cada uno de ellos está en un grado diferente de evolución.

SUPRACONSCIENCIA

Área de la consciencia arriba del nivel mental-pensante. Va de la mente abstracta a planos aún más elevados, y ya está al alcance del hombre de hoy.

YO SUPERIOR

Núcleo en la consciencia del individuo que representa, para los niveles de su personalidad, la energía superior. Es la vinculación entre la parte cósmica y la parte terrestre del ser humano. El desarrollo de ese núcleo es el ciclo que la humanidad vivió en los últimos dos mil años.

 

FIN

 

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Tomado del libro Caminos Para La Cura Interior.

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