Enfrentando el echo sin miedo
Permítanme hablarles ahora a aquellos de ustedes que acaban de perder a la persona más querida de su vida, o que todavía están intentando sobreponerse al dolor abrumador y a la soledad.
Nadie puede saber lo que estás pasando hasta que le sucede. No hay nada tan final, tan completamente real como la muerte. Has sido dolorosamente afligido y quiero que sepas, por favor, que mi amor está contigo. Pero debes salir de esto. No debes dejar que el dolor mate o adormezca una parte tuya, como ciertamente lo hará si lo superas con el tiempo del modo normal, o si lo cargas dentro tuyo sin resolverlo.
Hay una razón para el sufrimiento que la muerte les causa a los vivos. Es para tratar de hacerte comprender que no hay muerte. Las personas criadas en las culturas más simples, que vivian con sus muertos y enterraban a sus muertos, lo comprendían. No sufrían como estás sufriendo tú y tenían a sus mujeres y hombres sabios que los instruían en estos asuntos. Pero ahora, todo esto prácticamente ha desaparecido junto con los cuerpos muertos.
Debes usar tu dolor. No trates de librarte ni te escapes de él. Se desvanecerá inmediatamente y sin dejar cicatrices en el momento en que te enfrentes con él, entendiéndolo. Y voy a ayudarte a hacer eso.
Notarás que el dolor viene en olas. Por un rato estás libre de pena y, de pronto, está encima tuyo y estallas en lágrimas nuevamente. Sin aviso previo, puedes encontrarte llorando incontrolablemente en público o teniendo que abandonar rápidamente una habitación donde hay gente, para ir a llorar.
Permíteme explicarte lo que está pasando. Cuando amas mucho a alguien, te apegas a él. Haces esto permitiendo que literalmente crezca dentro tuyo una imagen emocional de él, una especie de réplica sensorial de todos tus sentimientos por la persona. A lo largo de los meses y los años, la imagen emocional se vuelve una parte viviente de ti. Es tan real y sensible en sentimientos como cualquier parte física lo es en sensaciones. Cualquier cosa que le pasa a la otra persona, buena o mala, es sentida allí. A través del contacto constante y el pensar en la persona mantienes la emoción activa y viva. Cuando están separados, la emoción te hace sentir cerca del otro, siempre que la separación no sea demasiado larga. Si lo es, la emoción comienza a doler por falta de contacto o noticias suyas, y te sientes solo o deprimido. Cuando tienes noticias suyas, la emoción en ti se reasegura, y te sientes mejor, ¿no es asi? Por favor, mira la verdad de esto en tu propia experiencia.
Cuando ese ser amado muere y actúas como si fuese su fin, te separas completamente de la emoción, y esta reacciona violentamente. Recuerda, la emoción es una parte viva y sintiente de ti. La creaste con tu amor, es como tu propio hijo. Y tal como un niño, depende completamente de ti para recibir el flujo de amor e información que le has estado dando por tanto tiempo. Informarle, tal como lo estás haciendo ahora ante la evidencia de un cuerpo muerto, que tu amor está muerto, es tan brutal como decirle a un niño que ya no es amado. Estás diciendo: «Se terminó, nunca más habrá amor para ti, mi amor está muerto».
¿Ves lo que estás haciendo? Estás abandonando esa parte viviente y amorosa de ti, y la parte está gritando: «!Pero yo no estoy muerta, por favor no me dejes así, por favor ámame, vuelve!» Ese es el dolor y la pena terrible que sientes y que te hace llorar.
Trata de observar la verdad de esto por ti mismo. Por favor, ne lo descartes ni me creas solamente.
Después de unos pocos ataques de llanto, te darás cuenta, por momentos, que no eres tú realmente el que está llorando. Tu cuerpo está llorando y te sientes espantosamente, pero de algún modo no eres todo tú, estás extrañamente desapegado. Si todavía no has tenido esta experiencia, trata de darte cuenta la próxima vez que la emoción aparezca. Permanece muy quieto interiormente y mira por ti mismo. Pero no trates de detener el llanto; solamente obsérvalo.
Como nadie habla de esto, cuando notamos que nos suceden estas cosas tan extrañas, tendemos instantáneamente a descartarlas o ignorarlas. En un momento así, hasta la sugerencia de que estamos actuando o no estamos siendo sinceros es demasiado contradictoria. Pero cuando lo veas no te sientas perturbado, no eres tú el que está llorando. Tú no tienes porque llorar, tu ser amado vive. Es la emoción, el apego que alimentaste en ti mismo, y que se siente abandonado y no amado, el que está haciendo llorar a tu cuerpo. Llora pidiendo tu atención y tu amor porque le has dado la espalda.
Actuando del modo en que lo haces, te estás cortando por la mitad. Tienes que aprender a amarte a ti mismo. Tienes que curar esa herida abierta dentro tuyo y unificarte. Te voy a decir cómo hacerlo; de hecho, ya lo estamos haciendo. Si te observas ahora muy de cerca, notarás que te estás sintiendo más liviano, más curado. Esto es así porque tu herida emocional escucha, y renueva sus esperanzas por mi amor y mi comprensión de su dolor. Y entonces, te sientes menos dividido, más completo. Tienes que hacer por tu herida lo mismo que estoy haciendo por ella. Podemos hacerlo juntos hasta que estés más fuerte. Sigue escuchando este cassette una y otra vez hasta que captes la idea.
Ahora deberías entender la diferencia entre amor y emoción. Tu amor por aquel cuyo cuerpo se ha ido es constante, no varía, ¿no es cierto? Pero el dolor emocional que sientes no es constante, viene y se va. Viene cuando no estás amando, o sea cuando estás viviendo en el pasado, cuando piensas en tu ser amado como estando muerto, imaginándolo como solía ser. Esto hace que la emoción se sienta terriblemente infeliz y entonces llora, o más bien te hace llorar. Notarás que esto también sucede cuando vuelves a lugares que ambos conocían, tratando de hacer algún tipo de contacto sensiblero, o cuando hojeas tristemente el álbum de fotos, o te entregas a la autocompasión por lo miserable que es ahora tu vida sin el otro. En otras palabras, cada vez que te comportas como si tu amor estuviese muerto y se hubiese ido. Tales viajes sentimentales torturan a la emoción en ti.
A menudo la gente trata de consolarnos en esos momentos diciendo que por lo menos tenemos nuestras memorias, como si las memorias fuesen una compensación. Las memorias son lo que ha pasado, lo que está muerto. Las memorias son la causa de todo tu dolor porque te hacen creer que tu amor está muerto, cuando no está muerto, sólo su cuerpo está muerto. Cada vez que piensas en tu ser amado, y naturalmente piensas en él como un cuerpo que está muerto, la emoción que está viva en ti protesta, y tú sufres. Piensas y el dolor reaparece: es tan simple como esto. Obsérvalo, por favor, es terriblemente importante. Prueba la verdad de lo que estoy diciendo en tu propia experiencia. Tan pronto como piensas en la persona en tiempo pasado, te pones emocional.
Debes dejar de pensar que tu amor está muerto. En cuanto lo hagas, el dolor cesará. Veamos ahora cómo puedes hacer esto.
El punto de partida, la verdad maravillosa es que tu ser amado no está muerto, que la muerte es sólo un cuerpo muerto. El ser que amas está presente contigo ahora. Desde que murió ha estado tratando de decirte que no está muerto, pero no puede llegar hasta ti cuando la emoción está allí. Cuando no estás emocional, él está allí. Es por eso que no sientes el dolor de la separación todo el tiempo, es por eso que algunas veces sabes sin duda alguna, que está presente, y es por eso que hasta puedes reírte entre dientes y decir en voz alta alguna intimidad o algún chiste privado que compartan. Él se da cuenta de todo lo que haces, pero no es posesivo, sólo desea que ames y seas feliz.
Al lamentarte por tu amor y cavilar tristemente acerca de lo bueno que solía ser, al desear que estuviese de vuelta, al querer decirle cuanto lo querías y cuánto lo extrañas, al hacer todo esto estás diciendo que está muerto, en la tumba. Cuando en verdad, está contigo en este momento, una presencia viva, si puedes estar lo suficientemente quieto interiormente como para registrarlo.
Cada vez que piensas en tu ser amado como muerto, te separas de su presencia. Eliges lo que era en vez de lo que es, y él no puede llegar a ti. ¿No has anhelado otra oportunidad de amarlo más? Bueno, esta es esa oportunidad.
Imagínate mirando a través de una ventana una habitación sellada, y viendo a la persona que más amas llorando sobre tu fotografía y besándola. No le dirías: «¿Por qué estás amando esa cosa? Eso no soy yo. Estoy aquí. Ámame como soy: nuestro amor, el ser real, no ese sustituto del amor que te está distrayendo y se está interponiendo entre nosotros. El amor no es besar. El amor no es mirar hacia atrás de esa manera. El amor no es una memoria. El amor es ahora».
Tu ser amado sabe exactamente cómo te sientes, cuán solo estás y cuánto lo extrañas. Está diciendo: «Ámame como si estuviese allí y gradualmente sentirás la certeza de mi presencia. Cada vez que piensas que estoy muerto, me dejas. No estés triste, no llores. Alégrate como yo. No hay muerte».
Cuando hagas esto, la emoción que está dentro tuyo sentirá una vez más tu amor fluyendo y comenzará a curarse. Y los periodos de dolor y vacío se reducirán, no porque hayas superado tu pérdida permitiendo que esa parte tuya languidezca y muera, sino porque, sabiendo que tu amor vive, habrás cruzado al otro lado de la tumba y te habrás hecho completo.
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Tú y la persona que más amas pueden inmortalizar su amor antes de que uno de ustedes muera. Entonces, cuando la muerte llegue, no habrá sensación de separación, ni dolor ni angustia junto a la tumba ni después, porque sabrás que tu amor vive para siempre.
Lo haces manteniendo tu amor vivo, mientras ambos viven, en vez de permitir que desaparezca gradualmente en la familiaridad, el descuido y el hábito. Todos amamos, el amor es la cosa más natural del mundo, pero tal como hemos visto, el amor por otro, mientras estamos en estos cuerpos, surge en nosotros como un apego emocional a su presencia física o su existencia visible. Comenzamos a conformarnos con la comodidad y la satisfacción de su presencia física y con el hábito de estar juntos, en lugar de insistir en la presencia constante del amor que nos unió en el primer momento. El resultado es que, cuando el cuerpo del ser amado muere, nuestro apego a su existencia física es más fuerte que nuestra consciencia de su amor, y sufrimos terriblemente. Le permitimos, y nos permitimos, perder el amor.
Que sepas que amas a tu hijo o a tu pareja no significa que tu amor esté vivo. ¿Cuántas veces le evades y permites que ellos se evadan con descuidos y concesiones hechos por tener un poco de paz en el vivir cotidiano de tu amor? ¿Cuán a menudo cada día permites que tu hijo sea emocional, demandante y no amoroso, sin tomarte el tiempo y el trabajo de sentarte y ayudarlo a entender qué es el amor, hablarle de la realidad del amor?
¿Cuánto entiendes el amor tú mismo? ¿Cuánto has hablado en tu vida acerca de la realidad del amor, no del sueño o los desengaños de éste?
Si le hablas y le demuestras amor a un niño lo suficientemente temprano, él entenderá el amor desde el principio y no lo confundirá con meras sonrisas encantadoras, abrazos y besos y con decir: «te amo». El amor necesita de más consciencia que eso para permanecer vivo y no desaparecer en el hábito de crecer o envejecer.
¿Cuán a menudo hablan de amor cada día tú y tu pareja? ¿Cuán a menudo cada día examinan el amor entre ustedes en una conversación honesta y se comprometen el uno con el otro a erradicar el hábito y la familiaridad que se ha deslizado en la relación? ¿Cuántas veces le permites al otro evadirse con un rápido beso en los labios o en la mejilla, antes de correr hacia algo muy importante, como el trabajo, o irse a la cama, mientras el amor entre ustedes se muere? ¿Cuán a menudo te pones excusas por la falta de una vida realmente amorosa entre ustedes? ¿Cuán a menudo te dan ganas de llorar porque todo lo que has conseguido es comodidad, comprensión, compatibilidad e hijos, pero muy poco amor vivo y vibrante?
Si el amor que sienten el uno por el otro no es capaz de sobrevivir al peso abrumador de la comodidad, la satisfacción y el hábito, con certeza no sobrevivirá a la muerte. Mejor que lo hagas revivir ahora. Mejor que empieces ahora. Mejor que hagas algunos cambios. Mueran un poco ahora, los dos, y no será necesario hacerlo después. Comiencen por hablar de la muerte desde el comienzo mismo de la relación, tal como tú y yo hemos estado hablando de ella. Si no puedes empezar una relación sobre esta base, es mejor que la olvides o que te olvides del amor. Aun si tu amor es un niño, deben descubrir juntos todo lo que puedan acerca de la muerte, y no dejar nunca de enfrentar y compartir juntos su presencia e inevitabilidad. Es la muerte la que parecerá separarlos. Pero la muerte no puede separar a dos personas amorosas que la han enfrentado y la han comprendido juntas.
Luego, ambos deberán ser directos acerca de su amor. Deben ver juntos que ambos están dando por sentado el amor y que este se ha vuelto un hábito. Deben ser capaces de decirse el uno al otro en dónde sienten que aparece el descuido. Y cada uno debe comprometerse a hacer las cosas mejor, dándole al otro el derecho a llamarle la atención en cualquier momento, por cualquier falla de su parte para mostrar amor. Y todo esto debe hacerse sin emoción. Debes tratar de no defenderte, poner excusas o justificar tu falta de amor cuando el otro te lo señala. El objetivo es el amor, así que toma en cuenta el señalamiento del otro y haz lo mejor que puedas, pero haz algo.
No se acusen mutuamente. Solamente señalen amorosa y pacientemente dónde es que el otro ha fallado. Acusarse es ser emocionales y la emoción invita a la emoción, tal como el amor invita al amor. Sólo los hechos pueden mantener afuera a la emoción, y atenerse a los hechos y no a las opiniones requiere mucho amor.
No vuelvan al pasado. La emoción, que es la muerte del amor, está allí y la disputa será interminable. El amor está en el presente. Señala la falta de amor ahora, mientras está sucediendo, y el amor del otro tendrá más posibilidades de tratar con ello sin emoción. Todos nosotros demostramos suficiente falta de amor en el presente, sin que haga falta volver al ayer. Estás haciendo esto por tu amor, no por ganar un punto, y ganar un punto no es amor.
Deben demostrarse el amor mutuamente día tras día. Encuentra el modo: eso es amor. Permanece quieto interiormente. Los gestos amorosos que el mundo aclama se han vuelto trillados por la falta de sinceridad y, por la emoción carente de amor, no son lo suficientemente buenos. Debes jugarte, debes morir un poquito por amor.
Comienza por reconocer el amor en tu amado cuando sea que lo veas. No te contengas, no estés demasiado cansado, vuélvete vivo. Cualquier acción amorosa por parte del otro, una sonrisa, un gesto cariñoso hacia cualquiera, aunque sólo sea hacia una planta del jardín, reconócelo diciendo: «Lo que hiciste recién fue hermoso, vi amor en ti». Y si él o ella, en respuesta, te sonríe con amor, tampoco dejes pasar eso; dile: «Y ahora hay amor en tu cara».
Cuando reconoces el amor, haces amor, haces más amor. Por favor, observa esto en tu propia experiencia. Cuando tu amor es reconocido te sientes bien y no puedes evitar el deseo de amar más, te vuelves vivo. Reconociendo el amor, mutuamente de esta manera, este reaparecerá entre ustedes en lugar de la emoción. Tu relación se volverá cada vez menos una concesión. Habrá menos cosas acerca de las cuales discutir y más acerca de las cuales hablar abiertamente, porque el amor nos abre.
El enfurruñamiento y los silencios significan que alguien tiene algo que decir. O no está amando lo suficiente como para expresarlo, o no hay suficiente amor en la otra parte como para escucharlo, o ambas cosas.
Una última palabra acerca del amor. Todo amor está enraizado en el hacer el amor físicamente.
– Si estás teniendo relaciones sexuales, pero no estás haciendo el amor verdaderamente…
– Si el acto de hacer el amor se ha vuelto habitual o si no te gusta hacer el amor…
– Si ya no eres un niño, pero eres muy tímido para hacer el amor o le has dado la espalda a causa de desengaños pasados….
– O si no recibes ninguna alegría del acto o tienes problemas asociados con él…
… entonces, no puedes amar a nadie con la plena capacidad de tu ser, sea a un hijo, un hombre o una mujer.
Sin embargo, antes de que los problemas en el hacer el amor físico puedan ser eliminados, es necesario que empiecen a amarse el uno al otro del modo en que hemos hablado antes. Cómo hacer el amor es el próximo cassette de esta serie «El Mito de la Vida».
1 «Haciendo el Amor», publicado en español.
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Morir es un arte. Es un arte porque tiene propósito, o sea, no tiene un objetivo práctico. No hay en ello nada que tenga un valor mundano para nadie.
Naturalmente, los vivos no pueden percibir el propósito de la muerte, pero los que se están muriendo, en algún momento lo perciben, sólo que entonces es demasiado tarde para que ellos vuelvan y nos digan cuál es. Me gustaría decirte el propósito de la muerte y, para concluir, transmitirte el arte de morir.
27 Cristo hizo esto y, desde entonces, otros lo han hecho, pero el puente es aún oscuro y tenue si tratamos de cruzarlo solos. En lo posible deberíamos cruzarlo solos, sin sostenernos de la consciencia de otro. Pero si para mantenernos libres de miedo y conscientes tenemos que invocar a Cristo, a Dios o al amor de otros que lo han hecho, ese amor y consciencia estarán allí. Es mejor permanecer conscientes en tal amor que irnos solos e inconscientes. Entonces, en la medida en que hayamos sido y amado, habremos ayudado a construir el puente de amor para otros que sigan; y nuestra vida recién terminada en lo que a los otros o al bien común concierne, habrá sido así de valiosa y llena de propósito.
El miedo nos impide morir conscientemente. Le tenemos miedo a aquello que no entendemos. Confío en que esta última hora te ha ayudado a entender más, y a temer menos la muerte. Pero por favor, no seas complaciente, está viniendo y no estás listo. Ahora, ¿me permiten hablarles a aquellos de ustedes a quienes les han dicho que se están muriendo?
La vida sobre la Tierra es maravillosa, pero no es ni de lejos tan maravillosa y tan hermosa como el mundo que subyace a la muerte. Creas o no en Cristo o los profetas de cualquier religión, ellos no eran tontos.
El principal problema no es el irse, sino el dejar, ¿no es así? Realmente, el dejar a los seres amados y especialmente a los niños pequeños, si los tienes. Trata de recordar que aquello que te cuidó, los cuidará, ellos se sobrepondrán. Diles a los niños seriamente que el amor que compartían es como un haz de luz que conecta ambos mundos y que, inmediatamente que te hayas ido, el haz se tornará vivo. Y que si pueden acordarse de no llorar demasiado, como si hubieses sido tú el que se hubiese muerto y no tu cuerpo solamente, entonces estarás con ellos, dentro suyo, y ellos sentirán tu amor y tu calor.
Diles que practiquen pensar en ti con amor y no con tristeza. Diles que eso mantendrá el haz despejado, de manera que tú puedas viajar por él desde la tierra del amor a la cual te estás yendo, para amarlos y guiarlos en su vida diaria. Diles que cuando piensen en ti, siempre sonrían; aun a través de las lágrimas, porque cuando sonríes, no puedes llorar. Diles que no tienes miedo de morir porque allí donde hay amor, no hay muerte, y que nunca deben olvidar esto.
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¿Me permiten ahora hablarles a aquellos de ustedes que en este momento están muriendo verdaderamente?
Algunos de ustedes se irán durante el sueño o repentinamente, mientras están hablando. Pero la mayoría de ustedes pronto parecerá perder la consciencia y permanecerá en ese estado hasta que su cuerpo muera.
Primero mira la condición de tu cuerpo y entiende que tu muerte es inevitable. Todo se ha terminado, enfréntate a esto. Tu cuerpo está gastado o irreparable, no puede seguir. De todas maneras, fue solamente una fina máquina que usaste para existir. Todos los que se han muerto antes que tú, desde el comienzo de los tiempos, se han ido de este modo. No tengas miedo, es completamente natural.
Morir, como nacer, es hecho para ti. Cuando comience te sentirás sostenido en un proceso. No puedes detenerlo del mismo modo en que no podías detener las olas en las que naciste, los dolores de parto de tu madre. Si eres una madre sabes cuán impotente estabas cuando las contracciones comenzaron en tu cuerpo. Es así con la muerte, sólo que las contracciones no son físicamente dolorosas
Relájate, cuando empiece no trates de mirar hacia afuera. Observa todos los movimientos interiores y las sensaciones, focaliza allí toda tu atención. Sucederán muchas cosas extraordinarias que no podrías describir, aunque pudieses hablar. Deja que el proceso se haga cargo de ti completamente, tú eres el bebé esta vez, yendo hacia un nuevo nacimiento. Siéntate en la primera fila en tu interior, ante el asombroso espectáculo de la muerte de tu cuerpo y date cuenta del cambio aún más asombroso que está sucediendo en ti, el que está observando.
Entrégate. Está todo fuera de tus manos. Ignora cualquier sentimiento que tengas de tener que hacer o comunicar algo; te causará tensión, y la tensión, al igual que el miedo, hará que te pierdas lo que está sucediendo adentro. Recuerda, el propósito de la muerte, el arte de morir es que permanezcas consciente en tu interior todo el tiempo.
El miedo y el pánico causan inconsciencia, esta es la protección de la naturaleza, te desmayas. Pero entonces, te pierdes mucha de la maravilla, de la pura energía de la experiencia. En cada vida tienes una sola oportunidad de morir. Es un tiempo precioso y es un don precioso, como vas a ver. La muerte es la experiencia culminante de vivir. la oportunidad última de percibir por ti mismo la verdad completa que subyace a la existencia.
Cuando pareces estar inconsciente para el mundo, aún estás consciente de ti mismo Puede que percibas tu cuerpo y las personas que están en la habitación como describí antes, pero gradualmente la escena retrocederá y desaparecerá y, de todos modos, ya no estarás más interesado en ella. Luego hay un periodo de soñar, pero ya no puedes ver la diferencia entre el sueño y la realidad porque la única realidad que conocías, tu memoria del mundo, ahora se ha desvanecido. Estás en el subconsciente, por debajo de la memoria, y es tan real como estar vivo de nuevo, sólo que es diferente. Puedes volver a vivir sucesos de tu vida o vivir experiencias asociadas con los conceptos de cielo o de infierno, o sus equivalentes.
Finalmente, harás el viaje a través de la muerte. La muerte es negra. La muerte es aterradora porque en ella no hay nada más que tú. Parece interminable porque no hay movimiento aparente. Pero si estás en quietud, te darás cuenta de que eres más fuerte, más libre, más tú mismo, más consciente que nunca de la realidad de ti mismo. Sabes que eres tú mismo, mientras que cuando estabas vivo nunca lo supiste.
La muerte es un largo pasaje negro hacia la vida, hacia la cual todo lo que alguna vez vivió regresa. Si puedes hallar suficiente amor o consciencia en ti mismo, permanecerás consciente y te darás cuenta, en la medida en que vayas más y más profundo, que ya has estado aquí muchas veces antes. Pero si tu amor todavía no es suficiente como para mantenerte despierto, estarás inconsciente. Y cuando el viaje a través de la muerte concluya, te despertarás en un mundo equivalente al amor y la consciencia que eres. Te sentirás más en casa que nunca antes en tu vida. De cualquier manera que vayas, consciente o inconsciente, llegas al fin del viaje.
Entonces, te darás cuenta que el amor es lo más importante de la vida y que el mundo de los vivos existe sólo para la demostración de más amor. Verás cuán lejos estás del amor y querrás decirle a todo el mundo lo que has descubierto. Pero eso no será posible porque tienes que descubrirlo, declararlo y vivirlo mientras estás vivo. Cada uno debe descubrir por sí mismo el secreto del amor; si no lo hace antes de morir, después a nadie le puede ser dicho.
En la medida en que amaste verdaderamente a otros sobre la Tierra, y ellos a ti, serás capaz de llegar a ellos y de influenciarlos. Pero encontrarás que el mundo de los vivos es un lugar muy muerto para tratar de atravesar con el mensaje del amor verdadero. Sin embargo, según la fuerza de tu amor, seguirás intentándolo hasta que un día, en el tiempo de la Tierra, volverás al mundo de los vivos en un nuevo cuerpo físico, otra fina máquina, y pasarás tu vida en él intentando recordar la poderosa lección que aprendiste al morir: que el amor lo es todo.
Alégrate mientras te estás yendo. No hay muerte.
El cassette de Barry Long «Haciendo el Amor», mencionado en el texto, ha sido traducido al español y editado como libro en Buenos Aires por la Editorial «Luz para Occidente».
Puede conseguirse en librerías especializadas o contactando a la editorial
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